Cartas: Karl Marx y Frederick Engels, Correspondencia escogida 1895

Correspondencia Marx Engels 1895

Friedrich Engels a Ferdinand Tönnies

En Kiel

24 de enero de 1895 [1]

... Sus observaciones sobre Auguste Comte [2] son muy interesantes. En lo que concierne a este «filósofo» queda aún, en mi opinión, bastante trabajo por hacer. Comte fue durante cinco años secretario de Saint-Simon [3] y su amigo íntimo. Este último padecía positivamente de plenitud de pensamiento. Era a la vez un genio y un místico. Establecer claridad, orden, sistema, no era su fuerte. De modo que Comte fue un hombre al que reclutó para que, tras la muerte de su maestro, presentase acaso al mundo, de manera ordenada, aquellas ideas desbordantes. La formación matemática y el método de pensamiento de Comte parecían hacerlo particularmente apto para ello, en contraste con otros discípulos, que eran soñadores. De pronto, Comte rompió con su «maestro» y se apartó de la escuela. Luego, tras un período bastante prolongado, salió con su «filosofía positiva».

En este sistema hay tres elementos característicos: 1) una serie de pensamientos brillantes, que sin embargo casi siempre quedan estropeados en alguna medida al estar también deficientemente expuestos; 2) una manera de pensar estrecha y filistea, que contrasta vivamente con aquella mente brillante; 3) una constitución religiosa jerárquicamente organizada, cuyo origen es decididamente saintsimoniano, pero despojada de todo misticismo y convertida en algo extremadamente sobrio, con un verdadero papa a la cabeza, de tal modo que Huxley [4] pudo decir del comtismo que era catolicismo sin cristianismo.

Ahora yo apuesto a que el número 3 nos proporciona la clave de la contradicción, de otro modo incomprensible, entre el número 1 y el número 2: Comte tomó todas sus ideas brillantes de Saint-Simon, pero al ordenarlas las tergiversó a su peculiar manera; al despojarlas del misticismo que les era inherente, las rebajó a un nivel inferior, remodelándolas de manera filistea según su leal saber y entender. En muchísimas de ellas puede rastrearse fácilmente el origen saintsimoniano, y estoy convencido de que esto sería posible también en otros casos si se encontrase a alguien que abordara seriamente la tarea. Seguramente se habría descubierto hace mucho tiempo si, después de 1830, los propios escritos de Saint-Simon no hubieran sido completamente sofocados por el clamor de la escuela y la religión saintsimoniana, que enfatizaron y desarrollaron ciertos aspectos de la enseñanza del maestro en detrimento del conjunto de las magníficas concepciones.

Hay otro punto que quisiera corregir, la nota de la pág. 513. [5] Marx nunca fue Secretario General de la Internacional, sino solamente Secretario para Alemania y Rusia. Y ninguno de los comtistas de Londres participó en la fundación de la Internacional. El profesor E. Beesly [6] merece gran reconocimiento por su defensa de la Internacional en la prensa durante la época de la Comuna, frente a los violentos ataques de aquellos días. Frederic Harrison [7] también empuñó públicamente las armas en favor de la Comuna. Pero pocos años después los comtistas se enfriaron considerablemente respecto al movimiento obrero. Los obreros se habían vuelto demasiado poderosos y se trataba ahora de mantener un equilibrio adecuado entre capitalistas y obreros (pues ambos son productores según Saint-Simon) y, a tal fin, de apoyar nuevamente a los primeros. Desde entonces, los comtistas se han envuelto en un silencio completo en lo tocante a la cuestión obrera.

Suyo muy atentamente

F. Engels