PARÍS, 3 DE AGOSTO. EN NUESTRO NÚMERO DE ANTEAYER SÓLO
pudimos ofrecer algunos fragmentos del discurso de Proud
hon. Nos detendremos hoy a analizarlo en detalle.191 El señor
Proudhon empieza declarando que la revolución de Febrero no es
otra cosa que la puesta en marcha del socialismo, el cual ha tratado
de hacerse valer en todos los acontecimientos posteriores, en todas
y cada una de las fases subsiguientes de esta revolución.
Queréis acabar con el socialismo; perfectamente, fijaos bien: yo os ayu
daré de buena gana a ello. El éxito del socialismo no depende en manera
alguna de un individuo; la lucha que actualmente se sostiene no es, de
ningún modo, una lucha entre el señor Thiers y yo, sino una lucha entre
el trabajo y los privilegios.
En vez de lo cual, según señala el señor Proudhon, el señor
Thiers se limita a atacar y calumniar su vida privada.
Puestos en este terreno, le diré al señor Thiers: ¡Confesémonos los dos!
¡Confiese usted sus pecados y yo confesaré los míos!
Aquí en el presente artículo se cita, con base en los informes de los corresponsales de
prensa, el discurso pronunciado en la Asamblea Nacional francesa por Proudhon, el 31
de julio de 1848. El texto íntegro se publicó en Compte rendú des séances de VAssemblée Natio
nal 1 .11, París, 1849.

El problema que se ventila es — se nos dice— la revolución; el
Comité de Finanzas ve en ella un suceso fortuito, una sorpresa, pero
él, Proudhon, la toma en serio. En el año 93 —manifiesta— la pro
piedad pagó la deuda que tenía con la República, abonando una
tercera parte en concepto de impuestos. La revolución del 48 debe
mantenerse dentro de un “plano de proporcionalidad”. Los enemi
gos del año 93 eran el despotismo y el extranjero; en el año 48 el
enemigo es el pauperismo. “¿Qué significa este droit au travail”, el
derecho al trabajo?
Sí la demanda de trabajo fuese mayor que la oferta, no harían falta pro
mesas por parte del Estado. Pero no ocurre así; el consumo se halla a un
nivel muy bajo; ¡los almacenes están abarrotados de mercancías!, y los
pobres andan desnudos. Y, sin embargo, ¿qué país se presta mejor al con
sumo que Francia? Si se nos entregaran 100 millones en vez de 10, es decir,
75 francos por cabeza y por día, no cabe duda de que sabríamos gastarlos
(risas en la sala).
El tipo de interés — dice Proudhon— es una de las causas fun
damentales de la ruina del pueblo. La creación de un banco nacio
nal con dos mil millones, que prestase el dinero sin interés y facili
tase gratuitamente el uso de la tierra y la vivienda, aportaría
incalculables beneficios (violentas interrupciones).
Si nos atenemos a esto (risas), si desplazamos el fetichismo del dinero por
el realismo del disfrute (n u evas risas), tendremos la garantía del trabajo.
Suprimid los aranceles aduaneros sobre los instrumentos del trabajo, y os
habréis salvado. Y quienes sostienen lo contrario, llámense girondinos o
montañeses, no son socialistas, no son republicanos... (exclam aciones de
“¡Oh, oh!”). Una de dos: o la propiedad acaba con la República, o la Repú
blica acaba con la propiedad (gritos de “¡B a sta y a !” ).
En seguida, el señor Proudhon se extiende en largas considera
ciones acerca de lo que significa el interés y de cómo el tipo de inte-

rés puede reducirse a cero. Mientras se mantiene en este terreno
económico, el señor Proudhon se muestra muy débil, por mucho
que esta Cámara burguesa se escandalice. Pero cuando, excitado
precisamente por este escándalo, se coloca en el punto de vista del
proletario, tal parece como si la Cámara se viese sacudida por con
vulsiones nerviosas.
Mi modo de razonar, señores, es distinto del vuestro; ¡yo me coloco en otro
punto de vista que vosotros! El 24 de febrero se ha abierto la liquidación
de la vieja sociedad entre la burguesía y la clase obrera. Y esta liquidación se
llevará a cabo por la vía pacífica o mediante la violencia. Todo depende de
la sagacidad de la burguesía, de su mayor o menor resistencia.
El señor Proudhon pasa ahora a exponer su idea “acerca de la
abolición de la propiedad”. Él no pretende abolir la propiedad de
golpe y porrazo, sino gradualmente; por eso dice en su periódico192
que la renta del suelo es un regalo generoso de la tierra que el Estado
debe irse embolsando, poco a poco.
De allí que, de una parte, yo mismo haya denunciado a la burguesía la sig
nificación de la revolución de Febrero, señalando a la propiedad un plazo
para que se prepare a su liquidación y haciendo responsables a los pro
pietarios que se niegan a ello.
(Estrepitosas protestas, aquí y allá: “¿Responsables, cómo?”)
Quiero decir que, si los propietarios no se prestan a liquidar voluntaria
mente, procederemos nosotros a la liquidación.
(Varias voces: “¿Qué quiere decir nosotros’?”)
(Otras voces: “¡Que lo manden al manicomio, a Charenton!”)
De abril a agosto de 1848 se publicó en París el periódico Le Représentant du Peuple,
dirigido por Proudhon. Esta frase aquí citada apareció en un artículo editorial del núm. 96,
del 8 de julio de 1848, del mencionado periódico.

(Tremendo revuelo; una verdadera tormenta de truenos y vientos
huracanados.)
¡Cuando digo nosotros, me identifico yo con el proletariado y os identifi
co a vosotros con la burguesía!
El señor Proudhon pasa luego a especificar su sistema de
impuestos y se vuelve de nuevo “científico”. Esta “ciencia”, que ha
sido siempre el lado endeble de Proudhon, se convierte ante esta
Cámara tan cerrada de mollera precisamente en su lado fuerte,
puesto que le infunde la osadía necesaria para atacar con su “cien
cia” pura y de buena fe la impura ciencia financiera del señor Thiers.
El señor Thiers ha sabido conservar su inteligencia financiera prác
tica. Bajo su gobierno, el erario público se ha mermado, pero su
fortuna privada ha crecido.
Cuando ya la Cámara presta poca atención a las disquisiciones
de Proudhon, éste declara sin andarse con rodeos que hablará cuan
do menos todavía tres cuartos de hora. Y, en los momentos en que
la mayor parte de los diputados se dispone a abandonar sus esca
ños, el orador se lanza de nuevo a los ataques contra la propiedad.
¡Solamente con la revolución de Febrero, habéis abolido la propiedad!
Cada vez que Proudhon lanza un anatema contra la propiedad,
parece como si el terror clavase a los diputados en sus asientos.
Al proclamar en la Constitución el derecho al trabajo, habéis reconocido
la abolición de la propiedad.
Larochejaquelein pregunta si existe el derecho al robo. Otros
diputados no quieren dejar que Proudhon siga hablando.
No podéis descartar las consecuencias de los hechos consumados. Si los
deudores y los arrendatarios siguen pagando, lo hacen porque quieren.

(In d escriptib le algarabía. E l P residen te llam a a l orden al orador, d icién -
dole qu e todo el m u n d o está obligado a p a g a r sus d eu das.)
No digo que las deudas hayan sido abolidas, pero quienes aquí las
defienden destruyen la revolución...
¿A quién representamos nosotros aquí? ¡A nada ni a nadie! El poder
del que derivamos el nuevo carece de principios y de fundamento. Toda
nuestra autoridad descansa sobre la violencia, sobre la arbitrariedad, sobre
el poder del más fuerte. (Estalla de nu evo el tum ulto.) El sufragio universal
es producto del azar y, para que adquiera algún significado, tiene que pre
cederle una organización. Lo que nos gobierna no es la ley, no es el dere
cho; es la violencia, la necesidad, la providencia... El 16 de abril, el 15 de
mayo, el 23, 24 y el 25 de junio son hechos, solamente hechos, que la histo
ria legitima. Hoy, podemos hacer cuanto queramos; somos los más fuertes.
No hablemos, pues, de subversión, pues los subversivos son los que, no
teniendo de su lado otro derecho que el del más fuerte, no quieren recono
cer este derecho a los demás. Sé que mi propuesta no será aceptada. Pero
estáis en una situación que no os permitirá escapar a la muerte más que
aceptando mi propuesta. ¡Lo que aquí se ventila es la cuestión del crédito,
la cuestión del trabajo! La confianza ya jamás renacerá, es imposible que
renazca... (U na voz: “¡E span toso!”) Podéis decir que queréis organizar una
república honesta y moderada; nada conseguiréis con ello, pues el capital
no se atreverá a mostrarse bajo una república que se vea obligada a hacer
manifestaciones a favor de los obreros. Por eso, mientras el capital nos
aguarda para liquidarnos, nosotros aguardamos al capital para liquidarlo a
él. El 24 de febrero proclamó el derecho al trabajo. Si borráis de la Consti
tución este derecho, proclamaréis con ello el derecho a la insurrección.
Podéis colocaros eternamente al amparo de las bayonetas y exigir eter
namente la declaración del estado de sitio: eso no impedirá que el capital
siga teniendo miedo, pues el socialismo ha clavado sus ojos en él.
Los lectores de la Gaceta de Colonia193 conocen al señor Proudhon de largo tiempo atrás. El señor Proudhon, que, como dice el
193 Véase supra, nota 43.

acta de las sesiones de la Cámara, ha atacado a la moral, a la reli
gión, a la familia y a la propiedad, era todavía no hace mucho tiem
po ensalzado como un héroe por la Gaceta de Colonia. El “llamado
sistema económico-social” de Proudhon era difundido y glorifica
do en artículos de los corresponsales de París, en folletones y largos
ensayos. Todas las reformas sociales debían tener como punto de
partida el concepto prudoniano del valor. No es del caso exponer
aquí cómo pudo la Gaceta de Colonia contraer tan peligrosa amis
tad. Pero ¡cosa curiosa!, ese periódico, que antes veía en Proudhon
al salvador, no encuentra ahora denuestos bastantes para presen
tarlo a él y a su “partido falsario” como los peores enemigos de la
sociedad. ¿Es que el señor Proudhon ya no es el señor Proudhon?
Lo que nosotros hemos atacado en él era la “ciencia utópica” con
que trataba de equilibrar el antagonismo entre el capital y el traba
jo, entre el proletariado y la burguesía.194 Sobre esto habremos de
volver. Todo su sistema bancario, todo su intercambio de produc
tos, no pasa de ser una ilusión pequeñoburguesa. Ahora, cuando en
el empeño de poner en práctica esta macilenta ilusión, se ve obliga
do a enfrentarse democráticamente a toda la Cámara burguesa y a
expresar tajantemente ante ella aquel antagonismo, la Cámara pone
el grito en el cielo, acusándolo de atentar contra la moral y la pro
piedad.
[Neue Rheinische Zeitung, núm. 66, 5 de agosto de 1848]
Como se sabe, la crítica, más profunda y amplia acerca de las ideas políticas y econó
micas de Proudhon por parte de Marx, se encuentra en su obra publicada en 1847, La mise
ria de la filosofía.