Letters: Marx-Engels Correspondence 1859

Marx-Engels Correspondence 1859

Engels a Jenny Marx

22 de diciembre de 1859

Estoy absolutamente fastidiado por todo este asunto Freiligrath. Es siempre la misma historia con esa chusma de los bellos espíritus: quieren que los periódicos los ensalcen hasta el cielo y que sus nombres estén constantemente ante los ojos del público. Los versos más miserables que producen les importan más que el acontecimiento más grandioso de la historia. Como esto no puede lograrse sin una organización de camarilla, es natural que ésta se convierta en el requisito principal y, por desgracia, nosotros, los desdichados comunistas, no servimos en absoluto para ello. Peor aún, conocemos todo ese engaño, despreciamos esa organización du succès y sentimos una aversión casi criminal a convertirnos en figuras populares. Si por esta razón un poeta semejante se siente incómodo en un partido así, es ciertamente una señal de extrema estrechez de miras, pues no tiene absolutamente ninguna competencia, la cual en cualquier otra parte está seguro de encontrar; y muestra una estrechez aún mayor si se arroja en brazos de un grupo donde, desde el primer momento, tiene que enfrentarse a la competencia de Kinkel. Mais que voulez-vous? [¡pero qué se puede hacer!] Para su propia existencia, el poeta necesita incienso, mucho incienso...

Debe añadirse que, con los años, el flujo poético del noble Ferdinand se ha secado, y lo poco que consigue todavía exprimir de su cráneo es ignominiosamente malo. De ahí que haya que recurrir a diversas triquiñuelas, con las obras completas, etc., lo que no puede hacerse a diario. Así que, para no ser olvidado, la publicidad se vuelve más necesaria con cada día que pasa. ¿Quién habló de Freiligrath desde 1849 hasta 1858? Nadie. Sólo Bettziech ha redescubierto a este clásico, que había sido olvidado hasta tal punto que sólo se le utilizaba como regalo de Navidad o de cumpleaños, y que ya figuraba en la historia de la literatura, más que en la literatura misma. El único culpable de esto era, naturalmente, Karl Marx con su “aliento”. ¡Pero cuando Freiligrath vuelva a calentarse con el incienso de la Gartenläube, verás qué tipo de poesía vomitará!

¡Qué asunto más mezquino, miserable y lamentable con estos poetas! Por eso elogio a Siebel. Es un poeta realmente malo, desde luego, pero sabe que es un farsante de cabo a rabo, y sólo desea que se le dé acceso al oficio de la publicidad como un procédé [ocupación] necesario de la época, pues sin ello no sería nada.

Marx/Engels On Literature and Art