Letters from the Deutsch-Französische Jahrbücher, por Karl Marx

Letters from the Deutsch-Französische Jahrbücher

M. a R.

Marx a Ruge

En la barcaza del canal que va a D.,

marzo de 1843

Estoy viajando por Holanda. Por lo que puedo juzgar a través de los periódicos holandeses y franceses, Alemania está profundamente hundida en el fango y se hundirá todavía más. Te aseguro que, aunque uno no tenga ningún sentimiento de orgullo nacional, siente sin embargo vergüenza nacional, incluso en Holanda. El holandés más insignificante sigue siendo un ciudadano comparado con el más grande alemán. ¡Y el juicio que los extranjeros emiten sobre el gobierno prusiano! Reina una unanimidad aterradora; ya nadie se engaña acerca del sistema prusiano y su simple naturaleza. Al fin y al cabo, la nueva escuela ha servido de algo. El manto del liberalismo ha sido arrojado lejos y el más repugnante despotismo se muestra en toda su desnudez ante los ojos del mundo entero.

También esto es una revelación, aunque de signo contrario. Es una verdad que, al menos, nos enseña a reconocer la vacuidad de nuestro patriotismo y la anormalidad de nuestro sistema estatal, y nos hace esconder el rostro de vergüenza. Me miras sonriendo y preguntas: ¿qué se gana con eso? No se hace una revolución con la vergüenza. Contesto: la vergüenza es ya una especie de revolución; la vergüenza es, en realidad, la victoria de la Revolución Francesa sobre el patriotismo alemán que la derrotó en 1813. La vergüenza es una especie de ira vuelta hacia adentro. Y si toda una nación sintiera realmente vergüenza, sería como un león agazapado, listo para saltar. Admito que en Alemania ni siquiera se siente aún vergüenza; al contrario, esa pobre gente sigue siendo patriota. Pero ¿qué sistema es capaz de quitarles el patriotismo si no es este ridículo sistema del nuevo caballero [Federico Guillermo IV]? La comedia del despotismo que se representa entre nosotros es tan peligrosa para él como lo fue antaño la tragedia para los Estuardo y los Borbones. Y aunque durante mucho tiempo no se viera esta comedia como lo que realmente es, equivaldría de todos modos a una revolución. El Estado es algo demasiado serio para convertirlo en una especie de arlequinada. Un barco lleno de locos[19] podría quizá navegar a la deriva durante bastante tiempo a merced del viento, pero iría a encontrar su destino precisamente porque los locos no lo creerían. Ese destino es la revolución que se avecina.