Cartas: Karl Marx y Frederick Engels, Correspondencia escogida 1892

Correspondencia Marx Engels 1892

Friedrich Engels a Franz Mehring

En Berlín

28 de septiembre de 1892

Estimado señor Mehring

Kautsky me ha enviado una parte de una de sus cartas con una consulta dirigida a mí. Si usted cree que no puede realmente escribirme porque hace muchos años dejé sin contestar dos cartas suyas, no tengo derecho a quejarme por ello. En aquel tiempo, sin embargo, estábamos en campos diferentes, la Ley contra los socialistas estaba en vigor y ello nos obligaba a obrar según la regla: quien no está con nosotros está contra nosotros. Además, si mal no recuerdo, usted mismo dijo en una de las cartas que no podía esperar respuesta. Pero eso fue hace mucho tiempo. Desde entonces hemos llegado a estar en el mismo campo y usted ha publicado excelentes trabajos en la Neue Zeit, y yo no he sido en modo alguno mezquino en mi aprecio por ellos, en cartas a Bebel, por ejemplo. Me complace, por tanto, aprovechar la ocasión para contestarle directamente.

La afirmación de que el descubrimiento de la concepción materialista de la historia deba atribuirse a los románticos prusianos de la escuela histórica es, en verdad, algo nuevo para mí. Yo mismo poseo el Nachlass de Marwitz [1] y leí el libro entero hace algunos años, pero no descubrí en él nada salvo cosas magníficas sobre la caballería y una fe inquebrantable en el poder milagroso de cinco golpes de fusta administrados por un noble a un plebeyo. Aparte de esto, he permanecido completamente ajeno a esa literatura desde 1841-42 –sólo la he hojeado muy superficialmente– y, ciertamente, no le debo absolutamente nada en el terreno de que se trata. En sus tiempos de Bonn y Berlín, Marx había leído a Adam Müller y la Restauration del señor von Haller [2], etc.; hablaba de esta insípida, ampulosa y verbosa imitación de los románticos franceses Joseph de Maistre y el cardenal Bonald [3] sólo con considerable desprecio. Pero aunque hubiera tropezado con pasajes como el citado de Lavergne-Peguilhen [4], no habrían podido causarle la menor impresión en aquella época, suponiendo que comprendiera en absoluto lo que aquella gente quería decir. Marx era entonces hegeliano, y ese pasaje era para él pura herejía. No sabía absolutamente nada de economía política y no podía tener idea alguna del significado de un término como «forma económica». De ahí que el pasaje en cuestión, aunque lo hubiese conocido, le habría entrado por un oído y salido por el otro sin dejar rastro perceptible en su memoria. Pero dudo mucho que pudieran encontrarse huellas de semejantes concepciones en las obras de los historiadores románticos que Marx leyó entre 1837 y 1842.

El pasaje es, por supuesto, muy notable, pero quisiera que se verificase la cita. No conozco el libro, pero su autor me es familiar como adepto de la Escuela Histórica. El pasaje se aparta en dos puntos de la concepción moderna: 1) al deducir la producción y la distribución de la forma de la economía, en vez de deducir, a la inversa, la forma de la economía de la producción; y 2) en el papel que asigna a la «utilización apropiada» de la forma de la economía, expresión con la cual puede uno imaginarse todo lo concebible hasta que por el libro mismo se entere de lo que el autor tiene en mente.

Sin embargo, lo más peculiar es que la concepción correcta de la historia se encuentre in abstracto precisamente entre aquellos que más han falseado la historia in concreto, tanto en la teoría como en la práctica. Esta gente podría haber visto en el caso del feudalismo cómo allí la forma de Estado surge de la forma de la economía, porque las cosas son allí, por así decirlo, bastante claras y evidentes. Digo «podría» porque, aparte del pasaje no verificado arriba –usted mismo dice que se lo proporcionaron–, nunca he podido descubrir más al respecto que el hecho de que los teóricos del feudalismo son, naturalmente, menos abstractos que los liberales burgueses. Si ahora uno de éstos va más lejos y generaliza esta concepción de la interconexión entre, por un lado, la difusión de la cultura y la forma de Estado, y, por otro, la forma de la economía dentro de la sociedad feudal, extendiéndola a todas las formas de economía y de Estado, ¿cómo se explica entonces la ceguera total del mismo romántico tan pronto como están en juego otras formas de economía, por ejemplo, la forma económica burguesa y las formas de Estado correspondientes a sus diversas etapas de desarrollo: comuna gremial medieval, monarquía absoluta, monarquía constitucional, república? Es ciertamente difícil explicarlo. Y el hombre que considera la forma económica como la base de toda la organización social y política pertenece a una escuela para la cual la monarquía absoluta de los siglos XVII y XVIII significa ya la caída del hombre, una traición a la verdadera doctrina política.

Pero también dice que la forma política resulta tan inevitablemente de la forma económica y de su utilización apropiada como el hijo de la unión sexual del hombre y la mujer. En consideración a la doctrina universalmente conocida de la escuela a la que pertenece el autor, sólo puedo explicarme esto como sigue: la verdadera forma económica es la feudal. Pero, puesto que la maldad de los hombres conspira contra ella, ha de ser «apropiadamente utilizada» de tal modo que su existencia sea protegida de esos ataques y preservada para toda la eternidad y que la «forma política», etc., le corresponda siempre; en consecuencia, ha de ser devuelta, en lo posible, a la forma que tuvo en los siglos XIII y XIV. Entonces se realizarían a la vez el mejor de los mundos y la más hermosa de las teorías históricas, y la generalización a lo Lavergne-Peguilhen se reduciría de nuevo a su verdadero contenido: que la sociedad feudal produce un sistema político feudal.

Por el momento sólo puedo suponer que Lavergne-Peguilhen no sabía lo que escribía. Según el proverbio, ciertos animales también encuentran perlas de vez en cuando, y estos animales están fuertemente representados entre los románticos prusianos. Por lo demás, habría que comparar también con sus prototipos franceses para ver si esto no está tomado de allí igualmente.

A usted sólo puedo expresarle mi agradecimiento por haberme llamado la atención sobre este punto, en el que desgraciadamente no puedo profundizar más en este momento.

Le saluda atentamente,

F. Engels