en Milán

4, Royal Parade, Eastbourne, 28 de junio de 95

Querido ciudadano Turati,

Un resumen de los 3 tomos de «El Capital» es una de las tareas más difíciles que pueda proponerse un autor.⁸ En toda Europa no hay, en mi opinión, más de media docena de personas capaces de hacerlo. Además de otras cosas indispensables, hay que conocer a fondo la economía política burguesa y dominar por completo la lengua alemana. Pero usted dice que su Labriolino no es particularmente fuerte en este último punto; sin embargo, sus artículos en la «Crítica Sociale»* 54) me demuestran que haría mejor en empezar por comprender correctamente el tomo I, antes de lanzarse a un trabajo independiente sobre la obra completa. No tengo ningún derecho legal para impedírselo, pero debo rechazar toda responsabilidad.

En cuanto al otro Labriola², la mala lengua que usted le atribuye tiene quizá cierta razón de ser en un país como Italia, donde el partido socialista⁷, al igual que todos los demás partidos, sufre como bajo una plaga de langostas la invasión de esa «juventud burguesa desclasada» de la que Bakunin se sentía tan orgulloso. Consecuencia: un exuberante diletantismo literario que con demasiada frecuencia desemboca en la caza de sensaciones y va acompañado necesariamente de un espíritu de camarilla, como el que reina en la prensa. Que existan estas cosas no es culpa suya, pero usted, como todo el mundo, está expuesto a la influencia de ese medio. Por lo demás, hablaría con usted más extensamente de Labriola, pero cuando veo publicados en la «Crítica Sociale», sin mi conocimiento, fragmentos de mis cartas privadas,⁷² admitirá usted que es mejor que me calle.

Por lo demás, después de todas las disputas y controversias, el partido parece haber actuado en general en las últimas elecciones como la situación lo exigía: afirmación de su independencia en la primera vuelta, donde ello no concedió ventaja alguna a los Crispis, apoyo a los radicales y republicanos en las votaciones de desempate, donde nuestros hombres entraban en liza.⁷³

El Dr. Aveling y su señora, que están precisamente conmigo, y yo le enviamos a usted y a la ciudadana Anna Kulischowa los más cordiales saludos.

Con amistad, suyo
F. Engels

Escriba por favor siempre a la dirección de Londres.

Del francés.