[„Neue Rheinische Zeitung“ 
Nr.246 del 15 de marzo de 1849] 

* Colonia, 14 de marzo. ¡La prensa diaria alemana es realmente la institución más floja, más somnolienta y más cobarde que existe bajo el sol! Las mayores infamias pueden ocurrir ante sus mismos ojos, contra ella misma, y ella calla, lo oculta todo; si no se llegase a saber por casualidad, ciertamente no se sabría por la prensa lo que la gracia de Dios ha hecho brotar en algunos lugares como hermosas violetas de marzo.

En Düsseldorf, el ciudadano y comunista Drigalski!! intentó, en el otoño pasado, reintroducir la censura bajo el pretexto del estado de sitio. Durante dos días lo consiguió; pero la tormenta de la opinión pública obligó a los señores sableadores a abandonar de inmediato sus ansias de censura.

¿Y cómo se ven las cosas en las viejas provincias?

Desde hace tres meses, en dos distritos distintos, la censura reina en plena gloria, ¡y toda la prensa de la vieja Prusia deja pasar tranquilamente este inaudito ataque contra sus derechos!

Escúchese:

Rosenberg, en Silesia, 7 de marzo. En la cabecera del número 19 del „Rosenberg-Kreuzburger Telegraph“ aparece la siguiente declaración:

„Rogamos a los estimados lectores de nuestro periódico que no nos atribuyan la tardía publicación de este número y su carácter incompleto, sino que tengan en cuenta que aún nos hallamos en estado de sitio y que el ‘Telegraph’ — que últimamente había sido censurado por el señor Sack, consejero territorial real de aquí, elegido diputado para la segunda Cámara — ha sido sometido ahora, tras la partida de éste a Berlín, a la censura militar directa. La Redacción“

Además:

En Erfurt, la censura existe igualmente desde el 25 de noviembre sin obstáculo alguno. La prensa de allí fue censurada primero por el señor F. W. Huthsteiner, actual inspector de policía, ex redactor de la „Barmer Zeitung“, que en tiempos de la censura había sido liberal, presunto liberal, o mejor dicho demócrata, más tarde subordinado de Duncker y pertinaz policía prusiano. Aunque este hombre de honor tachó incluso artículos del infortunado periódico berlinés „National-Zeitung“ (¡!), su desempeño en el cargo no fue considerado aún lo bastante prusiano y se le sustituyó por un oficial. En Erfurt, pues, también existe la censura militar.

Y por si esto fuera poco, se introduce también la censura de los periódicos y escritos impresos en el extranjero, es decir, fuera del perímetro del estado de sitio. El „Erfurter Adreßblatt“ del 7 de febrero contiene el siguiente anuncio:

„Por disposición de la real y muy loable Comandancia de esta plaza, se previene al público de aquí, bajo la amenaza de ‘adecuada pena policial’ y de ‘arresto inmediato’, a difundir o fijar en esta ciudad los escritos impresos en el extranjero que desacrediten las medidas del gobierno o incluso las ataquen con odiosa oposición, y que de ese modo tiendan a enajenar los ánimos del vecindario respecto del gobierno constitucional existente, o que sean también aptos para provocar exasperación contra ciertas clases de la población y, con ello, agitación y discordia en esta ciudad.
Erfurt, 5 de febrero de 1849

El Magistrado, Administración de Policía“

La reintroducción de la censura, el perfeccionamiento de la habitual mediante la censura militar — son, sin duda, asuntos que conciernen bastante de cerca a la prensa. ¡Y la prensa de las localidades vecinas, la de Breslau, la de Berlín, la de Leipzig, lo acepta como si todo esto se diese por supuesto! En verdad, la prensa alemana sigue siendo la vieja „buena prensa“.

Pero a nuestros adormilados diputados berlineses les preguntamos si, por fin, no van a proceder a pedir de inmediato que se entable acusación contra los ministros.