en Le Perreux

Londres, 28 de marzo de 95
41, Regent’s Park Road, N.W.

Mi querida Laura:

Si entre vosotros existía peligro de inundación, entre nosotros ocurría exactamente lo contrario: cuatro semanas sin agua, y, tras la helada, las alcantarillas quedaron obstruidas como consecuencia. Fue un hermoso caos. Londres fue arrojado de vuelta a la barbarie por este mes de fuertes heladas, y el «Standard» nos felicitó, con auténtico conservadurismo británico, de que el corte del suministro de agua constituyese una prueba de la alta civilización aquí alcanzada, mientras compadecía a las incivilizadas ciudades del continente, en las que las conducciones de agua no se habían helado. En fin, gracias a Dios, ya pasó.

Te quejas de la mítica unidad y de las rencillas reales de los socialistas franceses; comparados con los ingleses, son unos huérfanos en este arte. Son especialmente interesantes —me refiero a los socialistas ingleses—, ya que la Social Democratic Federation!!! y el Independent Labour Party!! se combaten mutuamente bajo el manto de una supuesta armonía. Esta armonía llega exactamente hasta donde alcanza su odio común contra John Burns, y permite a la Social Democratic Federation invitar a Keir Hardie a hablar en su mitin de la Comuna. En dicho mitin, K. H[ardie] (léase su discurso en el «Labour Leader») lanza ataques velados contra la Social Democratic Federation, a lo cual ésta responde en «Justice»!!. La Social Democratic Federation dice que el Independent Labour Party no posee derecho a la existencia, ya que la Social Democratic Federation es la única iglesia verdadera y ortodoxa; y el Independent Labour Party dice que la Social Democratic Federation debería dejarse absorber por el Independent Labour Party. Su más reciente hazaña la llevaron a cabo en las elecciones al County Council #!, donde ambas organizaciones presentaron candidatos, y precisamente solo contra los «progresistas»; el resultado fue: 1.300 votos en total de 486.000 y la elección de 4 moderados (conservadores), que ocupan los antiguos escaños de los progresistas, a lo que se suma el griterío triunfal tanto en «Justice» como en el «Labour Leader» de que han derrotado a los progresistas.'*’* Imáginate a los socialistas parisinos votando con clericales, monárquicos y oportunistas!?9 contra los partidos que exigen una administración autónoma para París, y tendrás la réplica exacta de la elección de los socialistas en Londres. Sin embargo, un apoyo a los progresistas habría significado reconocer la buena conducta de John Burns en el County Council y aprobar la política de Sidney Webb y los fabianos!!!!, quienes, por más chapuceros que sean como socialistas, realizan una labor realmente buena en la administración municipal y luchan con energía y habilidad por un Londres autónomo. Y así, los «socialistas» prefieren apoyar al partido que niega a Londres el autogobierno y lucha con todas sus fuerzas por mantener impotente al County Council. El County Council es ahora la porción más inmediata, mejor y más fácil de conquistar de la maquinaria gubernamental; la clase obrera podría tenerla mañana si estuviese unida. ¡Y qué sería del Parlamento con un consejo socialista autónomo de Londres!

Los berlineses publican de nuevo los artículos de Mohr de la «Revue der Neuen Rheinischen Zeitung» sobre Francia de 1848 a 1850, y yo he escrito una introducción para la ocasión, que probablemente aparecerá primero en la «Neue Zeit». Ha padecido algo bajo la exigencia, a mi juicio exagerada, de nuestros amigos berlineses de no decir nada que pudiera ser utilizado como medio para apoyar la aprobación de la ley contra la subversión¹ en el Reichstag. En estas circunstancias, tuve que ceder. Pero esta ley contra la subversión¹, y la situación absolutamente incierta en Alemania —por grandiosa que pueda ser para el progreso general de nuestro partido—, trastorna una gran parte de mis proyectos. Como seguramente sabes, estaba a punto de ultimar la correspondencia de Lassalle!?%!; para ello, tengo que revisar un montón de viejos papeles, cartas, etc. Sin embargo, si el nuevo proyecto de ley prospera, ni las cartas, ni mis notas, ni la «Introducción» podrán imprimirse en Alemania. Y una reimpresión de nuestros viejos artículos de 1843-52 será igualmente imposible. Así que me veo forzado a desatender todo esto hasta que podamos ver con algo más de claridad hacia dónde corre la liebre². Mientras tanto, me ocupo del tomo IV de «El Capital» 189, leyendo y corrigiendo las partes ya copiadas por K. K[autsky], y luego acordaré con Tussy la continuación de su trabajo.

³ En el manuscrito, en alemán: Umsturzvorlage — ² en el manuscrito, en alemán: wie der Hase läuft

Las cosas en Alemania se están poniendo decididamente críticas. La última escapada del joven Guillermo³ —su más profunda indignación por el rechazo del Reichstag al voto sobre Bismarck!”!— encierra serios elementos de peligro. En primer lugar, como síntoma; muestra que en él no solo «hay un tornillo flojo», sino que todo su mecanismo empieza a desajustarse. Luego, como desafío. No dudo de que nuestro partido responderá a ello en el Reichstag, y aunque por el momento pueda parecer que el asunto está enterrado, el conflicto existe y reaparecerá. Sin duda, nos hallamos en Alemania frente a un moderno Carlos I, un hombre poseído por la megalomanía cesariana.

Mira luego qué confusión siembra el sujeto en las filas de los partidos burgueses. Al terrateniente conservador lo halaga por momentos, y por momentos lo rechaza; no puede atender su griterío por rentas garantizadas por el Estado; la alianza entre la aristocracia terrateniente y los grandes propietarios fabriles, que Bismarck fundó en 1878 con ayuda de sus aranceles proteccionistas, se ha ido a pique a causa de intereses económicos contrapuestos. El partido católico!!!, que con sus 100 diputados determinaba el equilibrio político en el Reichstag, se hallaba en el mejor camino para dejarse seducir y votar la ley contra la subversión, cuando la votación sobre Bismarck y el emperador indignado lo arrojaron de nuevo y de inmediato a la oposición; y esto significa acelerar la escisión del Centro católico en un ala aristocrático-burguesa y un ala democrática, un ala de obreros y campesinos. Por doquier confusión y desunión, que empujan a Guillermo a un golpe de Estado, para afirmar su derecho divino al poder absoluto y desembarazarse del sufragio universal; del otro lado, el avance silencioso e irresistible de nuestro partido, que se manifiesta en cada elección para cualquier cargo alcanzable mediante los votos de los obreros. Esto se presenta crítico: ¡quién viva, verá!

Dentro de unos días escribiré a Paul acerca de su mitad del libro de la cama de matrimonio¹. Tiene un extraño compañero de lecho. 9%

Siempre tuyo

F. Engels