[N.º 252 del 22 de marzo de 1849]  
* Colonia, 21 de marzo. Cumpliendo nuestra promesa, volvemos a los proyectos de reforma de los Hohenzollern inspirados en el estado de sitio sobre la libertad de prensa y el derecho de asociación. Nos basta hoy, comparando los anteriores proyectos de ley penal, ya rechazados bajo la égida de la oposición de Camphausen por los estamentos renanos, mostrar qué gloriosas «conquistas» tienen que agradecer los renanos a la asonada berlinesa de marzo, con qué nuevo amor al Landrecht, propio de una violación legal, ha agraciado a la ley renana la corona «no debilitada» del gran duque en Berlín.  
En la Dieta Unida, de patentada memoria, salió a la palestra hace dos años por la libertad de prensa el junker Thadden-Triglaff, de la Marca de Pomerania. El asociado del «valiente» joven caballero vinquiano Vincke blandió su lanza:  
«¡Sí, procedimiento público, pero verdaderamente público con los señores literatos: libertad de prensa, y al lado la horca!»  
Los proyectos impuestos por el ministerio de noviembre son la irrupción de estos viejos estudios patentados de antes de marzo. La «fuerte corona de Prusia» apela a las odiosas disposiciones del Code pénal, a los veredictos absolutorios de jurados renanos contra los negadores de impuestos y los insurrectos:  
«¡Sí, procedimiento público, pero verdaderamente público: libertad de prensa, y al lado la horca, la horca del Landrecht prusiano!»  

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Las disposiciones del Code pénal nada saben de la injuriosa vulnerabilidad de los sentimientos de majestad de los Hohenzollern. No se encontrarán jurados renanos, a pesar del censo y del filtro policial, que castiguen el crimen innombrable de lesa majestad de otro modo que como injuria a un «particular» con 5 francos de multa. El despotismo imperial se consideraba demasiado elevado para declarar que podía ser «injuridado» en su majestad; pero la conciencia cristiano-germánica de padre del país, que comprensiblemente no admite comparación con la altura del orgullo napoleónico, ha vuelto a sentir en su gran ducado renano la «profunda necesidad» de restablecer la salvaguardia de su vieja dignidad prusiana. La «fuerte» corona no se atreve a suprimir el procedimiento renano, pero injerta en este proceso el más prometedor vástago de los conceptos jurídicos del Landrecht, y exclama:  
«¡Procedimiento público, verdaderamente público, y al lado la horca del Landrecht prusiano!»  

Sobre el «procedimiento público» que se pretende imponer provisionalmente al Código renano, el artículo 22 del proyecto de ley se expresa en los siguientes términos:  
«Las autoridades policiales están facultadas para confiscar cualquier impreso destinado a la difusión, incluso cuando ya se haya iniciado su distribución, dondequiera que lo encuentren, siempre que… su contenido constituya un crimen o delito que pueda ser perseguido de oficio.»  

La policía está autorizada a confiscar, en el correo y en las oficinas, los periódicos que no le agradan, incluso cuando ya «se haya iniciado la distribución», es decir, cuando precisamente las «medidas preventivas» de la policía deben cesar «en cuanto tales» y el asunto, «de derecho», corresponde ya a la competencia de los tribunales; tiene ese derecho de confiscación en todos los casos en que el «contenido» de los impresos, periódicos, etc., «constituye un crimen o delito» que puede ser «perseguido de oficio», es decir, por la policía, es decir, en todo momento en que la policía quiera satisfacer sus apetitos uckermarquianos de desempeñar el papel de ministerio público y crea necesario explicar esa inclinación con el pretexto inherente de cualquier «crimen o delito» u otros hechos «susceptibles de persecución»; puede, en fin, confiscar todos esos impresos, c’est-à-dire, todo lo que esté en el agrado del señor y de su santa Hermandad, dondequiera que los encuentre, es decir, puede penetrar en las casas, en los secretos de la vida familiar y, allí donde no haya motivo para una protección propia del estado de sitio y de los croatas de la propiedad, organizar, bajo el imperio del ordenamiento constitucional, un saqueo policial de la propiedad privada de los ciudadanos pacíficos.  
El proyecto de ley habla aquí de todos los impresos «destinados» a la difusión, «incluso cuando» ya se haya iniciado la distribución; por consiguiente, presupone «de suyo» el derecho de confiscación de aquellos cuya difusión aún no ha comenzado, que todavía no pueden constituir «crímenes o delitos», extendiendo así el robo policial también a la posesión privada de objetos jurídicamente nada «susceptibles de persecución». Las leyes francesas de septiembre, la censura del sable de la dictadura militar de Cavaignac e incluso los proyectos de ley penal propuestos a los antiguos estamentos y comisiones provinciales «con el sumo desagrado» respetaban al menos la propiedad privada que «todavía no constituye crimen ni delito»; por el contrario, el proyecto de ley de prensa que descansa sobre las conquistas de marzo de Berlín organiza una cacería policial pública contra la propiedad y la posesión privada de los ciudadanos y, en nombre de la moral policial cristiano-germánica, arrastra violentamente a la esfera pública relaciones personales que nada tienen que ver con el derecho penal.  
«¡Procedimiento público, verdaderamente público, y al lado la horca del Landrecht prusiano!»  

Junto con el perfeccionamiento de este procedimiento público avanza, de la mano, el perfeccionamiento de las disposiciones del Landrecht prusiano.  
Los anhelados actos de lesa majestad se «constituyen» en el artículo 12 del siguiente modo:  
«El que por palabra, escrito, impresión o signos, representación figurada o real, ofenda el respeto debido al rey, será castigado con prisión de dos meses a cinco años.»  
Si los súbditos renanos no saben qué grado de «respeto» reclama su gran duque Hohenzollern, impuesto por el regateo de los pueblos de Viena, pueden informarse en los motivos del proyecto de ley penal de Berlín.  
Hasta ahora, el Landrecht prusiano conminaba la lesa majestad con la pena máxima de dos años, y la ofensa al respeto debido con la pena máxima de un año de prisión o reclusión en fortaleza. (Allgemeines Landrecht, II, 20, §§ 199, 200.)  
Sin embargo, estas disposiciones no parecen haber sido suficiente dique para el sentimiento de majestad de la «fuerte corona de Prusia». En el «Proyecto de código penal para los Estados prusianos», presentado a las Comisiones Unidas de 1847, se conminaban ya las «manifestaciones de palabra o por escrito, o mediante imágenes, etc., que lesionen intencionadamente el honor del rey (§ 101), con trabajos forzados de seis meses a cinco años»; en cambio, se conminaban las «manifestaciones y actos que, aunque en sí mismos no puedan considerarse injurias al rey, ofendan, no obstante, el respeto que se le debe (§ 102), con prisión de seis semanas a un año».  
En los motivos oficiales de este proyecto se dice que, si bien los estamentos sajones (en el proyecto similar de 1843) habían solicitado precisar la «ofensa al respeto» añadiendo la palabra «intencionadamente», a fin de evitar que se subsumieran bajo la ley manifestaciones y actos «en los cuales no había existido ni la más remota intención de ofender el respeto al rey», el gobierno debía rechazar semejante adición, pues «borraría la diferencia entre lesa majestad y ofensa al respeto», y las ofensas «intencionadas» al «respeto» debían considerarse «injurias».  
De estos motivos, que siguen siendo determinantes para los conceptos del proyecto de ley de prensa que se pretende imponer en breve, se desprende, pues, que la «ofensa al respeto», castigada actualmente, al igual que la lesa majestad, con prisión de dos meses a cinco años, consiste precisamente en una injuria «no intencionada».  
Al mismo tiempo, los «motivos» relatan que el máximo de la pena para la «ofensa al respeto» se fijó entonces en un año, sólo a propuesta de los estamentos renanos.  
La ventaja de las «conquistas de marzo» para los renanos es evidente. Las primeras adaptaciones al Landrecht del Code pénal impusieron a los renanos los nuevos delitos de lesa majestad con dos años de prisión y de «ofensa al respeto» con un año; en los proyectos de ley de 1843 y 1847, la majestad injuriada ascendió al valor de cinco años, mientras que el respeto ofendido, a propuesta de los estamentos renanos, hubo de conservar su máximo de un año; bajo los logros del estado de sitio de la asonada de marzo, también la «ofensa al respeto» (no intencionada) se eleva a cinco años de prisión y se aproxima aún más el código renano a nuevos delitos de la vieja moralidad jurídica del Landrecht prusiano.  
«¡Libertad de prensa, procedimiento público de estado de sitio y la horca al lado!»  

368 Karl Marx/Friedrich Engels – «Neue Rheinische Zeitung»  

[N.º 253 del 23 de marzo de 1849]  
* Colonia, 22 de marzo.  
«Las disposiciones sobre la lesa majestad —se declara en los motivos de Manteuffel respecto al artículo 12 del proyecto— tanto menos podían faltar cuanto que, en la mayor parte de la provincia del Rin, las leyes penales relativas a la lesa majestad han quedado fuera de aplicación a consecuencia de la ordenanza del 15 de abril de 1848, sin que desde entonces se haya colmado esta laguna.»  
Los motivos de Manteuffel explican que esta parte de la legislación de prensa de los Hohenzollern, que sobrepasa incluso el viejo Landrecht prusiano y la altísima revelación de la majestad de los proyectos de código penal de 1843 y 1847, pareció necesaria principalmente en consideración a la provincia del Rin. Las ordenanzas del 15 de abril de 1848, es decir, las promesas a las que se avino «la corona caída en el polvo» (véase «Neue Preußische Zeitung» del 20 del corriente) bajo la impresión de la asonada de marzo, dejaron «fuera de aplicación» en la provincia del Rin las tan penosamente impuestas adaptaciones al Landrecht y restablecieron el Code pénal en su primera pureza defectuosa; mas para colmar convenientemente esta «laguna» conquistada en marzo y, al mismo tiempo, documentar la progresiva capacidad de desarrollo del valor de la majestad Hohenzollern, el «fuerte» ministerio de noviembre no propone a los renanos las viejas disposiciones del Landrecht anteriores a marzo, sino, al contrario, una nueva declaración de respeto que duplica todos los estudios penales anteriores. Le roi est mort, vive le roi! Antes de marzo de 1848, la dignidad de padre del país, aún «no debilitada», se cotizaba en el Landrecht al precio de un año de prisión; en marzo de 1849, la ofensa a la corona «caída en el polvo» ha ascendido al valor de cinco años de cárcel. Antes de marzo de 1848, la ley renana sólo se completaba con los patriarcales complementos del Landrecht; en marzo de 1849 se le imponen las conquistas de noviembre de Manteuffel:  
«¡Libertad de prensa, censura del sable y la horca al lado!»  
La «laguna» del código renano tiene, sin embargo, aún otras profundidades. El artículo 12 de la reforma de prensa berlinesa prosigue en sus adiciones:

«La misma pena» (reclusión de dos meses a cinco años) «se aplica a quien, en la forma arriba indicada» (por medio de la palabra, la escritura, signos, representaciones gráficas u otras) «injuria a la reina. Quien de la misma manera injurie al sucesor al trono (?) o a otro miembro de la casa real... será castigado con prisión de un mes a tres años.»

1 El rey ha muerto, ¡viva el rey!

El antiguo Derecho territorial prusiano castigaba, como se ha señalado, la injuria al «jefe del Estado mismo» sólo con dos años. El progreso del proyecto de ley de prensa, que fija para la injuria de las personas subordinadas, la reina, una reclusión de cinco años, y para el sucesor al trono (?) y «otros» miembros de la «casa real» una reclusión de tres años, salta a la vista.

La ley renana desconoce tanto una injuria a la «reina», etc., como desconoce una injuria al «jefe del Estado mismo». Hasta ahora, los periódicos renanos han podido fabular impunemente sobre «esperanzas de la corte de un acontecimiento inesperado», lo que a veces, por razones médicas, puede constituir, sin embargo, una ofensa al honor.

El proyecto de código penal desechado de las Comisiones Unidas, por último, subordinaba la injuria a la «reina» a la injuria al «jefe del Estado», amenazando aquélla (§ 103), en vez de con cinco años de reclusión, con tres. Y acerca de la penalización uniforme de las injurias a la «reina» y a los demás miembros de la familia real, los motivos de 1847 declaran que ya los estamentos renanos, silesianos, sajones y pomeranios querían que se estableciera una diferencia entre dichas personas, «casuística» lamentable a la que, sin embargo, el gobierno no podía dar curso.

El fuerte ministerio Manteuffel no ha considerado indigna de él la «casuística» de los viejos estamentos renanos, silesianos, sajones. ¿Acaso no formó también parte de los casuistas de patente de aquella época el fabricante de seda von der Heydt? El proyecto de ley de prensa Manteuffel-von der Heydt «constituye» la distinción casuística entre la reina y los demás miembros de la casa real; la constituye conforme al desarrollo progresivo de los sentimientos generales de dignidad majestuosa posteriores a marzo. Los viejos estamentos renanos, silesianos y pomeranios pedían una distinción entre la reina y los demás parentescos de familia, para que la pena uniforme de tres años de reclusión por la injuria a estos últimos fuese atenuada; el fuerte ministerio Manteuffel-von der Heydt acepta la distinción para, en cambio, elevar la pena por la reina injuriada al nuevo y acrecentado nivel de la injuria al jefe de Estado.

De igual capacidad de desarrollo de los conceptos majestuosos da testimonio la disposición adjunta del mismo parágrafo, según la cual las injurias contra cualquier «jefe de Estado alemán» se castigarán, como las injurias al «sucesor al trono», con tres años de prisión.

Conforme a la ley renana, las injurias contra terceros «jefes de Estado» se castigan como injurias contra particulares (multa de 5 francos), y precisamente a instancia del ofendido, no por razón del carácter público penal de su cargo. Según el proyecto de código penal que, rechazado ya en 1843 por los estamentos renanos con «sumo desagrado de Su Majestad», fue presentado de nuevo en 1847, las injurias a los regentes extranjeros y «a sus cónyuges» debían castigarse con prisión de dos meses hasta dos años de trabajos forzados, propugnando los estamentos prusianos la total eliminación de dicha disposición y declarando la oposición de los junkers coles de Westfalia que la pena originaria era demasiado alta. Por último, el ministerio Manteuffel-von der Heydt colma las preocupantes lagunas que la legislación renana presentaba después de marzo, elevando de dos a tres años la pena combatida por los censistas renano-westfalianos y saliendo, en favor del Don Quijote pomeranio de la Dieta Unida, a la palestra:

«¡Libertad de prensa, procedimiento público real y la horca además!»

Aún conserva, en los estudios de reforma de la prensa inspirados por las más altas instancias, el § 19 su memorable y regocijante significado:

«Quien 1. injurie a una de las dos Cámaras (“como tal”), 2. a un miembro de las dos Cámaras durante el período de sus sesiones, 3. a cualquier otra corporación política, a una autoridad pública o a un funcionario público... por medio de la palabra, la escritura, la imprenta, signos, representaciones gráficas u otras, será castigado con prisión de hasta 9 meses.»

Mientras los Manteuffel-von der Heydt disuelven a punta de bayoneta las «corporaciones políticas», las asambleas de conciliación y las Cámaras, a los renanos se les embuten, para «protección de esas asambleas», nuevos delitos en su «lagunoso» Code pénal. ¡El ministerio Manteuffel-von der Heydt octroya al país, de la fuente de la gracia divino-real, una constitución patriótica!, para octroyar al código renano, en la «injuria a las Cámaras», un nuevo delito hasta ahora desconocido:

«¡Libertad de prensa, procedimiento público y la horca además!»

Que los renanos se pongan a tiempo en guardia. La historia de los anteriores atentados contra el código renano, la continuación hohenzollerniana de las promesas de marzo les dirán lo que tienen que esperar de las conquistas del otro lado del Rin.

Lo que los atentados de la ley de estado de sitio anteriores contra el Code perseguían no era sino la total incorporación de la provincia renana a las provincias de la vieja Prusia, incorporación que no podía ser completa mientras la provincia del Rin no estuviese plenamente sometida al código territorial prusiano.

A través del nuevo proyecto de ley, sin embargo, so pretexto de sustituir a los renanos las «lagunas» de su propia legislación por las ventajas del Derecho territorial, se perfecciona también el propio Derecho territorial para las antiguas provincias en su «lagunosa» lenidad.

Por lastimosa que sea la Cámara actual, no esperamos, sin embargo, que apruebe estos proyectos de ley. Pero esperamos que, en ese caso, se nos octroye también la horca de prensa de los Hohenzollern, y eso es precisamente lo que deseamos.