Los rusos
[“Neue Rheinische Zeitung”, núm. 279,
del 22 de abril de 1849]

* Colonia, 21 de abril. Cuando hace casi once meses la “Neue Rheinische Zeitung” empezó a publicarse, fue el primer periódico que señaló la concentración de los ejércitos rusos en nuestra frontera oriental. Entonces más de un ciudadano virtuoso habló de exageración, de alarmismo innecesario, etc.

Se ha visto si habíamos exagerado o no. Los rusos, que al principio se limitaban a cubrir sus fronteras, se han orientado hacia la ofensiva en la misma medida en que triunfaba la contrarrevolución. La victoria de junio en París los llevó a Jassy y Bucarest; la caída de Viena y Pest, a Hermannstadt y Kronstadt.

Hace un año, Rusia estaba desprevenida; entonces, en el primer pánico terror ante la omnipotencia de la revolución repentina, era fácil expulsar a los 30.000‑40.000 rusos de Polonia y fundar una Polonia libre. Se les exhortó a ello, pero no se quiso. Se dio tiempo a los rusos para armarse, y ahora —del Niemen al Danubio y al Aluta— nos rodea un ejército ruso de 500.000 a 600.000 hombres. A lo largo de la frontera prusiana, según la “Ostsee‑Zeitung”, hay solo unos 150.000 hombres; el resto se encuentra en el interior, en la frontera de Galitzia, en Moldavia y Valaquia, en Lituania, Podolia y Volinia, en las fortalezas de Nowo‑Georgiewsk (Modlin), Brest‑Litewski, Demblin y Zamose, las cuales, según la “Ostsee‑Zeitung”, tienen depósitos de armas y reservas para 250.000 hombres.

El mismo periódico escribe:

«El establecimiento de almacenes de víveres se lleva a cabo mediante bonos obligatorios, en virtud de los cuales cada propietario territorial debe entregar una cierta cantidad de productos naturales que han de servir para el abastecimiento del ejército. El año próximo estos bonos serán aceptados en pago de impuestos. De ahí la noticia difundida hace algún tiempo de que el gobierno ruso habría hecho cobrar en Polonia los impuestos de un año por adelantado.»

Lo que ocurre con la aceptación de estos bonos nos lo explica otra fuente.

Los propietarios de fincas en Polonia tuvieron que hacer a finales del año pasado y comienzos de éste enormes suministros, pero se los contabilizaron en los impuestos; se creyó que con eso quedaba todo saldado, pero ahora tienen que pagar los impuestos hasta fin de este año por adelantado.

Ya se ve por este método de abastecimiento forzoso las masas terribles de tropas rusas que deben estar acumuladas en Polonia.

Otro periódico, la “Zeitung des Ostens” de Posen, comunica desde Posen, con fecha 13 de abril:

«Cifra de las tropas rusas en el oeste: En el Reino se halla el cuerpo de Rüdiger —la mitad del cuarto cuerpo de Rüdiger junto con reservas—, en total unos 120.000 hombres. En Lituania está el llamado cuerpo de granaderos (antes de Szachowski) y una parte del primer cuerpo. La Guardia debe llegar más tarde —desde hace meses se habla de su llegada. En Volinia, donde se encuentra el cuartel general en Dubno, está el resto del cuarto regimiento de Czegodajew. Cerca de Kiew hay un segundo cuerpo auxiliar; cerca de Krzemieniec, un cuerpo móvil (Pawlow), de unos 6.000 a 8.000 hombres de fuerza, y por último, en Moldavia y en Valaquia, se encuentra el cuerpo de Lüders, de hasta 65.000 hombres.»

Lo que estas tropas tienen que buscar allí, lo confiesan ellos mismos con gran ingenuidad:

«Los rusos de a pie, así como los oficiales, son menos reservados en sus conversaciones. Es digno de notar que a la pregunta de por qué están en la frontera, todos dan una y la misma respuesta, a saber, la siguiente: Nuestro emperador es cuñado del rey de Prusia. Después de que los franceses fueran vencidos por los rusos en la gran guerra, toda la tierra hasta París pertenecía al emperador; él transfirió la administración a varios pequeños knäses (príncipes) alemanes y nombró a su cuñado, el knäs de Prusia, gobernador militar supremo. Ahora los franceses y los alemanes se han rebelado, y entonces los knäses alemanes y el gobernador supremo pidieron ayuda al emperador, y por eso estamos ahora aquí en la frontera; si no se restablece pronto la tranquilidad, cruzaremos y pondremos orden.»

No contento con esto, el emperador Nicolás ordena que en la franja occidental del imperio se realice un nuevo reclutamiento de 8 hombres por cada mil. Se adjunta una lista según la cual los reclutas han de ser levantados en 21 gobernaciones.

Así está la cosa al otro lado de la frontera. Medio millón de bárbaros armados y organizados solo espera la ocasión de caer sobre Alemania y convertirnos en siervos del Prawoslawny‑Zar, del zar ortodoxo.

Exactamente como ya una vez Transilvania fue ocupada por los rusos, como ahora se pide directamente la entrada de 30.000 hombres allí mismo y de otros 30.000 rusos por Galitzia, exactamente como los serbios del Banato imploran también la ayuda del Prawoslawny‑Zar, así sucederá aquí. Llegaremos aún a que el gobierno y la burguesía llamen a los rusos al país, como ha ocurrido hace poco en Transilvania. Y a eso tenemos que llegar. La victoria de la contrarrevolución vienesa y berlinesa no nos ha bastado todavía. Pero cuando Alemania haya probado una vez el knut ruso, se comportará de otra manera.

Los rusos son los verdaderos liberadores de Alemania, dijimos en junio del año pasado.* Repetimos esto también hoy, y hoy ya no somos los únicos que lo decimos.


* Véase el tomo 5 de nuestra edición, pág. 79
28 Marx/Engels, Obras, t. 6