[«Neue Rheinische Zeitung»
N.º 213 del 4 de febrero de 1849]

* Colonia, 3 de febrero. Nos enteramos por fuente enteramente segura de que, antes de la apertura de la Cámara, dimitirá el ministerio Brandenburg y el señor Camphausen comparecerá ante las cámaras en su apertura como nuevo presidente del consejo de ministros.

Estábamos seguros de que algo así se tramaba, cuando hace unos días los amigos locales del avezado estadista difundieron el rumor de que estaba harto del ajetreo político:

¡Ay, estoy cansado de este trajín;
a qué tanto dolor, tanto placer?
¡Dulce paz,
ven, oh ven a mi pecho!¹²¹

y que, por ello, quería retirarse de nuevo a su tranquila vida doméstica, para limitar sus meditaciones al terreno menos excitante de la especulación con productos grasos.
Para toda persona perspicaz tenía que estar claro: el señor Camphausen sentía la necesidad de dejarse requerir una vez más para la salvación de la corona y, «conmovido por su propia magnanimidad», desempeñar por segunda vez con conocido decoro el papel de «partera del trono constitucional».
La oposición burguesa de la Cámara jubilará por esta «victoria» parlamentaria. Los alemanes son olvidadizos y perdonan con facilidad. La misma izquierda¹²² que el año pasado se opuso al señor Camphausen, saludará agradecida su entrada en el gobierno como una gran concesión de la corona.
Pero para que no se deje engañar al pueblo una vez más, queremos recapitular brevemente las más distinguidas hazañas del estadista pensante.
El señor Camphausen resucitó la Dieta Unida¹²³, enterrada el 18 de marzo, y acordó con ella algunas bases de la futura constitución¹²⁴.
El señor Camphausen creó así el terreno jurídico, es decir, la negación indirecta de la revolución.
El señor Camphausen nos agració además con las elecciones indirectas¹²⁵.
El señor Camphausen renegó de nuevo de la revolución en uno de sus resultados principales, al transformar la huida del príncipe de Prusia en un viaje de estudios y hacerle regresar de Londres.¹²⁶
El señor Camphausen organizó la guardia cívica de tal modo que, desde el primer momento, de armamento del pueblo se convirtió en un armamento de clase y puso frente a frente, como enemigos, al pueblo y a la guardia cívica.
El señor Camphausen toleró al mismo tiempo que la vieja burocracia prusiana y el ejército se reconstituyeran y se volvieran cada día más capaces de preparar golpes de Estado contrarrevolucionarios.
El señor Camphausen permitió las memorables matanzas con metralla contra campesinos polacos prácticamente desarmados.¹²⁷
El señor Camphausen inició la guerra contra Dinamarca¹²⁸ para deshacerse del exceso de fuerzas patrióticas¹²⁹ y volver a hacer popular a la guardia prusiana. Alcanzado este fin, ayudó con todas sus fuerzas a imponer en Fráncfort el sucio armisticio de Malmö¹³⁰, necesario para la marcha de Wrangel sobre Berlín.
El señor Camphausen se limitó a abolir algunas leyes reaccionarias de la vieja Prusia en la provincia del Rin, pero dejó subsistir toda la legislación del Derecho territorial general¹³¹, propia del Estado policial, en todas las provincias antiguas.
El señor Camphausen fue el primero que intrigó contra la unidad de Alemania —entonces aún decididamente revolucionaria—, convocando, en primer lugar, al lado de la Asamblea Nacional de Fráncfort, su parlamento berlinés de conciliación¹³², y trabajando más tarde por todos los medios contra las resoluciones y la influencia de la Asamblea de Fráncfort.
El señor Camphausen exigió de su Asamblea¹³³ que limitara su mandato constituyente a uno meramente «conciliador».
El señor Camphausen le exigió además la aprobación de un mensaje a la corona, en el que reconociera esto — como si fuera una cámara constitucional prorrogable y disoluble a voluntad.
El señor Camphausen le exigió además la renegación de la revolución e hizo de ello incluso una cuestión de gabinete.
El señor Camphausen presentó a su Asamblea aquel proyecto de constitución¹³⁴ que se sitúa aproximadamente al mismo nivel que la constitución otorgada¹³⁵ y que provocó entonces una tormenta general de indignación.
El señor Camphausen se vanaglorió de haber sido el ministro de la mediación, mediación que no fue otra que la mediación entre la corona y la burguesía para la traición común al pueblo.
El señor Camphausen dimitió finalmente, cuando esta traición estuvo completamente mediada y madura para ser puesta en práctica por el ministerio de la acción y sus constables¹³⁶.
El señor Camphausen fue enviado ante el llamado poder central y siguió siéndolo bajo todos los ministerios. Siguió siendo enviado mientras en Viena tropas croatas, rutenas¹³⁷ y valacas violaban territorio alemán, incendiaban a cañonazos la primera ciudad de Alemania y la trataban de un modo tan indignante como ningún Tilly trató a Magdeburgo¹³⁸. Siguió siendo enviado y no movió un dedo.
El señor Camphausen siguió siendo enviado bajo Brandenburg, asumió con ello su parte en la contrarrevolución prusiana y prestó su nombre para la novísima nota circular prusiana¹³⁹, que exige abierta y sin disimulo la restauración de la antigua Dieta federal.
El señor Camphausen asume por fin ahora el ministerio para cubrir la retirada de los contrarrevolucionarios y asegurarnos por largo tiempo las conquistas de noviembre y diciembre.
Tales son algunas de las hazañas de Camphausen. Si ahora llega a ser ministro, se apresurará a ampliar la lista. Nosotros, por nuestra parte, llevaremos cuenta y razón de ello con la mayor exactitud posible.