La Dieta de las ciudades renanas

[«Neue Rheinische Zeitung»
núm. 289, del 4 de mayo de 1849]

* Colonia, 3 de mayo. El Congreso de los concejos municipales renanos tendrá lugar, bajo una forma menos oficial, así y todo, y precisamente el próximo martes.

Se comprende por sí mismo que no nos prometemos absolutamente nada de esta asamblea de burgueses, elegida según tres clases censitarias y en cuya elección fue excluida la masa del pueblo. Se enviará una diputación a Berlín, a la que el señor von Hohenzollern ni siquiera le concederá audiencia.

Quizás, no obstante, el congreso ni siquiera llegue a celebrarse. El domingo tienen lugar aquí, en Colonia, diversos congresos de partido. El gobierno intenta a toda costa provocar un conflicto del pueblo con el ejército, para poder amordazarnos a nosotros, los renanos, tal como se ha amordazado a los berlineses.

De los obreros de Colonia depende frustrar este fino plan prusiano. Mediante una conducta tranquila, mediante una indiferencia inconmovible frente a todas las provocaciones del ejército, los obreros de Colonia pueden quitar al gobierno todo pretexto para dar pasos violentos.

Se avecinan acontecimientos decisivos. Viena, Bohemia, el sur de Alemania, Berlín fermentan y aguardan el momento propicio. Colonia puede colaborar, colaborar muy vigorosamente, pero no puede iniciar un golpe decisivo.

Ojalá los obreros de Colonia, especialmente el próximo domingo, tomen en consideración que todas las provocaciones del gobierno apuntan únicamente a un estallido que se produzca para nosotros en el momento desfavorable y para el gobierno en el momento favorable.

Sólo con grandes acontecimientos se pueden hacer revoluciones; pero si se recogen los desafíos del gobierno, a lo sumo se llega a una revuelta.

¡Obreros de Colonia, acordaos del 25 de septiembre!

Escrito por Friedrich Engels.

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[El tercero en la alianza]

[«Neue Rheinische Zeitung»,
núm. 289, del 4 de mayo de 1849, suplemento]

* Colonia, 3 de mayo. Hemos señalado cien veces el hecho de que el señor von Hohenzollern y su ministerio son, en la coalición de Rusia y Austria, «el tercero en la alianza»[3951] es. Cien veces el honrado ciudadano alemán ha rechazado airadamente semejante cosa.

Pues bien; ahora consta que, entre las causas secretas de la disolución de la Cámara[?], también estaba ésta: que, según un tratado secreto con el knés de Olmütz[1] y el Muy Alto Zar ortodoxo de San Petersburgo[2], el sub-knés ruso en Sanssouci[3] se ha comprometido a apostar 40 000 hombres de Prusia en Bohemia para mantener sojuzgado al pueblo y como reserva contra los húngaros. Hasta en la Paulskirche se ha hablado abiertamente de esto. A callarlo no se pudo mover ni siquiera al Centro y a una parte de la derecha en Berlín. Así, pues, se los echó fuera.

Y no basta con eso: el «National-Zeitung» de Berlín escribe desde Berlín con fecha del 1.º de mayo:

«[234] Acabamos de saber de fuente enteramente fidedigna: “Ayer por la mañana, la dirección del ferrocarril de la Alta Silesia recibió del ministro del Interior el siguiente telegrama: que 30 000 hombres de tropas rusas serían transportados desde Cracovia, sirviéndose del ferrocarril de la Alta Silesia (es decir, de Cracovia vía Mislowitz, Kosel, Ratibor, Oderberg) hacia Austria. Se comunica a la dirección del ferrocarril de la Alta Silesia que el Real Gobierno prusiano no tiene nada que objetar y confía en que la dirección del ferrocarril no pondrá impedimento alguno a este transporte.” El telegrama estaba firmado: v. Manteuffel.»

1 Francisco José I. – 2 Nicolás I. – 3 Federico Guillermo IV.

470 Karl Marx / Friedrich Engels * «Neue Rheinische Zeitung»

¡A esto hemos llegado, pues! No sólo el sub-knés gobierno imperial ruso de Potsdam dicta órdenes de captura contra Kossuth, Bem y Görgey[1], sino que incluso hace transportar por ferrocarril, a través de territorio prusiano, a 30 000 esbirros rusos hacia Hungría — y más aún, envía 40 000 soldados prusianos a Bohemia para mantener sojuzgado a un pueblo vilmente pisoteado y sediento de venganza.

¡Oídlo, renanos! ¡Para esto, pues, hemos sido forzados a entrar bajo la dominación despótica ruso-prusiana, para que nuestros hijos y hermanos, renanos como nosotros, sean enviados a Bohemia y quizá a Hungría, a fin de ayudar, al servicio del zar ruso, a oprimir al último pueblo que defiende la revolución de 1848 con las armas en la mano!

Para esto se nos traicionó en 1815 vendiéndonos a Prusia, para que también sobre nosotros recaiga la vergüenza de haber tolerado que, por nuestro territorio, a través de un país unido con nosotros en un mismo Estado, los rusos hayan marchado a son de marcial música y con banderas desplegadas contra el ejército revolucionario magiar.

Sólo por la violencia nos hicimos súbditos de Prusia y súbditos hemos seguido siendo. Nunca fuimos prusianos. Pero ahora, cuando se nos conduce contra Hungría, cuando el territorio prusiano es pisado por bandas de bandoleros rusos, ahora nos sentimos prusianos, ¡sí, sentimos qué vergüenza es llevar el nombre de prusiano!


1 Véase el presente tomo, págs. 197/198 y 424/425.

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