Ansias de estado de sitio

[“Neue Rheinische Zeitung”
Núm. 291, del 6 de mayo de 1849]

* Colonia, 5 de mayo. Corre el rumor de que el domingo, con ocasión de los congresos de distrito de los diversos partidos de la buena ciudad de Colonia, se quiere imponer de nuevo el estado de sitio.

Por toda suerte de pequeños preparativos de la autoridad militar se ve que ésta se prepara, desde luego, para todas las eventualidades. Y aún más. Se están tomando medidas que tienen toda la traza de que se pretende provocar disturbios.

O, si no, ¿por qué se ha permitido de repente, y para gran asombro de los propios soldados, que “mi glorioso ejército” permanezca fuera de los cuarteles hasta las diez de la noche, en vez de hasta las nueve?

Se habla también otra vez de detenciones. Bien que lo creemos. Hace tiempo que existen las ganas. Se sabe, además, que ya en una ocasión, mediante tales detenciones, el plan de provocar disturbios tuvo un éxito completo.

Repetimos: es de la mayor importancia que los demócratas y, en particular, los obreros de Colonia pongan todo de su parte para no dar mañana ni el más mínimo pretexto a los poderes ávidos de estado de sitio, detrás del cual puedan ocultar sus golpes de fuerza.

Quien, en primer lugar, está amenazado por los últimos golpes contrarrevolucionarios es la burguesía. La burguesía ha convocado el congreso de ciudades. Dejemos a la burguesía el honor de la primera palabra. Esperemos a ver lo que estos señores decidan el martes. Estamos convencidos de que más de un honrado demócrata se llevará una gran desilusión con los resultados de ese pomposo “Día de las Ciudades”.

Es un hecho: si el estado de sitio llega a producirse antes del martes, el congreso de ciudades no se celebrará, y nadie se alegrará más de ello que justamente los señores que lo han convocado.

Si los obreros se dejan arrastrar mañana a tumultos, no harán sino sacar las castañas del fuego para la burguesía y, al mismo tiempo, para el gobierno. Cabe preguntarse si querrán prestarse a ello, en unos momentos en que la guerra civil está a las puertas en toda Alemania y en que quizá muy pronto se les dé la oportunidad de presentarse con sus propias reivindicaciones.

Escrito por Friedrich Engels.

El ejército prusiano y la insurrección popular revolucionaria

[“Neue Rheinische Zeitung”
Núm. 292, del 8 de mayo de 1849,
Suplemento extraordinario]

* Colonia, 7 de mayo. Los elementos en fermentación se escinden en Alemania cada día más; las cosas van adquiriendo contornos más firmes.

Mientras uno de los centros de la contrarrevolución alemana, Austria, se halla más que ocupado con los húngaros, el otro, Prusia, envía sus hordas armadas en todas direcciones contra la insurrección popular revolucionaria.

En Dresde, la sufrida ciudad del arte y del lujo, el pueblo empuña las armas y responde con barricadas y disparos de fusil a las proclamas de alta traición del gobierno real. La tropa se pasa en su mayor parte al lado del pueblo; la lucha está prácticamente decidida; en esto llegan batallones prusianos y se ponen del lado del traidor real, contra el pueblo.

En el Palatinado, el pueblo también se alza en armas contra la contrarrevolución bávara, cada día más insolente; también aquí hay batallones prusianos dispuestos a intervenir en el momento oportuno y a dispersar, tanto a la Asamblea de Francfort como la insurrección palatina.

Adondequiera que nos volvamos en el norte y el suroeste de Alemania, en todas partes hay batallones prusianos preparados para imponer la contrarrevolución por la fuerza de las armas.

Y para que no falten batallones prusianos ni en el propio país ni en los estados vecinos, en virtud de nuestra gloriosa constitución militar se moviliza por doquier la Landwehr.

Así, el ejército austríaco allí, el prusiano aquí, son el centro de la contrarrevolución. A la contrarrevolución se le enfrenta, cada día más tajante, cada día más general, la nueva revolución.

Todavía sigue en pie el gobierno provisional de Dresde y va concentrando las fuerzas del pueblo de todo el país.

Todavía sigue en pie el Comité de Defensa del Palatinado, y cada día agrupa a los palatinos en mayor número en torno a la bandera de la revolución.

Por último, la Landwehr de la Prusia renana se niega a marchar. Incluso en Elberfeld, en el Wuppertal blanquinegro, se niega a desplazarse más allá de su punto de reunión.

Y finalmente, en Austria lo principal es que la revolución magiar avanza inconteniblemente. El correo de Viena no ha llegado, acaso porque los magiares han levantado la vía férrea de Moravia. Es seguro que han penetrado en Moravia. De Ratibor se nos escribe que ya hace 8 días, en Golkowitz, junto a la frontera austríaca, y el 3 de mayo en Loslau, también en la Alta Silesia prusiana, se oyó el cañoneo de baterías enteras. Los combates tenían que librarse, en todo caso, a este lado del Jablunka.

La victoria de los húngaros es, por lo demás, más segura que nunca. Es cosa cierta que los rusos no vendrán. Unos pocos días más, pues, y los húngaros estarán en Viena, la revolución magiar estará concluida y la segunda revolución alemana se inaugurará de la manera más grandiosa.

Escrito por Friedrich Engels.

Pregunta a los obreros

[“Neue Rheinische Zeitung”
Núm. 292, del 8 de mayo de 1849,
Suplemento extraordinario]

* Colonia, 7 de mayo. Los señores prusianos parecen querer a toda costa un tumulto.

Anteayer se ha pagado a la artillería (en la que, por lo demás, se equivocan mucho) 15 Silbergroschen por hombre como “gratificación” correspondiente al mes pasado. La infantería, por cierto, también ha recibido esa gratificación.

Los oficiales de un regimiento aquí de guarnición han instado directamente a sus soldados a que mañana armen un tumulto.

Esta noche ha habido ya una riña entre militares y paisanos en el Neumarkt.

Preguntamos de nuevo a los obreros: ¿quieren dejarse imponer el momento de la insurrección por los señores prusianos?