O LO N IA , 1 DE AGO STO . EN V E Z DE M O V IL IZ A R UN E JE R C IT O ,
por el momento la diplomacia rusa se ha limitado a enviar
a todas las embajadas rusas de Alemania una nota circular.
Esta nota encontró primero hospitalidad en el órgano oficial de la
Regencia del Imperio alemán en Francfort170 y más tarde le dispen
saron cordial acogida otros periódicos oficiales y oficiosos. Es algo
verdaderamente excepcional que el señor Nesselrode, ministro ruso
de Negocios Extranjeros, ejerza de este modo sus artes públicas de
estadista, y ello nos da una razón de mayor peso para examinar más
de cerca tales manejos.
En los tiempos felices anteriores a 1848, la censura alemana vela
ba porque no se publicara una sola palabra desagradable para el
gobierno ruso, ni siquiera bajo la rúbrica de Grecia o de Turquía.
Las funestas jornadas de Marzo han cerrado este camino, obli
gando a Nesselrode a convertirse en publicista.
Según él, c<la prensa alemana, cuyo odio se halla enfocado con
tra Rusia”, se ocupa de atribuir “las más infundadas motivaciones”
y de suscitar “los comentarios menos razonables” a las “medidas de
seguridad” tomadas en la frontera. Y después de esta suave intro
El órgano a que se refiere es la Frankfurter Oberpostamts-Zeitung, publicado de 1617 a
1866. Durante la revolución de 1848-1849, órgano del poder central provisional, del regente
del Reino y del gobierno del Imperio. La nota de Nesselrode a los embajadores rusos en los
Estados alemanes se publicó en el número 210 de este periódico, el 28 de julio de 1848.

ducción, se recarga el tono, del modo siguiente: ccLa prensa alema
na difunde diariamente las más abominables calumnias en contra
nuestra”. En seguida, se pasa a hablar de “furiosas declamaciones”,
“cabezas locas” y “pérfida malignidad”.
En el próximo proceso contra la prensa, podrá un fiscal alemán
adjuntar a su requistoria, como auténtico documento de cargo, la
nota rusa.
¿Y por qué hay que atacar a la prensa alemana, principalmente
a la prensa “democrática”, y de ser posible destruirla? ¡Sencillamen
te, porque no da crédito a las “intenciones tan generosas”, bien
intencionadas, a los “designios francamente pacíficos” del zar de
Rusia!
¿Cuándo ha tenido Alemania que quejarse de nosotros? —pregunta Nes
selrode, en nombre de su amo—. Mientras se mantuvo sobre el continen
te la dominación opresora de un conquistador, Rusia derramó su sangre
para ayudar a Alemania a mantener su independencia y su integridad.
Mucho tiempo después de la liberación del suelo ruso, Rusia seguía sos
teniendo a sus aliados alemanes en todos los campos de batalla de Eu
ropa.
Pese a sus numerosos y bien pagados agentes, hay que decir que
Rusia se equivoca de medio a medio si cree que recurriendo al
recuerdo de las llamadas guerras de liberación va a despertar sim
patías en el año 1848. ¿Y eso de que Rusia derramó su sangre por
nosotros, los alemanes?
Aun prescindiendo de que Rusia, antes de 1812, “ayudó a Alema
nia a mantener su independencia y su integridad” por el camino de
la alianza abierta y los tratados secretos con Napoleón,171 lo cierto
El 25 de julio de 1807 celebraron Napoleón I y el zar de Rusia su primera entrevista,
sin testigos, sobre una balsa cubierta en las aguas del río Niemen. En ella se iniciaron las
conversaciones de paz (desde 1806 Rusia formaba parte de la coalición de potencias contra
Napoleón) y se sentaron las bases para una alianza entre Francia y Rusia. En el Tratado de
Paz de Tilsit, el zar se adhirió al sistema continental de Napoleón y dio su consentimiento

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es que, más tarde, se resarció con creces de eso que llama su ayuda
mediante el robo y el saqueo. Su ayuda se la prestaba a sus aliados,
los príncipes, y su apoyo, pese a la proclama de Kalisch,172 iba diri
gido a los representantes del absolutismo “Por la gracia de Dios” y
en contra de un monarca emanado de la revolución. La Santa Alian
za173 y sus muy poco santas obras, los “bandidescos” congresos de
Karlsbad, Laibach, Verona,174 etc., las persecuciones ruso-alemanas
desencadenadas contra cualquier voz libre y toda la política segui
da desde 1815 y encabezada por Rusia, no eran precisamente como
para movernos a profunda gratitud. La dinastía de los Romanoff y
sus diplomáticos pueden estar tranquilos: esta deuda jamás será
olvidada por nosotros. Por lo que se refiere a la ayuda rusa en los
años 1814 y 1815, nos inclinamos a cualquier sentimiento menos al
de la gratitud, a la vista de un apoyo como aquél, pagado por los
subsidios de Inglaterra.
Y las razones de ello están, para cualquiera que se pare a pensar
un poco, al alcance de la mano. La victoria de Napoleón en Alema
nia habría quitado de en medio, con su conocida fórmula enérgica,
a no menos de tres docenas de paternales príncipes. La legislación
y la administración francesas habrían sentado una sólida base para
la unidad alemana y nos habrían ahorrado treinta y tres años de
vergüenza y la tiranía de la Dieta federal, que es natural que el señor
Nesselrode ponga por las nubes. Dos o tres decretos napoleónicos
habrían barrido toda la basura medieval, los diezmos y prestaciopara que éste se anexionara importantes territorios de la Monarquía alemana. En la entre
vista de Erfurt (septiembre-octubre de 1808), se renovó la alianza entre Napoleón y el zar.
172 Llamamiento a los alemanes: esta proclama fue acordada en la ciudad polaca de Kalisch
el 13 de marzo de 1813. En ella el zar y el rey de Prusia hacían un llamado a los alemanes para
luchar contra Napoleón, prometiéndoles, lo cual era mentira, la libertad y la independencia.
173 Santa Alianza: agrupación de potencias reaccionarias (Inglaterra, Prusia, Rusia, Aus
tria) contra la Francia napoleónica, de la cual era vencedora, y en general de todos los movi
mientos democráticos y progresistas en Europa. La Santa Alianza fue fundada el 26 de sep
tiembre de 1815 por iniciativa del zar Alejandro I. Tiempo después, prácticamente todos los
Estados reaccionarios de Europa formaban parte de ella. Los monarcas quedaban obligados
a prestarse apoyo mutuo a fin de sofocar las insurrecciones populares dondequiera que éstas
estallaran.
174 Véase supra, nota 143.

nes personales, los privilegios y exenciones, toda esa morralla feu
dal y ese patriarcalismo que todavía hoy seguimos arrastrando en
todos y cada uno de los rincones de nuestro suelo patrio. El resto
de Alemania se hallaría desde hace ya mucho tiempo al mismo nivel
que la orilla izquierda del Rin alcanzó poco después de la primera
Revolución francesa. Si las cosas hubiesen tomado ese rumbo, ya
no habría en nuestro país señores feudales ni una Vendée175 pomerania, ni tendríamos por qué seguir respirando el aire corrompido
de las charcas “histórica” y “cristiano-germánica”.176
Pero Rusia es magnánima. Aunque no se le agradezca, su empe
rador sigue dispensándonos, como a primera hora, “sus designios
tan generosos como bien intencionados”. Más aún, “ni las ofensas
ni los retos han conseguido hacer cambiar nuestros sentimientos?
(los de Rusia).
Estos sentimientos se manifiestan, por el momento, en una
“actitud pasiva y expectante”, en la que Rusia ha llegado, induda
blemente, a un gran virtuosismo. Sí, Rusia sabe esperar hasta que
cree llegado el momento oportuno. A pesar de los enormes movi
mientos de tropas que se han producido en Rusia desde el mes de
marzo, el señor Nesselrode tiene la ingenuidad de decirnos que las
tropas rusas han permanecido todo el tiempo “inmóviles en sus
acantonamientos”. Pese al grito clásico de “¡Y ahora, señores, a ensi
llar los caballos!”;177 pese al íntimo desahogo cordial y de bilis de
175 Vendée: provincia francesa en la cual, durante los tiempos de la Revolución francesa,
en la primavera de 1793, estalló una insurrección contrarrevolucionaria acaudillada por la
nobleza y apoyada en los campesinos de la región, una de las más atrasadas y conservadoras
de toda Francia. Así pues, Vendée es sinónimo de un movimiento o corriente contrarrevolu
cionarios.
176 En este pasaje, atribuyen Marx y Engels una importancia especial al carácter dual de
las guerras de liberación de 1813 a 1813, en el que la lucha nacional de liberación de las masas
del pueblo se destaca en contra de la política rapaz de Napoleón I, encabezada por los
príncipes y terratenientes para poner en pie las relaciones feudales de Europa o restaurarlas,
cuando ello era posible. Marx y Engels subrayaban aquí, ante todo, el aspecto y las conse
cuencias reaccionarias (odio contra la Revolución francesa, falta de iniciativa en la lucha
contra los opresores de dentro, fraccionalismo, etc.), descargando con ello un golpe contra
la historiografía prusiana reaccionaria.
177 Se cuenta que, ál recibir la noticia de la revolución de Febrero en Francia, el zar Nico-

que el ministro de Policía de Abramowicz se dejó llevar en Varsovia
contra el pueblo alemán; pese, o más bien, en razón a las amenaza
doras y eficaces notas expedidas desde Petersburgo, el gobierno ruso
se ha guiado y sigue guiándose por sentimientos de “paz y reconci
liación”. Rusia se mantiene en posición “francamente pacífica y
defensiva” En la circular de Nesselrode, Rusia es la paciencia mis
ma y un corderito manso e inofensivo, que afronta sin chistar las
ofensas y los insultos.
Vamos a enumerar algunos de los desafueros cometidos por Ale
mania que se señalan en la nota, i) “Sentimientos de hostilidad”, y
2) “fiebre de transformaciones en toda Alemania”. ¡Ante tanta bene
volencia de parte del zar, Alemania muestra sentimientos “hosti
les”! ¡Qué ofensa para el corazón paternal de nuestro amado parien
te! ¡Y, por si ello fuera poco, esa maldita enfermedad que es la “fiebre
de transformaciones” ! Esta es, en realidad, la primera monstruosi
dad de todas, aunque aquí figure en el segundo lugar. Rusia nos
obsequia de vez en cuando con otra enfermedad, con el cólera. ¡Pero
no es lo mismo! Aquella “fiebre de transformaciones”, además de
ser contagiosa, llega con frecuencia a extremos tan peligrosos, que
fácilmente puede obligar a señores muy encumbrados a emprender
el viaje hacia Inglaterra.178 ¿Acaso sería la “fiebre de transformacio
nes” declarada en Alemania una de las razones que disuadieron a
Rusia de intervenir, en los meses de marzo y abril? 3) Crimen: el
Preparlamento de Francfort179 presentó como una necesidad de los
tiempos la guerra contra Rusia. Y lo mismo se hizo en los clubes y
en los periódicos, cosa tanto más imperdonable cuanto que, según
los preceptos de la Santa Alianza y los tratados posteriores concer
tados entre Rusia, Austria y Prusia, los alemanes no debemos derra
mar nuestra sangre en nuestro propio interés, sino solamente en
lás I se dirigió a los oficiales de su ejército, durante un baile de la corte, diciéndoles: “ ¡Seño
res, a ensillar, los caballos, pues en Francia ha estallado la revolución!”
178 Se alude aquí a la huida hacia Inglaterra del príncipe heredero de Prusia (véase supra,
nota 47).
179 Véase supra, nota 5.

interés de los príncipes. 4) En Alemania, se ha hablado de la restau
ración de la vieja Polonia dentro de sus verdaderas fronteras de
1772.180 ¡Una tanda de latigazos con el Knut, y luego a Siberia! Pero
no, pues cuando Nesselrode escribió su circular aún no conocía la
votación recaída en el Parlamento de Francfort sobre el asunto de
la anexión de Posen.a El Parlamento se ha encargado de lavar nues
tras culpas, y una sonrisa dulce e indulgente se dibuja ahora en los
labios del zar. 5) Crimen en Alemania: “su deplorable guerra contra
una monarquía nórdica”.181 Por este desafuero, habida cuenta del
buen éxito que ha tenido la amenazadora nota de Rusia, del rápido
repliegue del ejército alemán obedeciendo órdenes de Postdam y
de la declaración emitida por el embajador de Alemania en Copen
hague explicando los verdaderos motivos y la finalidad real de la
guerra,182 se suaviza el castigo que Alemania merece. 6) “Descarada
predicación de una alianza defensiva y ofensiva entre Alemania y
Francia.” 7) Y último: “La acogida dispensada a los fugitivos pola
cos, a quienes se les ha permitido viajar gratis en los ferrocarriles, y
la insurrección de Posen”.183
Si a los diplomáticos y demás personas competentes no se les
hubiese conferido el don de la palabra precisamente “para ocultar
sus pensamientos”, no cabe duda de que Nesselrode y el pariente
Nicolás nos abrazarían jubilosamente y nos darían las gracias por
haber tentado a marchar hacia Posen a tantos polacos residentes en
Francia, Inglaterra, Bélgica, etc., expeliéndolos con todas las facili
dades hacia el lugar en que habrían de ser abatidos a tiros y a caño
nazos, marcados con la piedra infernal, pasados a cuchillo, devuel180 En el año 1772 fue llevado a cabo el llamado primer reparto de Polonia, entonces un
territorio de grandes proporciones, entre las potencias de Prusia, Austria y Rusia.
a Véase infra, pp. 227 y ss.
181 Se hace referencia aquí a la guerra surgida entre Prusia y Dinamarca a raíz de los duca
dos de Schleswig y Holstein, en la región holsaciana (véase supra, nota 23).
182 En una nota entregada al gobierno danés por un agente secreto del rey de Prusia, se
decía que la guerra de los ducados de Schleswig y Holstein se proponía en realidad “comba
tir a los elementos radicales y republicanos en Alemania”, aunque el gobierno prusiano se
negó a reconocer esta comprometedora declaración.
183 Véase supra, nota 42.

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tos con las cabezas rapadas, etc., mientras por otra parte eran total
mente exterminados en Cracovia, dentro de lo posible, por un bom
bardeo a traición.
¿Y ante estos siete pecados capitales de Alemania, Rusia sigue
manteniéndose a la defensiva, sin pasar al ataque? Sí, así es, y eso es
lo que mueve al diplomático ruso a pedir al mundo que muestre su
admiración por el pacifismo y la moderación de su emperador.
Según el señor Nesselrode, la línea de conducta del zar de Rusia, “de la
que, hasta ahora, no se ha apartado ni un momento” es la de “no inmis
cuirse para nada en los asuntos internos de los países que deseen cambiar
su organización, sino dejar a los pueblos en perfecta libertad sin oponer
por su parte el menor obstáculo a los experimentos políticos y sociales
que quieran emprender, ni atacar a ninguna potencia por la que no se vea
atacado; pero rechazando resueltamente, eso sí, cuanto atente contra su
propia seguridad interior y velando porque cualquier perturbación o des
trucción del equilibrio territorial en cualquier punto no lesione nuestros
legítimos intereses”.
La nota rusa se olvida de aducir algunos ejemplos ilustrativos.
Después de la revolución de Julio, el zar concentró un ejército en la
frontera occidental para hacer ver prácticamente a los franceses, en
alianza con sus leales dentro de Alemania, cómo dejaba £<a los pue
blos en perfecta libertad para emprender los experimentos políticos
y sociales que desearan”. Y si se vio estorbado en esta línea de con
ducta, no fue por culpa suya, sino por culpa de la revolución polaca
de 1830,184 que imprimió a sus planes otra orientación. Es el mismo
modo de proceder que observamos poco después en los casos de
España y Portugal. Testimonios de ello los tenemos en el apoyo franRevolución polaca de 1830: el 29 de noviembre de ese año estalló en Varsovia una insu
rrección contra el yugo extranjero zarista, a la que se adhirieron muchos campesinos pola
cos, quienes creían alcanzar con ello, además de la emancipación nacional, las libertades
sociales y económicas. Sin embargo, la dirección del movimiento se hallaba en manos de la
nobleza polaca, la cual no pensaba ni remotamente en emancipar a los campesinos ni entre
garles la tierra, sino solamente en afirmar sus propios derechos frente al zar.

co y encubierto prestado a don Carlos185 y a don Miguel186 y sabido
es que, cuando a fines de 1842, el rey de Prusia se disponía a otor
gar una especie de Constitución por estamentos, interpretando del
modo más bondadoso cómo entendía él el terreno “histórico”, tan
certeramente plasmado en las cartas-patentes de 1847,187 fue Nico
lás quien se opuso seriamente a ello, privándonos así a los “cristia
no-germanos” de la alegría de vivir varios años bajo el régimen de
un estatuto paternal. Sin duda porque, como afirma Nesselrode,
Rusia jamás se inmiscuye en la organización interior de otro país.
¿Y para qué hablar de Cracovia? Recordemos simplemente la últi
ma de las pruebas de la “línea de conducta” seguida por el zar. Los
valacos derriban al viejo gobierno e implantan un nuevo gobierno
provisional. Tratan de hacer cambiar todo el sistema antiguo y de
gobernarse siguiendo la pauta de los pueblos civilizados. Pues bien,
“para no poner el menor obstáculo a los experimentos políticos y
sociales que quieran emprender”, un cuerpo de tropas rusas invade
el país.188
A la vista de estos antecedentes, cualquiera podía suponer cómo
habría de aplicarse a Alemania esta “línea de conducta”. Pero la nota
rusa nos ahorra el trabajo de extraer por nuestra cuenta las conclu
siones. He aquí lo que nos dice:
Mientras la C on federación, cualquiera que sea la n u eva fo rm a que pueda
darse, deje intangibles a los Estados vecinos y no pretenda extender por la
185 Véase supra, nota 145.
186 Véase supra, nota 144.
187 Patente de 1847: se trata de la “patente relativa a las instituciones de los estamentos” al
“Decreto sobre la creación de la Dieta Unificada” y al “Decreto sobre la agrupación periódi
ca del Comité extranjero unido y sus facultades”, los tres del 3 de febrero de 1847. El rey, en
estos decretos, se remitía a las leyes sobre las representaciones por estamentos dictadas en
Prusia en los años veinte a cuarenta del siglo xix.
188 En junio de 1848 se creó en la Valaquia (Bucarest) después de la fuga del príncipe
Bibesko, por las fuerzas liberales, un gobierno provisional que implantó una serie de refor
mas burguesas y una Constitución de tipo europeo, aspirando además a llegar a un acuerdo
con los turcos. Después de esto, el 10 de julio, un cuerpo del ejército ruso cruzó el río Put. Al
mismo tiempo, el gobierno zarista logró mover a Turquía a destinar cierto número de tropas
para luchar contra el movimiento de liberación en esta región.

fuerza las fronteras de su demarcación o imponer su legítima competen
cia más allá de los lím ites que los tratados le marcan, el emperador respe
tará también su independencia interior.
Más claro es el segundo de los pasajes pertinentes:
Si Alemania logra realmente resolver el problema de su organización sin
quebranto de su paz interior y sin que las nuevas formas impresas a su
nacionalidad sean de tal naturaleza que pongan en peligro la paz de otros
Estados, le desearemos sinceramente el mayor éxito, por las mismas razo
nes por las que apetecíamos verla fuerte y unida bajo sus formas políticas
anteriores.
Pero el más claro e inequívoco de todos es el siguiente pasaje, en
el que la circular habla de los incansables esfuerzos de Rusia por exhor
tar a la concordia y a la unidad de Alemania y por mantenerlas:
N o nos referim os —dice— claro está, a cu alqu ier u n id a d m a te ria l con la
que hoy sueña una dem ocracia niveladora y ávida de expansión y con la que,
si pudiese poner en práctica las ambiciosas teorías con arreglo a las cuales
la concibe, colocarían a Alemania, más temprano o más tarde, infalible
mente, en estado de guerra con todos los Estados vecinos, sino a la u n i
d ad m o ra l a la sincera coincidencia de propósitos e intenciones que la
animan en todas las cuestiones políticas que la Confederación alem ana tie
ne que ventilar hacia el exterior.
A m a n ten e r esta u n id a d y a estrechar los lazos que unen entre sí a
los gobiernos de Alemania, es a lo que aspira nuestra política.
Lo que entonces queríamos es lo que queremos también hoy.
El gobierno ruso está cordialmente dispuesto, como vemos por
el párrafo anterior, a permitirnos la unidad moral de Alemania,
pero no la unidad material, no la sustitución del anterior régimen
de la Dieta federal por otro basado en la soberanía del pueblo y en la
existencia de un poder central que sea algo más que una mera apa-

rienda, que gobierne de un modo real y efectivo. ¡Qué magnani
midad!
“Lo que entonce — es decir, antes de febrero de 1848— quería
mos es lo que queremos también hoy.”
Es ésta, en la nota rusa, la única frase de la que nadie dudará.
Nos permitimos, sin embargo, hacer notar al señor Nesselrode que
el querer algo y el realizarlo no siempre son una y la misma cosa.
Los alemanes saben ahora a ciencia cierta qué pueden esperar
de Rusia. Rusia adoptará ante nosotros una actitud “francamente
pacífica” mientras se mantenga en pie el viejo sistema, aunque la
fachada se revoque con colores modernos, o si, después de haber
nos apartado, bajo “la embriaguez y la exaltación del momento”, de
los cauces rusos e “históricos”, volvemos a encarrilarnos sumisa
mente por ellos.
Las condiciones existentes dentro de Rusia; el azote del cólera; las
insurrecciones parciales producidas en algunos distritos; la revolu
ción maquinada en Petersburgo, pero impedida a su debido tiempo;
el complot urdido en la ciudadela de Varsovia y el terreno volcánico
sobre el que descansa el reino de Polonia,189 son todas, indudable
mente, circunstancias que han contribuido a las benevolentes y “gene
rosas intenciones” del zar con respecto a Alemania.
Pero no cabe duda de que sobre el “sistema pasivo y expectan
te” del gobierno ruso ha influido todavía más poderosamente el
curso que hasta ahora han llevado los acontecimientos en la misma
Alemania.
¿Acaso Nicolás habría podido velar personalmente por sus inte
reses, ejecutar más rápidamente sus designios mejor de lo que has
ta ahora se ha venido haciendo en Berlín-Postdam, en Insbruck, en
Las graves dificultades económicas (malas cosechas generalizadas) y diversas catástro
fes (el cólera y los incendios devastadores) provocaron en Rusia, en la primavera y el verano
de 1848, un auge del movimiento campesino, los llamados “disturbios del cólera en Peters
burgo y Riga”, y levantamientos populares en algunas regiones. Uno de los focos más impor
tantes de agitación revolucionaria era la parte rusa de Polonia, donde el movimiento presen
taba un carácter nacional y era atizado por la insurrección producida en el Gran Ducado de
Posen (véase supra, nota 42).

Viena y en Praga, en Francfort, en Hanover y casi en cada apacible
rincón de nuestra patria, en la que vuelve a imperar la unidad moral
predicada por Rusia? ¿Acaso no han trabajado en Posen Pfuel (el
de la Piedra infernal),190 Colomb y el general de los shrapnels,h como
Windischgrátz en Praga, de la manera apetecida para que el cora
zón del zar pueda rebosar de gozo? ¿Acaso no recibió Windis
chgrátz, a través de Potsdam y de manos del joven señor Meyendorf, una brillante y elogiosa carta de Nicolás? ¿Y dejan algo que
desear a Rusia los señores Hansemann, Milde y Schreckenstein en
Berlín, o los Radowitz, los Schmerling y los Lichnowski en Franc
fort? ¿No es un bálsamo para mitigar muchos dolores del reciente
pasado la actuación de los Biedermann y los Bassermann en el Par
lamento de Francfort? En estas condiciones, es evidente que la
diplomacia rusa no necesitaba lanzar sobre Alemania ningún ejér
cito invasor. Tiene toda la razón al pensar que le bastaba y le basta
con su “sistema pasivo y expectante” y con la nota que acabamos
de comentar.
[Neue Rheinische Zeitung, núm. 64,3 de agosto de 1848]
Por orden del general prusiano Pfuel, se raparon las cabezas de los príncipes prisione
ros de la insurrección de Posen en 1848 y se les frotó con piedra infernal las manos y las ore
jas. De allí el apodo de “Piedra infernal” que se daba a este general.
b Hirschfeld.