Cartas: Karl Marx y Friedrich Engels, Correspondencia escogida, 1885

Correspondencia Marx-Engels 1885

Friedrich Engels a Nikolái Frántsevich Danielson

En San Petersburgo

13 de noviembre de 1885

Estimado señor:

Recibí sus dos cartas del 6 (18) y del 9 (21) de agosto mientras me encontraba en Jersey, y le envié en seguida la carta que usted deseaba para el Severny Vestnik. [1] Desde entonces, el exceso de trabajo me ha impedido contestar más extensamente a esas cartas, así como a la del 25 de agosto (5 de septiembre).

No dudaba que el segundo tomo [2] le proporcionaría a usted la misma satisfacción que a mí. Los desarrollos que contiene son, en verdad, de un orden tan superior, que el lector vulgar no se tomará el trabajo de penetrarlos y de seguirlos hasta sus últimas consecuencias. Así ocurre en Alemania, donde toda ciencia histórica, incluida la economía política, ha caído tan bajo que apenas puede caer más bajo aún. Nuestros socialistas de cátedra [3] nunca han sido mucho más, en teoría, que economistas vulgares ligeramente filantrópicos, y ahora han descendido al nivel de simples apologistas del socialismo de Estado de Bismarck. Para ellos, el segundo tomo será siempre un libro sellado. Es una hermosa muestra de lo que Hegel llama die Ironie der Weltgeschichte, [4] el que la ciencia histórica alemana, por el hecho de la elevación de Alemania a la posición de primera potencia europea, se vea reducida de nuevo al mismo estado vil a que quedó reducida por la más profunda degradación política de Alemania, después de la guerra de los Treinta Años. Pero así es. Y de este modo, la «ciencia» alemana se queda mirando este nuevo tomo sin poder comprenderlo; sólo un saludable temor a las consecuencias les impide criticarlo públicamente, y así la literatura económica oficial guarda sobre él un prudente silencio. Pero el tercer tomo los obligará a romperlo.

De ese tercer tomo, he terminado la primera copia, pasando el original a un manuscrito legible. Las tres cuartas partes están casi listas para la publicación tal como se hallan; pero la última cuarta parte, o acaso la tercera, exigirá mucho trabajo: la primera sección (relación de la tasa de plusvalía con la tasa de ganancia) [5] y luego las secciones siguientes sobre el crédito y, en parte, también sobre la renta de la tierra; [6] además de ciertas partes de casi todas las demás secciones. Durante los dos últimos meses me he visto obligado a atender a otros muchos trabajos que había descuidado por ocuparme exclusivamente en los tomos segundo y tercero. Esto durará algún tiempo aún, y luego, tal vez, la revisión de la traducción inglesa del tomo I, que está casi terminada, me ocupe otro mes más, pero después me pondré con el tomo tercero y lo llevaré hasta el final. Acaso se publique en dos secciones, pues contendrá unas 1000 páginas.

Le agradezco mucho los extractos de las cartas del autor [7] de 1879 a 1881. No pude leerlos sin una sonrisa entristecida. ¡Ay, estamos tan acostumbrados a esas excusas para la no terminación de la obra! Siempre que el estado de su salud le hacía imposible continuar con ella, esta imposibilidad pesaba terriblemente sobre su ánimo, y se alegraba de encontrar alguna excusa teórica de por qué la obra no podía terminarse entonces. De todos estos argumentos se había valido en su momento vis-à-vis de moi; parecían aliviar su conciencia.

Una vez terminado el tercer tomo y seleccionados de los demás manuscritos los fragmentos publicables, trataré muy probablemente de reunir la correspondencia del autor que tenga importancia científica, y ahí sus cartas a usted figuran entre las primeras. Llegado ese momento, me valdré, pues, de su amable ofrecimiento de poner a mi disposición copias de esas cartas.

Con frecuencia me hallo en el caso de enviarle folletos, etc. —reediciones de los escritos del autor y míos propios, etc.—, pero no sé si sería seguro mandárselos directamente. Le quedaría muy agradecido si me dijera cómo debo proceder.

Espero que la salud de nuestro común amigo [8] mejore, a pesar del mal pronóstico de sus médicos. Cualquier noticia acerca de él será siempre bienvenida.

Esa crisis de que habla el autor en su carta fue, en efecto, excepcional. [9] El hecho es que continúa todavía; toda Europa y América sufren bajo ella hasta el día de hoy. La ausencia del crac financiero es una de sus causas. Pero la causa principal es, sin duda, el cambio total del Weltmarkt. [10] Desde 1870, Alemania y, sobre todo, América se han convertido en rivales de Inglaterra en la industria moderna, mientras que la mayoría de los demás países europeos han desarrollado hasta tal punto sus propias manufacturas, que han dejado de depender de Inglaterra. La consecuencia ha sido que el proceso de superproducción se ha extendido por una zona mucho más vasta que cuando estaba confinado principalmente a Inglaterra, y ha adquirido —hasta ahora— un carácter crónico en vez de agudo. Al diferir la tormenta que antes descargaba y despejaba la atmósfera cada diez años, esta continua depresión crónica prepara un crac de una violencia y una extensión como nunca antes hemos conocido. Y tanto más cuanto que la crisis agrícola de que habla el autor también ha continuado hasta ahora, se ha extendido a casi todos los países europeos y ha de continuar mientras el chernozem virgen de las praderas del Oeste americano permanezca sin agotar.

Le saluda muy atentamente,

P. W. Rosher