c. 5 de julio de 1885

Estimada señora:

En respuesta a su consulta [1] solo puedo decirle que no tengo derecho a proporcionar información destinada en última instancia a su publicación sobre la colaboración confidencial de Marx y mía en determinados trabajos políticos. Tampoco puedo asumir responsabilidad alguna, ni en nombre de Marx ni en el mío propio, por un programa general francés sobre el cual, por la naturaleza de las cosas, a lo sumo se nos podría haber pedido consejo. Sin embargo, puedo decirle confidencialmente que el Preámbulo del Programa del Parti ouvrier de la tendencia de Roanne [2] se originó con Marx.

Los franceses insisten menos que los alemanes en limitar el trabajo femenino, debido a que en Francia, y particularmente en París, el trabajo que las mujeres realizan en las fábricas desempeña solo un papel relativamente menor. Salarios iguales por trabajo igual para ambos sexos son, hasta que se abola en general, exigidos, según sé, por todos los socialistas. Que la mujer trabajadora necesita protección especial contra la explotación capitalista debido a sus funciones fisiológicas especiales me parece obvio. Las mujeres inglesas que defendían el derecho formal de las de su sexo a permitirse ser tan completamente explotadas por los capitalistas como los hombres están, en su mayoría, directa o indirectamente interesadas en la explotación capitalista de ambos sexos. Admito que me interesa más la salud de las generaciones futuras que la absoluta igualdad formal de los sexos durante los últimos años del modo de producción capitalista. Es mi convicción que la verdadera igualdad de mujeres y hombres solo puede realizarse cuando la explotación de ambos por el capital haya sido abolida y el trabajo doméstico privado se haya transformado en una industria pública.