21 de mayo de 1894

Aquí las cosas se mueven, aunque lentamente y en zigzag. Tomemos, por ejemplo, a Mawdsley, el líder de los obreros textiles de Lancashire. Es un tory: conservador en política y creyente devoto en religión. Hace tres años estos señores se oponían violentamente a la jornada de ocho horas; hoy la exigen con vehemencia. En un manifiesto muy reciente, Mawdsley, que el año pasado era un enconado adversario de toda política independiente de la clase obrera, declaraba que los obreros textiles deben abordar la cuestión de la representación directa en el Parlamento, y un periódico obrero de Manchester calculaba que los obreros textiles de Lancashire podrían controlar doce escaños en el Parlamento sólo en este condado. Como ve, es el trade union el que entrará en el Parlamento. Es la rama industrial, y no la clase, la que exige representación. No obstante, es un paso adelante. Empecemos por romper la esclavización de los obreros a los dos grandes partidos burgueses, tengamos obreros textiles en el Parlamento como ya tenemos allí a los mineros. En cuanto estén representadas una docena de ramas industriales, la conciencia de clase surgirá por sí misma.

El colmo de la comedia se alcanza en este manifiesto cuando Mawdsley reclama el bimetalismo para mantener la supremacía de los tejidos de algodón ingleses en el mercado indio.

Uno siente verdaderamente desesperación ante estos obreros ingleses con su sentimiento de una imaginaria superioridad nacional, con sus ideas y puntos de vista esencialmente burgueses, con su estrechez de miras «práctica», con la corrupción parlamentaria que ha infectado seriamente a los líderes. Pero aun así las cosas se mueven. Lo único es que los ingleses «prácticos» serán los últimos en llegar, pero cuando lleguen, su contribución pesará bastante en la balanza.