COLONIA, 27 DE MARZO. LA GUERRA EN ITALIA HA COMENZADO.438
Y, con ella, la monarquía de los Habsburgos se ha echado
encima una carga bajo la que probablemente sucumbirá.
Mientras Hungría no se hallaba en guerra abierta con toda la
monarquía, sino simplemente en un plano vacilante de hostilidades
contra los eslavos del Sur, no era grave empeño para Austria vérselas con un país sólo a medias revolucionario como Italia, disperso y
paralizado por la triple traición de una testa coronada. ¡Y, sin embar
go, cuánto trabajo le costó! Fue necesario que el Papa y el Gran
duque de Toscanab retiraran antes — directa o indirectamente— sus
tropas del territorio veneciano y que Carlos Albertoc y sus marisca
les de campo, vendidos unos e incapaces otros, traicionaran abierta
mente la causa de Italia; fue necesario que tan pronto los magiares
como los sudeslavos se viesen arrastrados a enviar sus soldados a
combatir en Italia, mediante una política de doblez y de aparentes
concesiones, para que Radetzky pudiera obtener sus victorias junto
al Mincio. Como es sabido, fueron los regimientos fronterizos de los
sudeslavos enviados en masa a Italia los que pusieron de nuevo al
desorganizado ejército austriaco en condiciones de luchar.
438 Véase supra, nota 82.
a Pío IX.
b Leopoldo II.
c De Cerdeña.

Además, mientras seguía en vigor el armisticio con el Piamonte
y Austria se veía obligada simplemente a mantener su ejército en
Italia dentro de los efectivos anteriores, sin tener por qué reforzarlo
considerablemente, podía permitirse dirigir contra Hungría el grue
so de sus 600 000 soldados, mover a los magiares de una posición
a otra y, por último, incluso, llegar a contrarrestar la fuerza magiar
mediante refuerzos diariamente enviados. A la larga, Kossuth, lo
mismo que Napoleón, no habría tenido más remedio que sucum
bir ante la superioridad del número.
Pero la guerra en Italia hizo cambiar notablemente la situación.
Desde el momento mismo en que se vio claramente que iba a res
cindirse el armisticio, Austria no tuvo más remedio que duplicar
sus envíos de tropas a Italia, repartiendo entre Windischgrátz y
Radetzky sus reclutas recién alistados. Y, así la cosa, es de esperar
que ninguno de los dos cuente con tropas bastantes.
De este modo, mientras que para los magiares y los italianos se
trata simplemente de ganar tiempo —tiempo para recibir y fabri
car armas; tiempo para instruir como soldados aptos para el servi
cio de campaña a la reserva y a la Guardia Nacional; tiempo para
llevar a fondo el proceso de revolución del país— , Austria va per
diendo poder cada día en relación con sus adversarios.
Mientras Roma, la Toscana e incluso el Piamonte se ven lanza
dos por la guerra cada vez más profundamente a la revolución y
obligados a desarrollar diariamente mayor energía revolucionaria;
mientras ellos pueden aguardar a la crisis inminente de Francia,
que avanza con paso acelerado, en Austria cobra mayor terreno cada
día y se organiza diariamente mejor el tercer elemento desorgani
zador, la oposición eslava. La Constitución otorgada439 se ha arroja
do a los eslavos después de marzo como pago por haber salvado a
Austria, y las innumerables ofensas inferidas a los eslavos por los
excesos de la burocracia y la soldadesca son hechos consumados e
intangibles.
En estas condiciones, es comprensible que la Gaceta de Colo439 Véase supra, nota 340.

nia440 muestre una gran prisa en que los imperiales den cima lo
antes posible a la desagradable guerra húngara. Por eso ayer los pre
sentaba cruzando en tres columnas el río Theiss, noticia tanto más
verosímil cuanto que, hasta la hora actual, no ha sido confirmada
por ningún parte de operaciones. Por otro lado, se informa de lo
contrario, a saber: de que el ejército magiar avanza a marchas for
zadas sobre Pest, persiguiendo evidentemente el objetivo de levan
tar el cerco de Komorn. Esta plaza, aunque bajo violento bombar
deo, se sostiene valientemente. Mientras duró el bombardeo, no
dispararon un solo tiro, pero al intentar los austríacos un asalto,
fueron rechazados con grandes pérdidas por fuego de metralla. Se
dice que el regimiento polaco de huíanos del Duque de Coburgo se
pasó a los magiares, al ver que Dembinski aguardaba tranquilamen
te su ataque, mientras entonaba la melodía de “Polonia aún no se
ha perdido”.441
Son todas las noticias que hoy podemos dar a vuestros lectores
acerca del teatro de guerra de Hungría. El correo de Viena corres
pondiente al día 23 no ha llegado.
Volvamos ahora la vista al teatro de guerra italiano. El ejército
piamontés se halla apostado aquí, describiendo un amplio arco, a
lo largo del Tessino y el Po. La primera línea va desde Arona, por
Novara, Vigevano y Voghera, hasta Castel San Giovanni, delante de
Piacenza. La reserva se estaciona unas cuantas millas más atrás, a lo
largo del Sesia y Bormida, cerca de Verzelli, Trino y Alessandria. En
la extremadla derecha, cerca de Sarzana, en la frontera entre Toscaña y Módena, se halla un cuerpo destacado al mando de La Marmora, dispuesto a marchar sobre Parma y Módena por los desfila
deros de la Lunigiana y a enlazar por la izquierda con el ala
izquierda del ejército principal y por el ala derecha con el ejército
toscano y romano, cruzando, si las circunstancias lo aconsejan, el
Po y el Ádige y pasando a operar en territorio veneciano.
440 Véase supra, nota 43.
441 “Polonia aún no se ha perdido”: palabras del Himno nacional de Polonia (véase supra,
nota 208).

Al otro lado, en la orilla izquierda del Tessino y el Po, se halla
Radetzky. Como es sabido, sus tropas están divididas en dos cuer
pos de ejército, uno de los cuales ocupa la Lombardía y el otro el
territorio veneciano. En esta provincia no sabemos que se hayan
producido dislocaciones de tropas; en cambio, por lo que se refiere
a Lombardía, de todas partes se informa que Radetzky concentra
todo su ejército junto al Tessino. Ha retirado todas sus tropas de
Parma y en Módena sólo ha dejado en la ciudadela dos o trescien
tos hombres. Várese, Como, Val dTntelvi y Valtellina han quedado
totalmente desguarnecidas de tropas, habiendo desaparecido hasta
los guardias fronterizos aduaneros.
Todas las fuerzas disponibles de Radetzky, unos 50 000 hom
bres, han sido emplazadas desde Magenta hasta Pavía, a lo largo del
Tessino, y desde Pavía hasta Piacenza, siguiendo la línea del Po.
Se dice que Radetzky abrigaba el temerario plan de cruzar inme
diatamente el Tessino al frente de este ejército, para marchar direc
tamente sobre Turín, al amparo del desconcierto que ello provoca
ra entre los italianos. Todavía se recordará que, el año pasado,
Radetzky concibió más de una vez veleidades napoleónicas por el
estilo, y ya sabemos en qué pararon. Esta vez todo el consejo de gue
rra se opuso al descabellado plan y se decidió retirarse detrás del
Oglio y, en caso necesario, incluso del Chiesse, sin librar ninguna
batalla decisiva contra el Adda, para aguardar allí a la llegada de
refuerzos desde la región veneciana y desde Iliria.
De las maniobras de los piamonteses y del espíritu belicoso de
los lombardos dependerá el que esta retirada pueda llevarse a cabo
sin pérdidas y el que los austríacos logren contener por largo tiem
po a los piamonteses. En efecto, las estribaciones del sur de los
Alpes, la Comasca, la Brianza, la Bergamasca, el Veltlino (Val Tellina) y la Bresciana, ya ahora abandonadas en su mayor parte por los
austríacos, se prestan magníficamente para una guerra nacional de
guerrillas. Los austríacos, concentrados en la planicie, no tienen
más remedio que dejar libre la montaña. Los piamonteses, avan
zando velozmente con tropas ligeras hacia el ala derecha de los aus-

triacos, pueden organizar rápidamente guerrillas que amenacen el
flanco y, en caso de derrota de un cuerpo de tropas, intercepten la
retirada de los imperiales, les corten los accesos y hagan que se corra
la insurrección hasta los Alpes tridentinos. En este terreno se move
ría como en su casa Garibaldi. Pero no creemos que se le ocurra
volver a servir a las órdenes del traidor Carlos Alberto.442
El ejército toscano-romano, apoyado por La Marmora, tendrá
que ocupar la línea del Po desde Piacenza hasta Ferrara para cruzar
lo antes posible el Po y en la segunda línea el Ádige, separar a
Radetzky del cuerpo de ejército austriaco-veneciano y poder ope
rar en su ala izquierda o bien en su retaguardia. Sin embargo, difí
cilmente llegará lo bastante aprisa para poder influir en las prime
ras operaciones militares.
Pero, más decisiva que todo esto será la actitud de los piamonteses. Su ejército es bueno y aguerrido, pero si vuelve a verse trai
cionado como el año pasado tendrá que aceptar la derrota. Los lom
bardos llaman a las armas para batirse contra estos opresores; ahora
bien, si vuelve a ocurrir lo del año anterior, en que un vacilante
gobierno burgués paralizó la insurrección en masa, Radetzky podrá
entrar de nuevo en Milán.
Contra la traición y la cobardía del gobierno no hay más que
un medio: la revolución. Y tal vez sea necesario precisamente que se
produzcan una nueva felonía de Carlos Alberto y un nuevo acto de
deslealtad por parte de la nobleza y la burguesía lombardas para
que la revolución italiana se abra paso, y con ella la guerra por la
independencia de Italia. Y, entonces, ¡ay de los traidores!
[Neue Rheinische Zeitung, núm. 257, 28 de marzo de 1849]
En el verano de 1848, durante las guerras revolucionarias en el norte de Italia, el demó
crata revolucionario Giuseppe Garibaldi ofreció sus servicios a las órdenes de Carlos Alberto
de Cerdeña, a lo cual éste se negó. Garibaldi se dirigió a Lombardía y, allí, acuarteló a su ejér
cito de voluntarios. Pero el Gobierno provisional de Lombardía concertó un pacto con Car
los Alberto en el sentido de que los voluntarios de Garibaldi permanecieran sin aprovisiona
miento y casi desarmados y sin equipo.