en Le Perreux

Londres, 3 de abril de 1895
41, Regent’s Park Road, N.W.

Mi querido Lafargue:

Aún no había terminado de leer su mitad del libro cuando me llegó el primer volumen de la “Historia del Socialismo” de Kautsky, así como varias revistas italianas (de Labriola) que trataban de Loria y un montón de revistas rusas (de N. Danielson). Me abruman con envíos. Pero, a pesar de todo, he terminado de leer su libro. Estilísticamente es brillante, contiene exposiciones históricas muy acertadas, verdades y originalidades, pero lo mejor es que no se asemeja al libro de un profesor alemán, en el que lo verdadero no es original y lo original no es verdadero. Su principal defecto es que probablemente se ha apresurado usted demasiado en acabarlo; la estructura, sobre todo los apartados sobre la propiedad feudal y la capitalista, podría haberse hecho con más esmero, especialmente para el público parisiense, acostumbrado a lecturas ligeras y adaptadas incluso a lectores perezosos; pues precisamente el parisiense insiste en su derecho a la pereza. Muchos pasajes muy buenos perderán quizá en parte su fuerza de efecto porque están puestos como entre paréntesis o porque usted ha dejado demasiado al lector mismo la tarea de sacar conclusiones y llegar a un resultado.

En cuanto a la materia en sí, mi principal objeción se refiere al capítulo sobre el comunismo en la familia de parentesco consanguíneo. Ahí, según me parece, pone usted demasiado el acento en la forma bajo la que esta fase se ha conservado hasta nuestros días en Francia, y en la forma de su disolución en este país. La forma de la parconnerie, bajo la que la comunidad de los parientes consanguíneos se ha mantenido tanto tiempo en Francia, es ya de por sí una subfase de la antigua gran asociación familiar que hasta hoy continúa en la zádruga de los serbios y búlgaros. A esta forma le precedió, según parece seguro, en Rusia y en Alemania, etc., la comunidad aldeana campesina; al disolverse ésta, la zádruga eslava y la comunidad doméstica alemana (genealogía de la lex Alamannorum) pasaron a la comunidad de familias separadas (o al principio, y todavía hoy en Rusia, a menudo en parconneries) con campos cultivados por separado, pero sometidos a la distribución periódica; lo que de ahí surgió fue el mir ruso y la comunidad de marca alemana. La comunidad mucho más restringida de varias familias, conservada en Francia, era, a mi entender, sólo una parte integrante de la comunidad de marca, por lo menos en el Norte (la parte franca); en el Sur (la antigua Aquitania) pudo constituir una unidad que poseía sus tierras sólo bajo la propiedad eminente del seigneur, sin estar sometida al control de la comunidad de aldea. Esta forma específicamente francesa pudo, al disolverse, pasar de un solo salto a la propiedad personal del suelo.

Es ésta una cuestión que aún requiere un estudio muy profundo. Por usted me entero de este carácter especial del comunismo en la familia de parentesco consanguíneo en Francia, y ya que está usted metido en ello con cuerpo y alma, no podría hacer nada mejor que proseguir este prometedor estudio.

Pequeña fe de erratas:

P. 338: hace usted subir el agua por los acueductos peruanos; pero como en el Perú el agua sólo se encuentra casi “en el corazón de las montañas”, y sus acueductos fueron construidos especialmente para conducirla hasta allí, ¿entonces tendría que ser agua del mar?

P. 354, Terra Salica: Guérard se equivoca extraordinariamente al derivar la palabra Sala de casa. Los francos salios ¿eran entonces francos que vivían en casas? Se llamaban salios, saliques, por el pequeño territorio de Holanda, Salland, donde el grupo que conquistó Bélgica y Francia entre las Ardenas y el Loira se había formado para la conquista; ese nombre existe aún hoy. En la época en que se promulgó la ley sálica (hacia el año 400), la sala era todavía, como usted mismo ha constatado, propiedad mobiliaria entre los germanos. Loira, con fuerte influencia germánica; la parte borgoñona al este del Saona y el Ródano, menos germanizada; Aquitania, entre el mar, el Loira y el Ródano, con escasa influencia germánica.

P. 386: “a otro le gusta poner trampas o preparar saltamontes (sauterelles)”. ¿Es que en 1787 en Berry se comían saltamontes? — Busco en mi diccionario y encuentro sauterolle, trampa para pájaros.

P. 393, Partages noirs: en ruso tschornoi, negro, se emplea para sucio y, en segundo lugar, para popular, sencillo, ordinario. Tschornoi narod, el pueblo negro = la masa popular, el “pueblo bajo”. Tschornoi perediel, le partage noir, significa, pues, más bien distribución general, universal, en la que todo el mundo, incluso el más pobre, recibe su parte. Y en ese sentido, un periódico narodnik (Amigo de los campesinos) publicado en Suiza llevaba el título “Tschornoi perediel”, lo que quería decir la distribución de las tierras nobles entre los campesinos.

Esto es todo lo que he observado, y le bastará. En cuanto a Yves Guyot, me lavo las manos en señal de inocencia.

Liebknecht me acaba de jugar una buena pasada. De mi introducción a los artículos de Marx sobre la Francia de 1848 a 1850 ha entresacado todo lo que podía servirle para apoyar la táctica pacífica a toda costa y que rechaza el empleo de la violencia, que desde hace algún tiempo, y sobre todo en este momento en que en Berlín se preparan leyes de excepción, se complace en predicar. Pero esta táctica yo sólo la predico para la Alemania actual, y aun así con importantes reservas. Para Francia, Bélgica, Italia, Austria, no se presta esa táctica en su conjunto, y para Alemania puede hacerse inaplicable ya mañana. Le ruego, pues, que aguarde al artículo completo antes de juzgar; probablemente aparecerá en la “Neue Zeit”, y espero de un día para otro ejemplares del folleto. Es lamentable que Liebknecht sólo vea negro o blanco. Para él no existen los matices.

Por lo demás, en Alemania la cosa se está poniendo caliente, y promete un final de siglo grandioso. Ese pequeño Guillermo es impagable con su “indignación”. Los nuestros le responderán en el Reichstag, donde no hay delitos de lesa majestad, de eso puede usted estar seguro.

Quería escribirle aún acerca de muchas cosas, pero cuando son necesarias, no se me ocurren. Así, poco a poco, se envejece. ¡Adiós, pues! Antes de que salga el correo he de escribir aún unas líneas a Laura. Saludos de los Freyberger (cuya pequeña medra maravillosamente) y de su

F. Engels

Revelaciones sobre el proceso de los comunistas de Colonia

Por Karl Marx.

Tirada aparte de la “Neue Rheinische Zeitung”
Revista político-económica, Hamburgo 1850.

Con introducción de Friedrich Engels.

Berlín 1895
Editorial de la expedición del “Vorwärts”, Berliner Volksblatt
(Th. Glocke).

Portada con dedicatoria de Engels a G. W. Plejánov