Poema: Señor Jesucristo, Hijo de Dios

1. Señor Jesucristo, Hijo de Dios,
oh, desciende de tu trono
y salva mi alma.
Oh, ven con tu bienaventuranza,
tú, esplendor de la gloria del Padre,
haz que solo a ti te elija.
Amable, espléndida, sin sufrimiento es la alegría, cuando allá arriba
te alabamos a ti, nuestro Salvador.

2. Haz que algún día, a su tiempo,
cuando me alcance el dolor de la muerte,
me aferre firmemente a ti;
que, cuando se me apaguen los ojos,
se detenga el latir del corazón,
me enfríe gozoso en ti.
En adelante, entonces, allá arriba mi espíritu te alabará sin fin,
pues está en tus manos.

3. Oh, si ya estuviera aquí el tiempo del gozo
en que, en tu pecho amoroso,
deba calentarme de la muerte.
Entonces veo, Dios –te lo agradezco–,
a todos los que me fueron queridos,
¡puedo abrazarlos eternamente!
Eterno, eterno, eternamente vivo, estando ante ti, viéndote,
mi vida florecerá de nuevo.

Tú viniste a redimir a la humanidad,
a liberarla de la muerte y del mal,
a traerle tu dicha y salvación.
Ahora, si desciendes a la tierra,
por ti todo será diferente,
entonces repartirás a cada cual su parte.

Poema y dibujo del joven Friedrich Engels | del año 1836

Poemas dispersos . 509