Cartas: Correspondencia Marx-Engels 1875

Correspondencia Marx-Engels 1875

Engels a Piotr Lavrov

En Londres

Londres, 12-17 de noviembre de 1875

1) De la doctrina darwiniana acepto la teoría de la evolución, pero el método de prueba de Darwin (lucha por la vida, selección natural) lo considero sólo una primera expresión, provisional e imperfecta, de un hecho recién descubierto. Hasta los tiempos de Darwin, las mismas personas que hoy sólo ven por todas partes lucha por la existencia (Vogt, Büchner, Moleschott, etc.) subrayaban precisamente la cooperación en la naturaleza orgánica, el hecho de que el reino vegetal suministra oxígeno y alimento al reino animal y, a la inversa, el reino animal suministra a las plantas ácido carbónico y estiércol, lo cual fue particularmente puesto de relieve por Liebig. Ambas concepciones están justificadas dentro de ciertos límites, pero la una es tan unilateral y estrecha de miras como la otra. La interacción de los cuerpos en la naturaleza —tanto inanimados como animados— incluye tanto armonía como colisión, lucha y cooperación. Por consiguiente, cuando un autotitulado naturalista se toma la libertad de reducir todo el desarrollo histórico, con toda su riqueza y variedad, a la frase unilateral y mezquina de «lucha por la existencia», frase que incluso en la esfera de la naturaleza sólo puede aceptarse cum grano salis, semejante procedimiento contiene realmente su propia condena. [...]

3) No niego las ventajas de su método de ataque, que yo calificaría de psicológico; pero yo habría elegido otro método. Todos nosotros estamos influidos, en mayor o menor medida, por el ambiente intelectual en el que principalmente nos movemos. Para Rusia, donde usted conoce a su público mejor que yo, y para una revista de propaganda que apela al «efecto restrictivo», [cita del artículo de Lavrov] al sentido moral, su método es probablemente el mejor. Para Alemania, donde el falso sentimentalismo ha hecho y sigue haciendo tanto daño, no sería adecuado; se malinterpretaría, se pervertiría el sentimentalismo. En nuestro país se necesita odio más que amor —por lo menos en el futuro inmediato— y, más que ninguna otra cosa, desprenderse de los últimos restos del idealismo alemán, asentar los hechos materiales en sus derechos históricos. Por consiguiente, yo atacaría —y quizás lo haga cuando llegue el momento— a estos darwinistas burgueses aproximadamente del siguiente modo:

Toda la doctrina darwinista de la lucha por la existencia es simplemente un traslado, de la sociedad a la naturaleza viva, de la doctrina de Hobbes del bellum omnium contra omnes [del De Cive y el Leviathan de Hobbes, capítulo 13-14] y de la doctrina económico-burguesa de la competencia, junto con la teoría de la población de Malthus. Una vez realizado este truco de prestidigitador (y yo he puesto en duda su absoluta permisibilidad, como he indicado en el punto 1, particularmente en lo que concierne a la teoría malthusiana), las mismas teorías se trasladan de nuevo de la naturaleza orgánica a la historia y se pretende ahora haber demostrado su validez como leyes eternas de la sociedad humana. La puerilidad de este procedimiento es tan obvia que no hace falta decir una palabra al respecto. Pero si quisiera profundizar más en el asunto lo haría presentándolos en primer lugar como malos economistas y sólo en segundo lugar como malos naturalistas y filósofos.

4) La diferencia esencial entre la sociedad humana y la animal consiste en que los animales a lo sumo recolectan, mientras que los hombres producen. Sólo esta diferencia, pero cardinal, hace imposible trasladar sin más las leyes de las sociedades animales a las sociedades humanas. Hace posible, como usted acertadamente señala:

«que el hombre luche no sólo por la existencia, sino también por los placeres y por el aumento de sus placeres,... estar dispuesto a renunciar a sus placeres inferiores por el placer más elevado». [Cursivas de Engels – citado del artículo de Lavrov en Sierra]

Sin discutir las conclusiones ulteriores que usted extrae de esto, yo, partiendo de mis propias premisas, haría las siguientes inferencias: En una determinada etapa, la producción del hombre alcanza un nivel tan alto que se producen no sólo artículos de primera necesidad, sino también artículos de lujo, al principio, ciertamente, sólo para una minoría. La lucha por la existencia —si permitimos por el momento que esta categoría tenga validez— se transforma así en una lucha por los placeres, ya no por meros medios de subsistencia, sino por medios de desarrollo, medios de desarrollo producidos socialmente, y a esta etapa ya no son aplicables las categorías derivadas del reino animal. Pero si, como ha ocurrido ahora, la producción en su forma capitalista produce una cantidad mucho mayor de medios de subsistencia y de desarrollo de la que la sociedad capitalista puede consumir, porque mantiene a la gran masa de los productores reales artificialmente alejada de esos medios de subsistencia y de desarrollo; si esta sociedad se ve forzada por su propia ley de vida a aumentar constantemente esa producción, ya demasiado grande para ella, y por ello, periódicamente, cada diez años, llega al punto en que destruye no sólo una masa de productos, sino incluso fuerzas productivas, ¿qué sentido le queda a toda esa cháchara sobre la «lucha por la existencia»? La lucha por la existencia sólo puede consistir entonces en esto: que la clase productora tome en sus manos la dirección de la producción y la distribución, arrebatándosela a la clase que hasta ahora la había tenido a su cargo pero que se ha vuelto incompetente para manejarla, y ahí tiene usted la revolución socialista.

A propósito. Ya la mera contemplación de la historia anterior como una serie de luchas de clases basta para poner de manifiesto la completa superficialidad de la concepción de esa historia como una variedad endeble de la «lucha por la existencia». Por eso yo nunca les haría ese favor a esos falsos naturalistas.

5) Por la misma razón yo habría modificado en consecuencia la formulación de la siguiente proposición suya, que en esencia es completamente correcta:

«que para facilitar la lucha la idea de solidaridad podría finalmente... crecer hasta un punto en que abarcaría a toda la humanidad y la opondría, como una sociedad de hermanos que viven en solidaridad, al resto del mundo: el mundo de los minerales, las plantas y los animales».

6) Por otra parte, no puedo estar de acuerdo con usted en que el «bellum omnium contra omnes» fuera la primera fase del desarrollo humano. En mi opinión, el instinto social fue una de las palancas más esenciales de la evolución del hombre a partir del mono. Los primeros hombres debieron de vivir en bandas, y hasta donde podemos escudriñar en el pasado encontramos que así fue....

[...]

Monthly Review Translation |