Correspondencia Marx-Engels 1877

Marx a Friedrich Adolph Sorge

En Hoboken

Londres, 27 de septiembre de 1877

Esta crisis [la guerra ruso-turca y la crisis del Cercano Oriente] representa un nuevo punto de inflexión en la historia europea. Rusia lleva largo tiempo en el umbral de un cataclismo; todos sus elementos están ya maduros —he estudiado la situación allí a partir de fuentes originales rusas, no oficiales y oficiales (estas últimas sólo accesibles a unos pocos, pero obtenidas para mí por amigos en Petersburgo)—. Los valientes turcos han precipitado la explosión en años con la paliza que han infligido, no sólo al ejército ruso y a las finanzas rusas, sino de manera altamente personal e individual a la dinastía que comanda el ejército (el zar, el heredero del trono y otros seis Románov). El cataclismo comenzará *secundum artem* [según las reglas del arte] con algún jugueteo constitucionalista, y luego habrá un buen barullo. ¡Si la Madre Naturaleza no nos es particularmente desfavorable, aún viviremos para ver la diversión! Las estúpidas tonterías que perpetran los estudiantes rusos no son más que un síntoma, sin valor en sí mismo. Pero es un síntoma. Todas las capas de la sociedad rusa se hallan en completa descomposición económica, moral e intelectual.

Esta vez la revolución comenzará en el Este, hasta ahora el inexpugnado baluarte y ejército de reserva de la contrarrevolución.

El señor Bismarck se alegró de la paliza, pero ésta no debería haber ido tan lejos. ¡Una Rusia demasiado debilitada no podría volver a mantener a raya a Austria como lo hizo en la guerra franco-prusiana! Y si incluso llegara a producirse allí la revolución, ¿dónde quedaría la última garantía de la dinastía Hohenzollern?

Por el momento todo depende de que los polacos (en el Reino de Polonia) se mantengan agazapados. ¡Con tal de que no haya levantamientos allí ahora! Bismarck intervendría de inmediato, y el chovinismo ruso volvería a ponerse del lado del zar. Si, por el contrario, los polacos esperan tranquilamente hasta que haya una conflagración en Petersburgo y Moscú, y Bismarck interviene entonces como salvador, ¡Prusia encontrará su... México!

Esto se lo he inculcado una y otra vez a todos los polacos con los que estoy en contacto y que pueden influir en sus compatriotas.

Comparada con la crisis en el Este, la crisis francesa es un asunto completamente secundario. Aun así, es de esperar que la república burguesa resulte victoriosa, o de lo contrario el viejo juego comenzará de nuevo desde el principio, y una nación puede repetir las mismas estupideces una vez de más.