COLONIA, 2 6 DE AGOSTO. AYER NOS VIMOS CONDENADOS A OÍR A
un literato, el señor Wilhelm lordan, de Berlín, verter toda
una serie de tonterías políticas en torno a la historia univer
sal. El destino nos persigue inexorablemente. Estamos condenados
hoy a una suerte parecida: se diría que la gran conquista de Marzo
consiste en que los literatos se dediquen, como tarea exclusiva, a
escribir de política.
El señor Levin Schücking, de Münster, que es la cuarta o quinta
rueda en el carro de anuncios del señor Dumont, ha publicado en la
Gaceta de Colonia250 un artículo sobre “Nuestra política en Italia”.
Y ¿qué es lo que dice “mi amigo Levin, el de los ojos espec
trales?”251
Alemania no ha contado con ningún momento m ás fa v o ra b le que el
actual para colocar su política con respecto a Italia sobre una base sana y
llamada a durar a través de los siglos. Hemos lavado gloriosamente (¡gra
cias a la traición de Carlos Alberto!) la mancha que había hecho caer sobre
nuestras banderas un pueblo que afortunadamente se deja llevar con faci
lidad por la suerte, cuando ésta le favorece. A la cabeza de un ejército
admirable no sólo en la lucha y en la victoria, sino también en la resisten
cia y en la perseverancia, B a rb a b la n ca ha plantado la gloriosa águila bicé250 Véase supra, nota 43.
251 Se hace referencia al poema “La rosa”, de Ferdinand Freiligrath.

i*
fala alemana (!?) sobre los parapetos de la ciudad sublevada, donde hace
más de seiscientos años el Barbarroja imperial había hecho flotar la mis
ma bandera como símbolo de la soberanía de Alemania sobre Italia. Esta
soberanía sigue siendo hoy nuestra.
Así se expresa el señor Levin Schücking, de la Gaceta de Colonia.
Cuando los croatas y panduros252 de Radetzky, después de cinco
días de lucha, fueron expulsados por un pueblo inerme,253 cuando
aquel “admirable ejército” derrotado en Goito se retiró a Verona, la
lira política de “mi amigo Levin, el de los ojos enigmáticos”, guar
dó silencio. Pero de entonces acá, el ejército austriaco, reforzado
por la traición tan cobarde como torpe de Carlos Alberto —trai
ción que nosotros hubimos de pronosticar innumerables veces— ,
alcanzó una victoria inmerecida; y vuelven a salir a escena los publi
cistas vecinos haciendo sonar sus trompetas acerca de la “mancha
lavada” y, aventurándose a establecer paralelos entre Federico Bar
barroja y Radetzky Barbablanca, la más gloriosa revolución de todo
1848 es solamente una “ciudad sublevada” y a nosotros, a quienes
nunca ha pertenecido nada, nos pertenece ahora “la soberanía
sobre Italia”.
“¡Nuestras banderas!” Los trapos negro-amarillos de la reacción
de Metternich, pisoteados en Viena: ¡he ahí las banderas del señor
Schücking y de la Gaceta de Colonial
“ ¡La gloriosa águila bicéfala alemana!” El mismo monstruo
heráldico al que la revolución armada arrancó las plumas en lemappes, en Fleurus, en Millèsimo, en Rivoli, en Neuwied, en Maren
go, en Hohenlinden, en Ulma, en Austerlitz, en Wagran:254 ¡he ahí
252 Véase supra, nota 83.
253 Véase supra, nota 82.
254 Se alude aquí a muy diversas batallas entre 1792 y 1809 de austríacos y franceses en las
cuales el ejército austríaco sufrió serias derrotas: cerca de Jemappes, el 6 de noviembre de 1792;
cerca de Fleurus, el 26 de junio de 1794; cerca de Milléssimo, el 13-14 de abril de 1796; cerca de
Rívoli, el 14-15 de junio de 1797; cerca de Neunwied, el 18 de abril de 1797; cerca de Marengo, el
14 de junio de 1800, cerca de Hohenlinden, el 3 de diciembre de 1800; cerca de Ulma, el 17 de

el “glorioso” Cancerbero del señor Schücking de la Gaceta de
Colonial
Cuando los austríacos fueron derrotados, se les llamaba parti
darios del Sonderbund255 y se les tildaba casi de traidores a la patria;
desde que Carlos Alberto ha caído en la celada, desde que han avan
zado hasta el Ticino, vuelven a ser “alemanes”, somos “nosotros”
quienes hemos llevado a cabo todo esto. No nos oponemos a que
la Gaceta de Colonia haya arrancado las victorias de Volta y Custozza
y conquistado Milán;256 pero, al hacerlo, asume también la respon
sabilidad por las tan conocidas brutalidades e infamias de aquel
ejército bárbaro “tan admirable en la resistencia como en la adver
sidad”, de la misma forma que, en su tiempo, asumió la responsa
bilidad por la matanza de la Galizia.
Esta soberanía todavía nos pertenece. Italia y Alemania son naciones uni
das en un vínculo común por la naturaleza y la historia, naciones que,
providencialmente, forman una unidad, que se hallan entrelazadas como
la ciencia y el arte, el pensamiento y el sentimiento.
¡Como el señor Brüggemann y el señor Schücking!
¡Precisamente por ello, alemanes e italianos han guerreado unos
contra otros, desde hace 2 000 años; precisamente por ello, los ita
lianos han sacudido siempre, una y otra vez, el yugo alemán; preci
samente por ello, la sangre alemana ha teñido con tanta frecuencia
octubre de 1805, cerca de Austerlitz, el 2 de diciembre de 1805, y cerca de Wagram, el 5-6 de
julio de 1809.
255 Sonderbund: la disolución de la Liga de los siete cantones suizos económicamente
rezagados y católicos que, en 1843, con el propósito de resistir a las reformas burguesas pro
gresistas en Suiza, hubieron de consolidar los privilegios de la Iglesia jesuita. El acuerdo de la
Confederación suiza en julio de 1847 sobre la resolución del Sonderbund ofreció el motivo, a
principios de noviembre de ese año, para iniciar acciones militares contra estos cantones. El
23 de noviembre, el ejército del Sonderbund habría de ser derrotado por las fuerzas del go
bierno de la Confederación (véase el artículo “La guerra civil suiza”, en Federico Engels,
Escritos de juventud, “Obras Fundamenales de Marx y Engels”, t. 2,1987, pp. 656 y ss.).
256 El 25 de julio de 1848, en Custozza, y el 27 de julio, cerca del Volta, el ejército austríaco,
bajo el mando de Radetzky, rompió hostilidades contra el ejército de Cerdeña y Lombardía,
logrando así derrotarlo; el 6 de agosto, Radetzky tomó la ciudad de Milán.

las calles de Milán, seguramente para probar así que Alemania e
Italia se hallan “providencialmente unidas”!
¡Y precisamente por eso, porque Italia y Alemania “se hallan
entrelazadas”, Radetzky y Welden han tenido que bombardear y
saquear todas las ciudades venecianas!
Mi amigo Levin, el de los ojos espectrales, nos dice ahora que
debemos abandonar Lombardía hasta las orillas de Adige, pues el
pueblo no nos quiere, aunque unos cuantos pobres cittadini (así
escribe el erudito señor Schücking para referirse a los contadini, a
los campesinos) reciban jubilosos a los austríacos. Pero, si quere
mos comportarnos como un “pueblo libre”, “esas tierras nos alar
garán con gusto la mano para ser encaminadas por nosotros por la
senda que ellas solas no pueden recorrer, por el camino que lleva
hacia la libertad”.
¡Así son las cosas! Italia, que ha sabido conquistar la libertad de
prensa, el tribunal del jurado y la Constitución antes de que Ale
mania despertara del más podrido de los sueños; Italia, que ha
impuesto en Palermo la primera revolución del año actual; Italia,
que sin armas ha vencido en Milán a los “insuperables austríacos”,
Italia no puede, según se nos dice, marchar por el camino de la
libertad sin ser guiada por Alemania, es decir, ¡por un Radetzky!
Y así sería, claro está, siempre y cuando para marchar hacia la liber
tad fueran necesarios una Asamblea como la de Francfort, un poder
central que nada tiene que decir, treinta y nueve federaciones autó
nomas y, además de todo lo anterior, la Gaceta de Colonia.
Pero, basta. Para que los italianos “se dejen guiar hacia la liber
tad” por los alemanes, el señor Schücking retiene el Tirol de los
güelfos y la región veneciana, para conceder estos territorios en feu
do a un archiduque austríaco, y envía a “Roma a 2 000 hombres de
las tropas del Reich en el sur de Alemania para devolver la paz en
su propia casa al Vicario de Cristo”.
Pero, desgraciadamente:

Las tierras pertenecen a rusos y franceses,
El mar es propiedad de los britanos;
Pero nosotros poseemos el dominio indisputado
En el reino aéreo de los sueños.
Allí ejercemos nuestra hegemonía
Nadie, allí, puede desmembrarnos;
Los otros pueblos, en cambio,
Se han desarrollado sobre las tierras llanas.257
Allá arriba, en el reino aéreo de los sueños, nos pertenece tam
bién í£la supremacía sobre Italia”. Nadie sabe esto mejor que el señor
Schücking. Después de haber desarrollado, en provecho y para bien
del Imperio alemán, la valiente política de la soberanía, este señor
concluye, entre suspiros:
Una política grande y generosa, digna de una potencia como lo es el
Imperio alemán, nunca ha existido entre nosotros más que de una
manera fantástica y así seguirá ocu rrien do tam bién en lo sucesivo.
Recomendamos al señor Schücking para portero y guardián de
fronteras del honor de Alemania en la cumbre del Stilfser Joch.258
Desde lo alto, podrá el folletón acorazado de la Gaceta de Colonia
atalayar toda Italia y velar por que no se pierda ni el menor título
de “supremacía de Alemania sobre Italia”. Solamente entonces podrá
Alemania dormir tranquila.
[Neue Rheinische Zeitung, núm. 87, 27 de agosto de 1848]
257 Tomado de Heinrich Heine, Alemania. Cuento de invierno, cap. v i i.
258 Engels hace referencia, como en otras ocasiones, a lo que ha llamado “burgués de
empalizada” (véase supra, nota 3).