Cartas: Correspondencia Marx-Engels 1886

Correspondencia Marx-Engels 1886

Engels a Florence Kelley Wischnewetzky

Traducido y editado por Leonard E. Mins.

Londres, 3 de febrero de 1886.

Estimada señora de Wischnewetzky:

Hoy le he remitido, certificado, el primer envío del manuscrito hasta la página 70 de usted, inclusive. Lamento no haber podido enviarlo antes. Pero tenía entre manos un trabajo que debía quedar terminado antes de que yo pudiera empezar con su manuscrito. De ahora en adelante avanzaré sin tropiezos; a medida que procedo, encuentro que nos vamos conociendo mejor mutuamente, usted con mi peculiar alemán chapado a la antigua, yo con su americano. Y, en verdad, aprendo bastante en ello. ¡Nunca antes la diferencia entre el inglés británico y el americano me había llamado la atención tan vívidamente como en este experimentum in proprio corpore vili. ¡Qué espléndido futuro aguarda a una lengua que se enriquece y desarrolla en dos lados de un océano, y que puede esperar ulteriores aportes de Australia y la India!

Ignoro si esta porción del manuscrito llegará a tiempo de alcanzar a la señorita Foster antes de que zarpe, pero espero que mi retraso, que fue en verdad inevitable, no le ocasione a usted ninguna molestia en particular. No puedo estar lo bastante agradecido a todos los amigos que quieren traducir los escritos de Marx y los míos a las diversas lenguas civilizadas y que me muestran su confianza pidiéndome que revise sus traducciones. Y estoy muy dispuesto a hacerlo, pero tanto para mí como para los demás el día sólo tiene 24 horas, de modo que no me es posible amoldarme siempre a los deseos de todo el mundo ni acompasarme a todos los arreglos que se hacen.

Si no me interrumpen con demasiada frecuencia por las noches, espero poder enviarle el resto del manuscrito y posiblemente también la introducción dentro de quince días. Esta última puede imprimirse ya como prefacio, ya como apéndice. En cuanto a su extensión, me es del todo imposible darle una idea. Procuraré hacerla lo más breve posible, especialmente porque de nada me serviría intentar combatir argumentos de la prensa americana con los que ni siquiera superficialmente estoy familiarizado. Desde luego, si los trabajadores americanos no quieren leer los Informes de Trabajo de sus propios estados, sino que se fían de los extractos que hacen los políticos, nadie puede ayudarlos. Pero me llama la atención que la actual depresión crónica, que hasta ahora parece no tener fin, pasará factura en América lo mismo que en Inglaterra. América destrozará el monopolio industrial de Inglaterra —lo que quede de él—, pero la propia América no puede sucederle en ese monopolio. Y a menos que un país tenga el monopolio de los mercados del mundo, al menos en las ramas decisivas del comercio, las condiciones —relativamente favorables— que aquí en Inglaterra existieron de 1848 a 1870 no pueden reproducirse en parte alguna, e incluso en América la situación de la clase obrera tendrá que hundirse gradualmente cada vez más. Pues si hay tres países (digamos Inglaterra, América y Alemania) que compiten en términos relativamente iguales por la posesión del Weltmarkt, no hay otra perspectiva que la sobreproducción crónica, ya que uno de los tres es capaz de suministrar la cantidad total requerida. Esta es la razón por la que observo el desarrollo de la crisis actual con mayor interés que nunca y por la que creo que señalará una época en la historia mental y política de las clases obreras americana e inglesa —justamente las dos cuyo concurso es tan absolutamente necesario como deseable.

Suyo muy sinceramente,

F. Engels