CO LO N IA, 3 DE JU N IO . LOS T IE M P O S C A M B IA N Y N O SO TRO S
cambiamos con ellos. Es este un dicho del que nuestros seño
res ministros Camphausen y Hansemann podrían decirnos
algo. Antes, cuando no eran más que modestos diputados sentados
en los bancos de escuela de una Dieta, ¡cuántas cosas tuvieron que
aguantar de los Comisarios de Gobierno y los Mariscales!14 En la
segunda fase, en la Dieta provincial renana, ¡veíanse detenidos por
Su Alteza, el Ordinario Solms-Lich! E incluso, cuando después de
aprobar la primaria, se vieron ascendidos a la Dieta Unificada,15
14 Los presidentes de las dietas provinciales ostentaban el título de Mariscal de la Dieta.
Las dietas provinciales se crearon en Prusia en 1823. Estaban integradas por jefes de familia
de los príncipes y por representantes de la nobleza urbana y de las comunidades territoria
les. Como puede suponerse, estas dietas eran de carácter restringido y la mayor parte de la
población se hallaba al margen de sus elecciones y, así, la nobleza tenía asegurada la mayo
ría. Estas dietas eran convocadas por el rey, y su competencia se limitaba a las cuestiones
económicas locales y a las de la administración provincial. En el terreno político, apenas
tenían limitadas funciones consultivas.
15 Primera Dieta Unificada: se reunió a partir de un mandato real el 11 de abril de 1847,
deliberando hasta el 26 de junio del mismo año. Representaba la agrupación de las ocho die
tas provinciales existentes (véase nota anterior), debía convocarse cuando el rey lo dispusie
ra y aparecía dividida en dos curias. La curia del estamento señorial estaba formada por 70
representantes de la alta nobleza y la curia de los tres estamentos restantes abarcaba 237
representantes de los caballeros, 182 de las ciudades y 124 de las comunidades territoriales. La
competencia de la Dieta Unificada se limitaba a la aprobación de nuevos empréstitos en
tiempos de paz y a la aceptación de nuevos impuestos o de aumentos tributarios. El rey pru
siano trataba de presentar su convocación como el cumplimiento de las promesas constitu
cionales formuladas y de las normas de la ley acerca de la deuda del Estado. En la Dieta se

aunque se les permitían unos cuantos ejercicios de elocuencia,
¡había que ver cómo su maestro de escuela, el señor Adolf v.
Rochow, manejaba contra ellos la palmeta! ¡Con qué humildad te
nían que someterse a las impertinencias de un Bodelschwingh y con
qué devoción escuchaban el balbuciente alemán de un Boyen, a
pesar de que no era la suya más que la “limitada inteligencia” de un
súbdito,16 al lado de la tosca ignorancia de un Duesderg, a quien
debían obediencia!
Ahora, las cosas han cambiado. El 18 de marzo ha puesto fin a
toda la escolaridad política y los antiguos escolares de la Dieta se
declaran maduros. El señor Camphausen y el señor Hansemann se
han convertido en ministros y manifiestan, encantados, toda su
grandeza como “hombres necesarios”.
Cuán “necesarios” se consideran y cuánto han crecido después
de pasar por la escuela ha podido apreciarlo claramente todo el que
haya tenido que ver algo con ellos.
Han comenzado inmediatamente poniendo otra vez en pie pro
visionalmente el viejo salón escolar, que es la Dieta Unificada. En
este salón debía celebrarse el gran acto de transición del gimnasio
burocrático a la universidad constitucional donde se lleva a cabo la
solemne exposición del certificado de bachillerato, presentado ante
el pueblo prusiano en todas las formas prescritas.
El pueblo ha declarado en numerosos memoriales y peticiones
que no quiere saber nada de la Dieta Unificada.
El señor Camphausen ha replicado (véase, por ejemplo, la sesión
de la Constituyente celebrada el 30 de mayo) que la convocatoria de
la Dieta era una cuestión vital para el ministerio y, con ello, como
es natural, quedaba todo resuelto.
manifestó una fuerte oposición liberal, expresada por los representantes de la gran burgue
sía renana (Hansemann, Camphausen y otros) y por una parte de la nobleza de la Prusia
oriental, pero quienes más tarde se manifestaron más aliados del reino que de la oposición.
Al declararse la Dieta incompetente para aprobar un nuevo empréstito, el rey decidió clau
surarla.
Inteligencia limitada: se trata de una expresión conocida del ministro prusiano del Inte
rior, Rochow.

La Dieta se reunió,17 una ante el mundo, ante un dios que duda
ba de sí mismo, abatido y rechinando los dientes. Se le había hecho
saber que sólo debía aceptar la nueva ley electoral, pero el señor
Camphausen no exigió de ella solamente una ley sobre el papel y la
celebración de elecciones indirectas, sino además veinticinco millo
nes contantes y sonantes. Las curias cayeron en la confusión, no
comprendían claramente cuál era su competencia y balbucían inco
herentes conclusiones; pero esto no servía de nada, es algo que flo
ta silenciosamente en la mente del señor Camphausen, y si las
sumas de dinero no son autorizadas, si “el voto de confianza” es
denegado, el señor Camphausen se marchará a Colonia y dejará
que la monarquía prusiana se las arregle como pueda. Los señores
de la Dieta sudan frío al pensar en esto, toda resistencia cesa y el
voto de confianza es otorgado con una sonrisa entre dulce y amar
ga. Y puede uno ver estos 25 millones cotizables en el reino de los
aires, que es el reino de los sueños,18 cómo, dónde y cuándo han
sido vetados.
Son proclamadas las elecciones indirectas, se levanta en contra
de ellas un alud de mensajes, peticiones y diputaciones. Los señores
ministros contestan que el ministerio se sostiene o cae con las elec
ciones indirectas. Y, corr esto, todo vuelve al silencio y ambas partes
pueden echarse a dormir.
Se reúne la Asamblea del Pacto. El señor Camphausen se ha pro
puesto pronunciar la respuesta al discurso del Trono. Tiene que for
mular la protesta el diputado Dunker.19 Se abre la discusión. Se pro
17 Segunda Dieta Unificada: estaba formada por representantes de las ocho dietas provin
ciales de Prusia y fue convocada el 2 de abril de 1848. A propuesta del ministerio Camphau
sen, el 8 de abril votó la “Ley electoral de la Asamblea llamada a votar la Constitución del
Estado prusiano” y aprobó un empréstito de 25 millones de táleros, que había rechazado la
primera Dieta Unificada. Después de esto, fue disuelta el 10 de abril de 1848.
18 Palabras de un verso de Heine en el poema titulado Alemania. Cuento de invierno,
cap. vil.
19 En sus artículos acerca de las deliberaciones de la Asamblea Nacional, Marx y Engels
hacen uso de los Stenographischen Berichte über die Verhandlungen der zur Vereinbarung der
preussischen Staats-Verfassung berufenen Versammlung, tomos 1-3, Berlin, 1848, publicados
más tarde en edición aparte.

nuncian palabras bastante vivas contra el mensaje. El señor Hansemann se aburre del eterno y confuso ir y venir, y declara, lisa y lla
namente, que todo este devaneo puede ahorrarse; una de dos: o se
pronuncia el mensaje, en cuyo caso todo estará bien, o no se pro
nuncia mensaje alguno, en vista de lo cual dimitirá el ministerio.
La discusión prosigue y, por fin, sube a la tribuna el propio señor
Camphausen para dejar constancia de que la cuestión del mensaje
constituye un problema vital para el ministerio. Por último, en vis
ta de que tampoco esto resuelve el asunto, se levanta también el
señor Auerswald y protesta por tercera vez que el ministerio se man
tiene o cae con el mensaje. Ahora, la Asamblea se muestra por fin
convencida y, como es natural, vota a favor del mensaje.
De este modo, nuestros ministros “responsables” adquieren en
dos meses aquella experiencia y seguridad en la dirección de una
asamblea que el señor Düchatel, personaje nada despreciable, sólo
llegó a adquirir al cabo de varios años de comercio íntimo con la
penúltima Cámara de Diputados de Francia. También el señor
Düchatel, en los últimos tiempos, cuando la izquierda le aburría
con sus largos parlamentos, solía declarar que la Cámara era libre
de votar en pro o en contra, pero que si votaba en contra “todos
nosotros dimitiríamos” y la vacilante mayoría, para la que el señor
Düchatel era el hombre “más necesario del mundo”, se agolpaba
como un rebaño de corderos al estallar la tormenta, rodeando a su
amenazado líder. El señor Düchatel, que era un francés ligero, siguió
haciendo este juego hasta que sus compatriotas se cansaron de él.
Pero el señor Camphausen es un reflexivo y tranquilo alemán, que
sabrá hasta dónde puede llegar.
No cabe duda de que si nuestra gente está tan segura de sus
“pactistas”, como el señor Camphausen, será posible ahorrar por
este camino tiempo y razones. A la oposición, se le arrebata la pala
bra casi en redondo, convirtiendo cada uno de los puntos en una
cuestión de gabinete. De ahí que este método sea también el que
mejor cuadra a los hombres decididos, aquellos que saben de una
vez por todas lo que quieren y que se muestran incompatibles con

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toda charlatanería inútil, hombres como Düchatel y Hansemann.
Pero para hombres a quienes gusta la discusión y que prefieren
“exponer sus opiniones e intercambiarlas en un gran debate, tanto
con respecto al pasado y el presente como en lo referente al futuro”
(Camphausen, sesión del 31 de mayo), para hombres que pisan en
el terreno de los principios y que contemplan los sucesos del día
con la mirada sagaz del filósofo, para espíritus superiores como
Guizot y Camphausen, de nada sirve este pequeño recurso terrenal
que nuestro presidente del Consejo ha descubierto en su práctica.
Lo confía a su Düchatel-Hansemann y sigue manteniéndose en la
elevada esfera en la que a nosotros nos gusta contemplarlo.
[Neue Rheinische Zeitung, núm. 4, 4 de junio de 1848]