El «limitado papá Cabet» y el señor Grün

de qué manera esto es el caso. A esto el señor Grün no responde más que con el postulado moral del consumo humano, del conocimiento de la «verdadera esencia del consumo» (pág. 432). Como nada sabe de las relaciones reales de producción y de consumo, no le queda más refugio que el último escondrijo de los verdaderos socialistas, la esencia del hombre. Por la misma razón se empeña en no partir de la 

—I más o menos

Deutsche Ideologie - El verdadero socialismo. IV. Karl Grün 507 

producción, sino del consumo. Si se parte de la producción, hay que ocuparse de las condiciones reales de producción y de la actividad productiva de los hombres. Pero si se parte del consumo, puede uno tranquilizarse con la declaración de que ahora no se consume de manera «humana», y con el postulado del «consumo humano», de la educación para el verdadero consumo y demás frases por el estilo, sin adentrarse en lo más mínimo en las relaciones reales de vida de los hombres y en su actividad. 

Finalmente, hay que mencionar que precisamente los economistas que partieron del consumo eran reaccionarios e ignoraron el elemento revolucionario en la competencia y la gran industria. 

El «limitado papá Cabet» y el señor Grün 

El señor Grün concluye su excurso sobre la escuela fourierista y el señor Reybaud con las siguientes palabras: 

«Quiero infundir a los organizadores del trabajo la conciencia de su esencia, quiero mostrarles históricamente de dónde proceden... a estos híbridos... que tampoco han sacado de sí mismos el más mínimo pensamiento. Y más adelante quizá encuentre espacio para estatuir un ejemplo en el señor Reybaud, no sólo en el señor Reybaud, sino también en el señor Say. En el fondo, el primero no es tan malo, es simplemente estúpido; pero el segundo es más que estúpido, es docto. 

Así, pues.» pág. 260. 

La postura gladiatoria en que se coloca el señor Grün, sus amenazas contra Reybaud, el desprecio por la erudición, sus promesas retumbantes, todo esto son signos seguros de que aquí está preñado de grandes cosas. En plena «conciencia de su esencia», barruntábamos por estos síntomas que el señor Grün estaba a punto de ejecutar uno de los más monstruosos golpes plagiarios. Cuando se le ha seguido una vez la pista a su táctica, su charlatanería pierde su inocencia y se resuelve en todas partes en un astuto cálculo. 

«Así, pues»: 
Sigue un capítulo con el título: 
«¡La organización del trabajo!» 
«¿Dónde nació este pensamiento? — En Francia. — Pero ¿cómo?» 
También bajo la etiqueta: 
«Mirada retrospectiva al siglo XVIII.» 

508 Karl Marx y Friedrich Engels 

«¿Dónde nació este» capítulo del señor Grün? «En Francia. Pero ¿cómo?» El lector lo sabrá enseguida. | 

Recuerde el lector una vez más que el señor Grün quiere aquí infundir a los organizadores del trabajo franceses la conciencia de su esencia mediante una demostración histórica a la manera alemana, de modo profundo. 

Así, pues: 

Cuando el señor Grün se dio cuenta de que Cabet es «limitado» y su «misión» «algo concluido desde hace mucho tiempo» —cosa que, por cierto, ya se había dado cuenta desde hacía mucho—, con eso no «cesó naturalmente todo». Por el contrario, dio a Cabet la nueva misión de formar, en algunas citas arbitrariamente entremezcladas, el «trasfondo» francés para la historia alemana del señor Grün sobre el desarrollo socialista del siglo XVIII. 

¿Cómo empieza esto? Lee «productivamente». 

Cabet en su «Voyage en Icarie», en los capítulos duodécimo y decimotercero, entremezcla las opiniones de antiguas y modernas autoridades a favor del comunismo. No tiene en absoluto la pretensión de describir un movimiento histórico. El comunismo pasa por ser una persona de mala fama para los burgueses franceses. Bien, dice Cabet, os traeré pruebas testificales de los hombres más respetables de todos los tiempos, que responden del carácter de mi cliente; y Cabet procede como un abogado. Incluso las declaraciones de testigos desfavorables a su cliente las transforma en favorables. No se puede exigir fidelidad histórica en un alegato. Si un hombre célebre ha dejado caer de paso una palabra contra el dinero, contra la desigualdad, contra la riqueza, contra los males sociales, Cabet la recoge, le ruega que la repita, la convierte en la profesión de fe del hombre, la hace imprimir, aplaude y exclama con irónica bonhomía a su burgués irritado: ¡Écoutez, écoutez, n’était-il pas communiste?!¹ No se le escapa ninguno, ni Montesquieu, ni Sieyès, ni Lamartine, ni siquiera Guizot — todos comunistas malgré eux². Voilà mon communiste tout trouvé!³

El señor Grün en su humor productivo lee las citas reunidas por Cabet para el siglo XVIII; no duda ni un instante de que todo eso tenga su exactitud, le fantasea al lector una conexión mística entre los escritores que en Cabet se encuentran casualmente en una página, vierte sobre el conjunto su estiércol jovenalemán-bellestilístico y lo bautiza luego como arriba. 

Así, pues.

¹ ¡Oíd, oíd, ¿acaso no era comunista?! — ² a su pesar. — ³ ¡He aquí a mi comunista pillado!

Deutsche Ideologie - El verdadero socialismo. IV. Karl Grün 509 

Señor Grün: 

El señor Grün abre su mirada retrospectiva con las siguientes palabras: 

«La idea social no ha caído del cielo, ha surgido orgánicamente, es decir, por el camino del desarrollo paulatino. No puedo escribir aquí su historia completa, no puedo comenzar por los indios y los chinos, pasar a Persia, Egipto y Judea, preguntar a los griegos y a los romanos por su conciencia social, interrogar al cristianismo, al neoplatonismo y a la patrística, dejar hablar a la Edad Media y a los árabes, examinar la Reforma y la filosofía naciente y llegar así hasta el siglo XVIII.» pág. 261. 

Cabet: 

Cabet abre sus citas con las siguientes palabras: 

«Vous prétendez, adversaires de la communauté, qu’elle n’a pour elle que quelques opinions sans crédit et sans poids; eh bien, je vais interroger devant vous l’histoire et tous les philosophes: écoutez! Je ne m’arrête pas à vous parler de plusieurs peuples anciens, qui pratiquaient ou avaient pratiqué la communauté des biens! Je ne m’arrête non plus aux Hébreux … ni aux prêtres Égyptiens, ni à Minos … Lycurgue et Pythagore … je ne vous parle non plus de Confucius et de Zoroastre, qui l’un en Chine et l’autre en Perse … proclamèrent ce principe.»¹ «Voyage en Icarie», deuxième édition, p. 470. 

Después de los pasajes citados, Cabet pasa a la historia griega y romana, interroga al cristianismo, al neoplatonismo, a la patrística, a la Edad Media, a la Reforma, a la filosofía naciente. Cf. Cabet, págs. 471-482. El señor Grün deja la copia de estas once páginas a otras «personas más pacientes, si el polvo de los libros ha dejado subsistir en su corazón el» (a saber, para copiar) «necesario humanismo». Grün, pág. 261. Sólo la conciencia social de los árabes pertenece al señor Grün. Aguardamos con anhelo las revelaciones que sobre esto tiene que comunicar al mundo. «Tengo que limitarme al siglo XVIII.» Sigamos al señor Grün al siglo XVIII y observemos únicamente de antemano que casi exactamente las mismas palabras están subrayadas en Grün que en Cabet. 

¹ «Pretendéis, adversarios de la comunidad, que ella sólo tiene en su favor algunas opiniones sin crédito y sin peso; pues bien, voy a interrogar ante vosotros a la historia y a todos los filósofos: ¡escuchad! No me detengo a hablaros de varios pueblos antiguos, que practicaban o habían practicado la comunidad de bienes. Tampoco me detengo en los hebreos … ni en los sacerdotes egipcios, ni en Minos … Licurgo y Pitágoras … no os hablo tampoco de Confucio y de Zoroastro, que, uno en China y otro en Persia … proclamaron este principio.»

510 Karl Marx y Friedrich Engels 

Señor Grün: 

«Locke, el fundador del sensualismo, dice: Quien posee más allá de sus necesidades, traspasa los límites de la razón y de la justicia originaria y roba lo que pertenece a otros. Toda superfluidad es una usurpación, y la vista del indigente debe despertar los remordimientos en el alma del rico. Hombres corrompidos, que nadáis en la abundancia y la voluptuosidad, temblad de que un día el infeliz, que carece de lo necesario, conozca verdaderamente los derechos del hombre. El fraude, la deslealtad, la codicia han producido la desigualdad de la posesión, que constituye la desgracia del género humano, al acumular de un lado, junto a las riquezas, todos los sufrimientos, y del otro, junto a la miseria. El filósofo, pues, debe considerar el uso de la moneda como una de las más perniciosas invenciones de la industria humana.» pág. [265,] 266. 

Cabet: 

«Mais voici Locke. Écoutez-le s’écrier dans son admirable Gouvernement civil: „Celui qui possède au-delà de ses besoins, passe les bornes de la raison et de la justice primitive et enlève ce qui appartient aux autres. Toute superfluité est une usurpation, et la vue de l’indigent devrait éveiller le remords dans l’âme du riche. Hommes pervers, qui nagez dans l’opulence et les voluptés, tremblez qu’un jour l’infortune qui manque du nécessaire n’apprenne à connaître vraiment les droits de l’homme.“ Écoutez-le s’écrier encore: „La fraude, la mauvaise foi, l’avarice ont produit cette inégalité dans les fortunes, qui fait le malheur de l’espèce humaine, en amoncelant d’un côté tous les vices avec la richesse et de l’autre tous les maux avec la misère“ (woraus Herr Grün Unsinn macht). Le philosophe doit donc considérer l’usage de la monnaie comme une des plus funestes inventions de l’industrie humaine.»¹ p. 485. 

El señor Grün concluye de las citas de Cabet que Locke fue «un adversario del sistema monetario» (pág. 264), «el más declarado adversario del dinero y de toda posesión que vaya más allá de la necesidad» (pág. 266). Lástima que este Locke sea uno de los primeros defensores científicos del sistema monetario, un patrono muy especial de la flagelación de vagabundos y paupers, uno de los decanos de la economía política moderna. 

¹ «Pero he aquí a Locke; oídle exclamar en su admirable Gobierno civil: “Quien posee más allá de sus necesidades, traspasa los límites de la razón y de la justicia originaria y quita lo que pertenece a otros. Toda superfluidad es una usurpación, y la vista del indigente debería despertar el remordimiento en el alma del rico. Hombres perversos, que nadáis en la opulencia y las voluptuosidades, temblad de que un día el infeliz que carece de lo necesario aprenda a conocer verdaderamente los derechos del hombre.” Oídle exclamar aún: “El fraude, la mala fe, la avaricia han producido esa desigualdad en las fortunas, que constituye la desgracia del género humano, al amontonar de un lado todos los vicios con la riqueza y del otro todos los males con la miseria” (de lo que el señor Grün hace un disparate). El filósofo, pues, debe considerar el uso de la moneda como una de las más funestas invenciones de la industria humana.»

Deutsche Ideologie - El verdadero socialismo. IV. Karl Grün 511 

Señor Grün: 

«Ya Bossuet, el obispo de Meaux, dice en su “Política, sacada de la Sagrada Escritura”: “Sin los gobiernos” (“sin la política” — ridícula añadidura del señor Grün) “la tierra y todos sus bienes pertenecerían a los hombres tan en común como el aire y la luz; según el derecho originario de la naturaleza, nadie tiene el derecho particular a nada. Todo pertenece a todos, de la sociedad civil surge la propiedad.” ¡Un cura del siglo XVII tiene la honestidad de decir tales cosas, tales concepciones! También el germánico Pufendorf, a quien» (es decir, el señor Grün) «sólo se conoce por un epigrama de Schiller[10], opinaba: “La actual desigualdad de los bienes es una injusticia que puede acarrear las demás desigualdades por la insolencia de los ricos y por la cobardía de los pobres.”» pág. 270. El señor Grün añade aún: «No queremos divagar, sino quedarnos en Francia.» 

Cabet: 

«Écoutez le baron de Pufendorff, professeur de droit naturel en Allemagne et conseiller d’état à Stockholm et à Berlin, qui dans son droit de la nature et des gens réfute la doctrine d’Hobbes et de Grotius sur la monarchie absolue, qui proclame l’égalité naturelle, la fraternité, la communauté des biens primitive, et qui reconnaît que la propriété est une institution humaine, qu’elle résulte d’un partage consenti pour assurer à chacun et surtout au travailleur une possession perpétuelle, indivise ou divise, et que par conséquent l’inégalité actuelle de fortune est une injustice qui n’entraîne les autres inégalités» (insensé de la traducción del señor Grün) «que par l’insolence des riches et la lâcheté des pauvres.

Et Bossuet, l’évêque de Meaux, le précepteur du dauphin de France, le célèbre Bossuet, dans sa “Politique tirée de l’Écriture sainte”, rédigée pour l’instruction du Dauphin, ne reconnaît-il pas aussi que sans les gouvernements la terre et tous les biens seraient aussi communs entre les hommes que l’air et la lumière: Selon le droit primitif de la nature nul n’a le droit particulier sur quoi que ce soit: tout est à tous, et c’est du gouvernement civil que naît la propriété.»¹ p. 486. 

¹ «Oíd al barón de Pufendorf, profesor de derecho natural en Alemania y consejero de Estado en Estocolmo y Berlín, que en su Derecho de la naturaleza y de las gentes refuta la doctrina de Hobbes y de Grocio sobre la monarquía absoluta, que proclama la igualdad natural, la fraternidad, la comunidad de bienes primitiva, y que reconoce que la propiedad es una institución humana, que resulta de un reparto consentido para asegurar a cada uno y sobre todo al trabajador una posesión perpetua, indivisa o dividida, y que, por consiguiente, la desigualdad actual de fortuna es una injusticia que no acarrea las otras desigualdades sino por la insolencia de los ricos y la cobardía de los pobres. Y Bossuet, el obispo de Meaux, el preceptor del Delfín de Francia, el célebre Bossuet, en su “Política sacada de la Sagrada Escritura”, redactada para la instrucción del Delfín, ¿no reconoce también que sin los gobiernos la tierra y todos los bienes serían tan comunes entre los hombres como el aire y la luz: según el derecho primitivo de la naturaleza, nadie tiene el derecho particular a cosa alguna: todo es de todos, y es de la sociedad civil de donde nace la propiedad.»

512 Karl Marx y Friedrich Engels 

La «divagación» del señor Grün fuera de Francia consiste en que Cabet cita a un alemán. Incluso ortografía el nombre alemán según la incorrecta ortografía del francés. Aparte de que traduce ocasionalmente mal y omite cosas, sorprende por sus mejoras. Cabet habla primero de Pufendorf y luego de Bossuet; el señor Grün habla primero de Bossuet y luego de Pufendorf. Cabet habla de Bossuet como de un hombre célebre; el señor Grün lo llama «un cura». Cabet cita a Pufendorf con sus títulos; el señor Grün hace la sincera observación de que sólo se le conoce por un epigrama de Schiller. Ahora lo conoce también por una cita de Cabet, y resulta que el limitado francés Cabet no sólo ha estudiado mejor a sus propios compatriotas, sino también a los alemanes, que el señor Grün. 

Cabet dice: «Me apresuro a llegar a los grandes filósofos del siglo XVIII, y empiezo por Montesquieu», pág. 487; el señor Grün, para llegar a Montesquieu, empieza por una descripción del «genio legislativo del siglo XVIII», pág. 282. Compárense sus citas respectivas de Montesquieu, Mably, Rousseau, Turgot. Aquí nos basta comparar a Cabet y al señor Grün sobre Rousseau y Turgot. Cabet pasa de Montesquieu a Rousseau; el señor Grün construye esta transición: «Rousseau era el político radical, como Montesquieu el constitucional.» 

El señor Grün cita de Rousseau: 

«El mayor mal ya está hecho cuando hay que defender a los pobres y contener a los ricos, etc.»

que el estado social sólo es ventajoso para los hombres cuando todos tienen algo y ninguno de ellos demasiado.» Rousseau se vuelve, según el señor Grün, 

Cabet: 

«Écoutez maintenant Rousseau, l’auteur de cet immortel “Contrat social” … écoutez: “Les hommes sont égaux en droit. La nature a rendu tous les biens communs … dans le cas de partage le part de chacun devient sa propriété. Dans tous les cas la société est toujours seule propriétaire de tous les biens.” (Pointe, que el señor Grün omite.) “Écoutez encore: …” (termina:) “d’où il suit que l’état social n’est avantageux aux hommes qu’autant qu’ils ont tous quelque chose et qu’aucun d’eux n’a rien de trop.”»

Deutsche Ideologie - El verdadero socialismo. IV. Karl Grün 513 

«confuso y completamente vacilante, cuando tiene que explicarse sobre la cuestión: ¿Qué transformación se produce con la posesión anterior cuando el hombre naturalmente salvaje entra en la sociedad? ¿Qué responde? Responde: La naturaleza ha hecho comunes todos los bienes…» (termina con las palabras:) «en caso de un reparto, la parte de cada uno será su propiedad.» pág. 284, 285. 

«Écoutez, écoutez encore Rousseau dans son “Économie politique”: “Le plus grand mal est déjà fait quand on a des pauvres à défendre, et des riches à contenir”»¹, etc. etc. pág. 489, 490. 

Las geniales innovaciones del señor Grün consisten aquí, en primer lugar, en que entremezcla las citas del «Contrat social» y de la «Economie politique», y en segundo lugar, en que empieza con lo que Cabet termina. Cabet menciona los títulos de las obras de Rousseau de las que cita; el señor Grün los silencia. Explicamos esta táctica por el hecho de que Cabet habla de una «Economie politique» de Rousseau, que el señor Grün no puede conocer ni siquiera por un epigrama de Schiller. Para el señor Grün, que ha escrutado todos los secretos de la «Encyclopédie» (cf. pág. 263), era un secreto que la «Économie politique» de Rousseau no es otra cosa que el artículo de la «Encyclopédie» sobre la economía política. 

Pasemos a Turgot. Con éste, el señor Grün ya no se contenta con copiar simplemente las citas, sino que copia la descripción que Cabet hace de Turgot. 

Señor Grün: 

«Uno de los más nobles y vanos intentos de plantar lo nuevo sobre el suelo de lo viejo, que por todas partes amenazaba ruina, fue hecho por Turgot. En vano. La aristocracia provoca un hambre artificial, provoca revueltas, intriga y calumnia 

Cabet: 

«Et cependant, tandis que le roi déclare que lui seul et son ministre (Turgot) sont dans la cour les amis du peuple, tandis que le peuple le comble de ses bénédictions, tandis que les philosophes le couvrent de leur admiration, tandis que Voltaire veut, avant de mourir, baiser la 

¹ «Oíd ahora a Rousseau, el autor de ese inmortal “Contrato social” … oíd: “Los hombres son iguales en derecho. La naturaleza ha hecho todos los bienes comunes … en caso de reparto, la parte de cada uno se convierte en su propiedad. En todos los casos, la sociedad es siempre la única propietaria de todos los bienes.” Oíd aún: … “de donde se sigue que el estado social no es ventajoso para los hombres sino en la medida en que todos tienen algo y ninguno de ellos tiene demasiado.” — Oíd, oíd aún a Rousseau en su “Economía política”: “El mayor mal ya está hecho cuando se tiene a pobres que defender y a ricos que contener.”»

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hasta que el bonachón Luis despide a su ministro. — La aristocracia no quiso escuchar, así que tuvo que sentir. El desarrollo de la humanidad venga siempre de la manera más terrible a los buenos ángeles que hacen sonar la última llamada apremiante antes de una catástrofe. El pueblo francés bendecía a Turgot, Voltaire deseaba besarle la mano antes de su muerte, el rey le había llamado su amigo … Turgot, el barón, el ministro, uno de los últimos señores feudales, llevaba consigo la idea de que era preciso inventar una prensa doméstica para asegurar plenamente la libertad de prensa.» pág. 289, 290. 

Karl Marx y Friedrich Engels 

main qui a signé tant d’améliorations populaires, l’aristocratie conspire, organise même une vaste famine et des émeutes pour le perdre et fait tant par ses intrigues et calomnies qu’elle parvient à déchaîner les salons de Paris contre le réformateur et à perdre Louis XVI lui-même en le forçant à renvoyer le vertueux ministre qui le sauverait.» p. 497. «Revenons à Turgot, baron, ministre de Louis XVI pendant la première année de son règne, qui veut réformer les abus, qui fait une foule de réformes, qui veut faire établir une nouvelle langue et qui, pour assurer la liberté de la presse, travaille lui-même à l’invention d’une presse à domicile.»¹ p. 49. 

¹ «Y sin embargo, mientras el rey declara que sólo él y su ministro (Turgot) son en la corte los amigos del pueblo, mientras el pueblo lo colma de sus bendiciones, mientras los filósofos lo cubren de su admiración, mientras Voltaire quiere, antes de morir, besar la mano que ha firmado tantas mejoras populares, la aristocracia conspira, organiza incluso una vasta hambruna y revueltas para perderlo, y logra tanto con sus intrigas y calumnias que consigue desencadenar a los salones de París contra el reformador y perder al propio Luis XVI, forzándolo a despedir al virtuoso ministro que lo salvaría.» p. 497. «Volvamos a Turgot, barón, ministro de Luis XVI durante el primer año de su reinado, que quiere reformar los abusos, que hace una multitud de reformas, que quiere hacer establecer una nueva lengua y que, para asegurar la libertad de prensa, trabaja él mismo en la invención de una prensa doméstica.»

Cabet llama a Turgot barón y ministro, el señor Grün se lo copia. Para embellecer a Cabet, convierte al hijo menor del prévôt de los mercaderes de París en «uno de los más antiguos señores feudales». Cabet se equivoca al presentar la hambruna y la revuelta de 1775 como una maquinación de la aristocracia. Hasta el día de hoy no se ha esclarecido quiénes fueron los instigadores del clamor sobre la hambruna y del movimiento a él vinculado. En todo caso, los parlamentos y los prejuicios populares tuvieron en ello una parte mucho mayor que la aristocracia. Que el señor Grün copie este error del «papá limitado» Cabet entra en el orden de las cosas. Cree en él como en un evangelio. Apoyándose en la autoridad de Cabet, el señor Grün cuenta a Turgot entre los comunistas, a Turgot, uno de los jefes de la escuela fisiocrática, el representante más decidido de la libre competencia, el defensor de la usura, el maestro de Adam Smith. Turgot fue un gran hombre porque correspondió a su tiempo y no a las imaginaciones del señor Grün. Cómo han surgido éstas, ya lo hemos mostrado.

Pasemos ahora a los hombres de la Revolución Francesa. Cabet pone en el mayor aprieto a su burgués, contra quien aboga, al contar a Sieyès entre los precursores del comunismo, y precisamente porque Sieyès reconoce la igualdad de derechos y hace sancionar la propiedad sólo por el Estado, Cabet, pp. 499-502. El señor Grün, «condenado cada vez a encontrar el espíritu francés, cuando lo tiene cerca, insuficiente y superficial», copia tranquilamente esto y se imagina que un viejo jefe de partido como Cabet está llamado a conservar el «humanismo» del señor Grün «frente al polvo de los libros». Cabet prosigue: «¡Ecoutez le fameux Mirabeau!»¹, p. 504; el señor Grün dice: «¡Escuchemos a Mirabeau!», p. 292, y cita algunos de los pasajes destacados por Cabet en los que Mirabeau se pronuncia por la división igual de la herencia entre los hermanos. El señor Grün exclama: «¡Comunismo para la familia!», p. 292. Con este método, el señor Grün puede recorrer todas las instituciones burguesas y hallar por doquier un pedazo de comunismo, de modo que todas juntas sean el comunismo consumado. Puede bautizar el Code Napoléon como Code de la communauté² y descubrir colonias comunistas en los prostíbulos, cuarteles y prisiones.

Concluyamos estas aburridas citas con Condorcet. La comparación de ambos libros mostrará aquí al lector de manera muy especial cómo el señor Grün omite, entremezcla, tan pronto cita títulos como no, suprime los datos cronológicos, pero sigue exactamente el orden de Cabet, incluso cuando éste no procede con exactitud cronológica, y al fin no llega nunca más allá de un extracto de Cabet mal y angustiosamente enmascarado.

El señor Grün:

«El girondino radical es Condorcet. Reconoce la injusticia del reparto de la propiedad, disculpa al pueblo pobre… si el pueblo es un poco ladrón por principio, ello se debe a sus instituciones.

En su periódico “La instrucción social”… permite incluso grandes capitales.

Condorcet propuso en la Legislativa repartir los 100 millones de los tres príncipes emigrados en 100.000 partes… organiza la instrucción y el establecimiento de ayudas públicas.» (Cf. texto original.)

«En su informe sobre la educación pública ante la Legislativa dice Condorcet: “Ofrecer a todos los individuos de la especie humana los medios para satisfacer sus necesidades… ese es el objeto de la instrucción y el deber de un poder estatal, etc.”» (Aquí el señor Grün convierte el informe del comité sobre el plan de Condorcet en un informe de Condorcet.) Grün pp. 293, 294.

Cabet:

«Entendez Condorcet soutenir dans sa réponse à l’académie de Berlin»… (sigue un largo pasaje en Cabet, termina:) «“C’est donc uniquement parce que les institutions sont mauvaises que le peuple est si souvent un peu voleur par principe.”

Écoutez-le dans son journal “L’instruction sociale”… il tolère même de grands capitalistes.» pp.

«Écoutez l’un des chefs Girondins, le philosophe Condorcet, le 6 juillet 1792 à la tribune de l’assemblée législative: “Décrétez que les biens des trois princes français (Louis XVIII, Charles X et le prince de Condé”» – lo que el señor Grün omite –) «“soient sur-le-champ mis en vente… ils montent à près de 100 millions, et vous remplacerez trois princes par cent mille citoyens… organisez l’instruction et les établissements de secours publics.”

Mais écoutez le comité d’instruction publique présentant à l’assemblée législative son rapport sur le plan d’éducation rédigé par Condorcet, 20 avril 1792: “L’éducation publique doit offrir à tous les individus les moyens de pourvoir à leurs besoins… tel doit être le premier but d’une instruction nationale et sous ce point de vue elle est pour la puissance politique un devoir de justice”», pp., pp. 502, 503, 505, 509.

El señor Grün, que mediante este desvergonzado plagio de Cabet lleva a los organizadores del trabajo franceses por la vía histórica la conciencia de su esencia, procede de paso según el principio: Divide et impera³. Entre las citas arroja en seguida su juicio definitivo sobre las personas a las que acaba de conocer por un pasaje, además algunas frases sobre la Revolución Francesa, y divide el conjunto en dos mitades mediante algunas citas de Morelly, a quien justo a tiempo para el señor Grün puso de moda Villegardelle en París, y cuyos pasajes principales habían sido traducidos ya mucho antes que el señor Grün en el Vorwärts parisino. De la negligencia con que el señor Grün traduce, he aquí sólo un par de ejemplos flagrantes:

Morelly:
«L’intérêt rend les cœurs dénaturés et répand l’amertume sur les plus doux liens, qu’il change en de pesantes chaînes que détestent chez nous les époux en se détestant eux-mêmes.»⁴

El señor Grün:
«El interés vuelve los corazones antinaturales y derrama amargura sobre los lazos más dulces, que transforma en pesadas cadenas que nuestros cónyuges aborrecen, y a sí mismos además.» p. 274.
Puro disparate.

Morelly:
«Notre âme… contracte une soif si furieuse qu’elle se suffoque pour l’étancher.»⁵

El señor Grün:
«Nuestra alma… contrae… una sed tan furiosa que se ahoga para apagarla.» ibíd.
De nuevo puro disparate.

Morelly:
«Ceux qui prétendent régler les mœurs et dicter des lois»⁶

El señor Grün:
«Los que pretenden arreglar las costumbres y dictar leyes», p. 275.
Los tres errores proceden de un único pasaje de Morelly, en 14 líneas del señor Grün. También en su exposición de Morelly hay grandes plagios de Villegardelle.

El señor Grün puede resumir toda su sabiduría sobre el siglo XVIII y la Revolución en las siguientes palabras:
«Contra el viejo mundo asaltaron unidos el sensualismo, el deísmo y el teísmo. El viejo mundo se hundió. Cuando había que edificar un mundo nuevo, triunfó el deísmo en la Constituyente, el teísmo en la Convención, el sensualismo puro fue guillotinado o amordazado.» p. 263.

Se ve cómo la manera filosófica de despachar la historia con algunas categorías de historia eclesiástica se halla en el señor Grün al nivel de la degradación más profunda, de la mera frase belletrística; cómo no sirve sino para formar el arabesco de sus plagios. ¡Avis aux philosophes!⁷

Pasamos por alto lo que el señor Grün dice sobre el comunismo. Las notas históricas están copiadas de los folletos de Cabet, el Voyage en Icarie entendido al modo adoptado por el verdadero socialismo (cf. Bürgerbuch y Rheinische Jahrbücher). El señor Grün demuestra su conocimiento de la situación francesa y al mismo tiempo de la inglesa llamando a Cabet «el O’Connell comunista de Francia», p. 382, y dice luego:
«Sería capaz de mandarme ahorcar si tuviera el poder para ello y supiera lo que pienso y escribo sobre él. Estos agitadores son peligrosos para uno de los nuestros porque son limitados.» p. 382.

Proudhon
«El señor Stein se ha expedido a sí mismo el más brillante certificado de indigencia al tratar a este Proudhon en bagatelle» (cf. Einundzwanzig Bogen, p. 84). «Se necesita ciertamente algo más que la sopa recocida hegeliana para seguir esta lógica encarnada.» p. 411.

Unos pocos ejemplos pueden mostrar que el señor Grün se mantiene fiel a sí mismo también en este apartado.

Traduce de la p. 437 a la 444 algunos extractos de las demostraciones económico-nacionales de Proudhon de que la propiedad es imposible, y exclama al final:
«A esta crítica de la propiedad, antes de ser la disolución completa de la misma, no tenemos nada que añadir. No queremos escribir aquí una nueva crítica que suprimiría de nuevo la igualdad de la producción, la atomización de los trabajadores iguales. Ya he apuntado arriba lo necesario, lo demás» (lo que el señor Grün, a saber, no ha apuntado) «se hallará en la reconstrucción de la sociedad, en la fundación de las verdaderas relaciones de propiedad.» p. 444.

Así busca el señor Grün hurtarse a abordar los desarrollos económico-nacionales de Proudhon y a la vez elevarse por encima de ellos. Todas las demostraciones de Proudhon son falsas, pero eso se hallará para el señor Grün tan pronto como sea demostrado por otros.

Las observaciones dadas en la Sagrada Familia sobre Proudhon, a saber, que Proudhon critica la economía nacional desde el punto de vista económico-nacional, el derecho desde el punto de vista jurídico, son copiadas por el señor Grün. Sin embargo, ha comprendido tan poco de qué se trataba, que omite el auténtico meollo, a saber, que Proudhon hace valer las ilusiones de los juristas y economistas frente a su práctica, y da frases puramente absurdas por la frase anterior.

Lo más importante en el libro de Proudhon De la création de l’ordre dans l’humanité es su dialectique sérielle⁸, el intento de dar un método del pensar por el cual el proceso del pensamiento ocupe el lugar de los pensamientos autónomos. Proudhon busca desde el punto de vista francés una dialéctica tal como Hegel la ha dado realmente. El parentesco con Hegel es aquí, pues, realiter existente, no mediante fantástica analogía. Aquí era fácil, por tanto, dar una crítica de la dialéctica proudhoniana una vez que se había acabado con la crítica de la hegeliana. Pero esto era tanto menos de exigir de los verdaderos socialistas cuanto que el filósofo Feuerbach, a quien ellos reivindican, no lo había logrado. El señor Grün trata de escamotear su tarea de una manera realmente chusca. Precisamente en el lugar donde debía hacer jugar su artillería pesada alemana, sale huyendo con un gesto indecente. Llena primero unas cuantas páginas con traducciones y declara luego a Proudhon, con ampulosa captatio benevolentiae belletrística⁹, que con toda su dialectique sérielle no quiere sino hacerse el sabio. Busca, desde luego, consolarlo con la exclamación:
«¡Ay, mi querido amigo, en lo que atañe a ser sabio» (y «profesor no titular»), «no te engañes. Hemos tenido que desaprender de nuevo todo lo que nuestros escolarcas y máquinas universitarias» (a excepción de Stein, Reybaud y Cabet) «con tan infinito esfuerzo, con tanta aversión por su parte y por la nuestra, trataban de inculcarnos.» p. [457.]

Para probar que el señor Grün ya no aprende «con tan infinito esfuerzo», aunque acaso todavía con «tanta aversión», comienza sus estudios y cartas socialistas en París el 6 de noviembre y ha acabado para el siguiente 20 de enero no sólo los estudios, sino también «la exposición de la verdadera impresión total del decurso completo con necesidad».

V

«El Dr. Georg Kuhlmann de Holstein»
o
La profecía del verdadero socialismo

«El Nuevo Mundo
o
el Reino del Espíritu en la Tierra.
Anunciación»

«Faltaba un hombre», se dice en el prefacio, «en cuya boca todo nuestro sufrimiento y todo nuestro anhelo y esperanza, en una palabra, todo lo que agita a nuestro tiempo en lo más íntimo, llegara a ser palabra. ¡Y ese debía surgir en medio de este apremio y pugna de la duda y de la añoranza desde la soledad del espíritu con la solución del enigma que nos rodea a todos en tan vivas imágenes. Ese hombre que nuestro tiempo espera — ha aparecido. Es el Dr. Georg Kuhlmann de Holstein.»

August Becker, el autor de estas líneas, se dejó, pues, meter en la cabeza por un espíritu muy simple y un carácter muy equívoco que aún no se había resuelto ni un solo enigma, ni se había despertado una sola energía activa — que el movimiento comunista, que ya ha agarrado a todos los países civilizados, es una nuez hueca cuyo meollo no es posible descubrir, un huevo del mundo engendrado por la gran gallina del mundo sin gallo — ¡el verdadero meollo y el auténtico gallo en el corral es el doctor Georg Kuhlmann de Holstein!…

Pero este gran gallo del mundo es un capón de lo más común, que se dejó cebar durante algún tiempo por los artesanos alemanes en Suiza y no escapa a su destino.

No es que tengamos al doctor Kuhlmann de Holstein por un charlatán del todo corriente y un astuto embaucador que él mismo no cree en la fuerza curativa de su tintura de vida y con toda su macrobiótica no persigue sino conservar su propia persona a la vida — no, sabemos muy bien que este doctor inspirado es un charlatán espiritualista, un piadoso embaucador, un cuco místico que, sin embargo, como toda su especie, no procede con demasiados escrúpulos en la elección de los medios, porque con su santo fin está íntimamente ligada su persona. Pues los santos fines están siempre ligados del modo más íntimo a las santas personas; porque son de naturaleza puramente idealista y tienen su existencia sólo en las cabezas. Todos los idealistas, tanto los filosóficos como los religiosos, tanto los antiguos como los modernos, creen en inspiraciones, en revelaciones, en salvadores, en hombres milagrosos, y depende únicamente del grado de su cultura si esta fe adopta una forma tosca, religiosa, o una forma culta, filosófica, como depende sólo de la medida de su energía, de su carácter, de su posición social, etc., si se comportan pasiva o activamente ante la fe en lo milagroso, es decir, si son pastores de milagros o son ovejas, y si persiguen en ello fines teóricos o prácticos.

Kuhlmann es un hombre muy enérgico y no carente de cultura filosófica; de ningún modo se comporta pasivamente ante la fe en lo milagroso y persigue en ello fines muy prácticos.

August Becker no comparte con Kuhlmann más que la enfermedad sentimental nacional. El buen hombre «compadece a quienes no pueden decidirse a comprender que la voluntad y el pensamiento de la época siempre pueden ser expresados sólo por individuos aislados». Para el idealista, cada movimiento transformador del mundo tiene su existencia únicamente en la cabeza de un elegido, y el destino del mundo depende de que esta cabeza única, que posee toda la sabiduría como propietario privado, sea herida de muerte por alguna piedra realista antes de haber emitido sus revelaciones. «¿O no sería así?», añade desafiante August Becker. «¡Juntad a todos los filósofos y teólogos de la época, dejadlos deliberar y votar, y luego ved qué sale!»

Todo el desarrollo histórico se reduce para el ideólogo a las abstracciones teóricas del desarrollo histórico tal como se han formado en las «cabezas» de todos los «filósofos y teólogos de la época», y como es imposible «juntar» todas esas «cabezas» y dejarlas «deliberar y votar», tiene que haber una santa cabeza que constituya la cima de todas aquellas cabezas filosóficas y teológicas, y esta cabeza cimera es la unidad especulativa de aquellos cabezotas — el redentor.

Este sistema de cabezas es tan viejo como las pirámides egipcias, con las que tiene no pocas semejanzas, y tan nuevo como la monarquía prusiana, en cuyas