O LO NIA, 16 DE MAYO. LA N U EV A G AC ETA D E L R IN HA ESTADO
también representada en las barricadas de Elberfeld.
Para salir al paso de diversos falsos rumores, debemos a
nuestros lectores una breve información sobre este asunto.
El 10 de mayo, Federico Engels, redactor de la Nueva Gaceta
Renana, se trasladó de Colonia a Elberfeld, llevándose desde Solingen dos cajas de cartuchos procedentes del asalto al arsenal del con
dado por los obreros de aquella localidad. Al llegar a Elberfeld,
informó al Comité de Seguridad sobre la situación en Colonia, se
puso a disposición de dicho Comité y la Comisión Militar se encar
gó en seguida de dirigir los trabajos de fortificación, extendiéndole
el siguiente nombramiento:
La Comisión Militar del Comité de Seguridad encarga por el presente al
señor Federico Engels de inspeccionar todas las barricadas de la ciudad y
de completar las fortificaciones. Suplicamos a todos los puestos de las
barricadas que le presten el apoyo necesario.
Elberfeld, n de mayo de 1849.
(firm.) H ü h n erb ein Troost
Al día siguiente, a Engels se le puso también al mando de la arti
llería:

5io
Se dan plenos poderes al ciudadano E Engels para que emplace los caño
nes como considere más conveniente, requisando los artesanos que nece
site con ese fin, por cuenta del Comité de Seguridad.
Elberfeld, 12 de mayo de 1849.
El Comité de Seguridad
En su nombre:
(firm.) P o th m a n n H ü h n erb ein Troost
Ya el primer día de su estancia en Elberfeld, organizó Engels una
compañía de infantería y completó las barricadas levantadas en
varias de las salidas de la ciudad. Asistió a todas las sesiones de la
Comisión Militar y propuso para el puesto de comandante en jefe
al señor Mirbach, propuesta que fue unánimemente aceptada. Pro
siguió sus actividades en los días siguientes, cambió de lugar varias
barricadas, indicó el sitio en que debían levantarse otras y reforzó
las compañías de infantería. Desde el momento de la llegada de Mir
bach, se puso a su disposición y tomó parte en los consejos de gue
rra convocados por el comandante en jefe.
Durante todo el tiempo de su estancia en Elberfeld, Engels con
tó con la confianza total tanto de los obreros armados de Berg y de
la Marca como del cuerpo de voluntarios.
El señor Riotte, miembro del Comité de Seguridad, le preguntó
el mismo día de su llegada a Elberfeld cuáles eran sus propósitos.
Engels le hizo saber que su presencia allí se debía, en primer lugar,
al hecho de que había recibido ese encargo en Colonia; en segundo
lugar a que había creído que sus servicios podrían tal vez ser útiles
en asuntos militares y, en tercer lugar, a que, habiendo nacido en la
región de Berg, consideraba cuestión de honor ocupar un puesto
en la primera insurrección armada del pueblo de su tierra natal.
Pero que deseaba ocuparse exclusivamente de asuntos militares y
mantenerse totalmente al margen del carácter político del movi
miento, ya que era evidente que allí la lucha no podía dejar de
librarse, por el momento, bajo los colores oro, rojo y negro, debien

do evitarse, por tanto, cualquier actuación en contra de la Consti
tución del Imperio.
El señor Riotte se mostró totalmente de acuerdo con esta expli
cación.
El 14 de mayo por la mañana, habiendo acompañado Engels al
comandante en jefe Mirbach a pasar revista general a las tropas en
el Engelnberg, se presentó ante él el señor Höchster, miembro tam
bién del Comité de Seguridad, quien le dijo que, aunque no había
absolutamente nada que objetar en contra de su comportamiento,
la burguesía de Elberfeld se hallaba grandemente alarmada por su
presencia en la ciudad, temía que de un momento a otro fuese a
proclamar la República Roja y vería con agrado, toda ella, que se
marchara.
Engels manifestó que, como no quería imponerse a nadie ni
abandonar cobardemente su puesto, exigía — sin obligarse previa
mente a nada— que se le comunicara por escrito aquel deseo, en
declaración firmada por todo el Comité de Seguridad.
El señor Höchster planteó el asunto en el Comité de Seguridad,
que el mismo día tomó el siguiente acuerdo:
Se suplica al ciudadano Federico Engels, natural de Barmen y actualmen
te residente en Colonia, reconociendo sin reservas las actividades por él
desempeñadas hasta ahora en esta ciudad, que abandone antes de que
transcurra el día de hoy los límites de este municipio, ya que su presencia
aquí podría dar pie a falsas interpretaciones en cuanto al carácter del
movimiento.
Engels había hecho saber ya antes de que recayera el acuerdo
que sólo acataría los requerimientos del Comité de Seguridad siem
pre y cuando que Mirbach se lo ordenara. Mirbach — dijo— había
sido designado para el puesto que ocupaba a propuesta suya, razón
por la cual no creía que debía retirarse mientras Mirbach no se lo
pidiera.
En la mañana del día 15, tras mucha insistencia por parte del

Comité de Seguridad, Mirbach firmó, por último, el acuerdo recaí
do, que se puso en conocimiento del público, a partir de entonces,
fijándolo en las esquinas.
Los obreros armados y los integrantes del cuerpo de volunta
rios se mostraron enormemente indignados ante el acuerdo del
Comité de Seguridad. Exigían que Engels siguiera en su puesto y se
manifestaban dispuestos a defenderlas “con sus vidas”. Engels se
presentó personalmente ante ellos y los tranquilizó, remitiéndose a
Mirbach y haciéndoles saber que no podía ser él el primero que se
negara a obedecer a su comandante en jefe, nombrado a propuesta
suya y que tenía, además, su confianza absoluta.
Después de hacer un último reconocimiento del terreno en los
alrededores, Engels partió de la ciudad, una vez que hubo entrega
do el mando a su ayudante.
En cuanto a los obreros de Berg y la Marca, que demostraron a
nuestro corredactor una devoción y una simpatía tan grandes,
deben pensar que el movimiento actual es solamente el preludio de
otro mil veces más serio e importante, en el que se ventilarán sus
intereses más propios, los intereses de los obreros. Este nuevo movi
miento revolucionario será el resultado del actual y, cuando se ini
cie, pueden estar seguros de que Engels, al igual que todos los demás
redactores de la Nueva Gaceta Renana, ocupará en él su puesto y de
que no habrá en la tierra poder capaz de alejarlo de él.
[Nene Rheinische Zeitung, núm. 300,17 de mayo de 1849. 2a edi
ción]