En Viena

1 de febrero de 1881

... Aunque los socialistas de cátedra nos pidan insistentemente a nosotros, los socialistas proletarios, que les digamos cómo podemos impedir la superpoblación y el consiguiente peligro para la existencia del nuevo orden social, no veo razón alguna para hacerles ese favor. Considero una pura pérdida de tiempo disipar todos los escrúpulos y dudas de esta gente, nacidos de su enmarañada supersabiduría, o siquiera refutar, por ejemplo, los espantosos disparates que sólo Schäffle ha compilado en sus numerosos y voluminosos tomos. Haría falta un libro de regular tamaño simplemente para corregir todos los pasajes entrecomillados que estos señores han citado mal de El Capital. Deberían aprender primero a leer y a transcribir antes de exigir que uno responda a sus preguntas...

Existe, por supuesto, la posibilidad abstracta de que la población humana llegue a ser tan numerosa que se haga necesario poner freno a su ulterior aumento. Si en algún momento resultara necesario que la sociedad comunista regule la producción de los hombres, del mismo modo que ya habrá regulado la producción de las cosas, será ella, y sólo ella, quien pueda hacerlo sin dificultades. Me parece que no habría de serle demasiado difícil a una sociedad semejante alcanzar de manera planificada lo que ya se ha producido naturalmente, sin plan alguno, en Francia y en la Baja Austria. En cualquier caso, corresponderá a esa gente decidir si, cuándo y qué quieren hacer al respecto, y qué medios emplear. No me siento calificado para ofrecerles consejo o asesoramiento en esta materia. Es de suponer que serán por lo menos tan listos como nosotros.

Dicho sea de paso, ya en 1844 escribí (Deutsch-Französische Jahrbücher, pág. 109):

... aun cuando Malthus tuviera toda la razón, habría que llevar a cabo esta transformación (socialista) de inmediato; pues sólo esta transformación, y la educación de las masas que únicamente ella proporciona, hacen posible imponer ese freno moral del instinto de propagación que el propio Malthus presenta como el remedio más eficaz y más fácil contra la superpoblación.

Basta con esto por ahora; los demás puntos podremos discutirlos cuando nos veamos...