Una denuncia

[«Neue Rheinische Zeitung»  
n.º 229, 23 de febrero de 1849]  
* Colonia, 22 de febrero. En el «Oberpostamts-Zeitung»!??*), cuyo antiguo redactor fue un agente a sueldo de Guizot (cf. Taschereau, «Revue rétrospective», 1295) y agente no remunerado de Metternich —como, por lo demás, es bien sabido que todo el correo de Thurn und Taxis, ese instituto de trapacería nacional que gravita sobre la industria alemana, que lucha con los ferrocarriles y que se arrastra como un cáncer, cuya supervivencia después de marzo apenas se concibe y cuya inmediata destrucción será uno de los primeros actos de la Constituyente alemana que se ha de abrir próximamente (la asamblea de la Paulskirche, como es notorio, no fue jamás constituyente), no fue desde José II otra cosa que un albergue austriaco de espías—, en ese periódico imperial de denuncias, propiedad de ese ex príncipe de Thurn und Taxis, el redactor responsable H. Malten (ya caracterizado de modo reconocible por el antiguo «Rheinische Zeitung»[!?9%]) se expresa en los siguientes términos, afirmando que reproduce la siguiente correspondencia parisiense de un periódico que no leemos:

«Para vergüenza del nombre alemán debemos confesar que son sobre todo alemanes quienes entre nosotros ejercen el trabajo de zapa en la escala más grandiosa, por no decir la más desvergonzada. Existe aquí una oficina especial de los rojos, desde la cual se envían a toda prisa a las provincias todos los artículos incendiarios contra el orden de la sociedad humana que sea posible conseguir. No basta que alemanes participen para Francia en este oficio poco glorioso; a ellos se debe también que una propaganda perniciosa, incesantemente, sobre Alemania, su...