London, 25 de marzo de 95  
41, Regent’s Park Road, N.W.

Querido barón,

He contestado inmediatamente a tu telegrama: «con mucho gusto». Por correo bajo faja sigue el texto en pliego de corrección con el título: Introducción a la nueva edición de «Las luchas de clases en Francia 1848/50» de Marx, por F. E[ngels]. Que el contenido consiste en la reproducción de los viejos artículos de la «N[eue] Rh[einische] Z[eitung]. Revue», está dicho en el texto. Mi texto ha sufrido algo a causa de los recelos temerosos ante la Umsturzvorlage de nuestros amigos berlineses, a los que, dadas las circunstancias, he tenido que tener en cuenta. #55!

He aclarado inmediatamente a Plejánov su malentendido. Hiciste muy bien en rechazar a Ferri; ese hombre es en todos los terrenos un folletinista sensacionalista y, como la mayoría de los italianos, tiene a Loria por un gigante en el campo de la economía, cosa que el ilustre les ha inculcado a fuerza de «la repetida aparición» (como decía Ruge) y de una camaradería magistralmente organizada.

No he leído el discurso de Liebknecht sobre la milicia!} en la versión taquigráfica; por los informes de la prensa no se puede juzgar. Sobre la milicia y el ejército permanente se podría escribir largo y tendido. Si Francia y Alemania se pusieran de acuerdo para transformar gradualmente sus ejércitos en ejércitos de milicias con períodos de instrucción de igual duración, el asunto estaría resuelto; a Rusia se la puede dejar hacer lo que quiera, y Austria e Italia seguirían con fruición. Pero, debido a las condiciones internas, Francia y Alemania no pueden permitírselo, y aunque pudieran, no es posible por Alsacia-Lorena. Y en eso fracasa todo el asunto de la milicia.

Desgraciadamente, hasta hoy no me ha llegado aún tu obra La prehistoria del socialismo!?”2!; estoy muy impaciente por conocerla, no sólo, aunque especialmente, en lo que se refiere a los anabaptistas; también en los movimientos anteriores hay todavía muchas cosas que esclarecer. Es muy de lamentar que para los taboritas no hayas podido recurrir a fuentes checas, pero eso era absolutamente imposible sin una larga estancia en Bohemia y sin una oportunidad especial de acceso a material manuscrito. Tal vez aparezca algún día un joven checo que sobre el terreno mismo complete esa labor.

Lo que he leído del trabajo de Ede me ha gustado mucho, sobre todo en lo que atañe al material y a los puntos de vista más destacados. En cambio, me parece que la disposición está hecha con cierta precipitación, pero sobre esto no se podrá juzgar hasta que se tenga el conjunto a la vista.!*?]

Una historia de la Internacional para vosotros tendrá grandes dificultades. Para eso, ante todo habría que reunir primero el material de los distintos países. Para España, Mora lo está publicando ahora —muy a cuentagotas— en el folletín del «Socialista». Para Italia, hasta el Congreso de La Haya, tengo bastante, pero allí han intervenido muchas cosas entre bastidores. Para Francia, hasta 1870, Frankel y Lafargue podrían probablemente reunir bastantes materiales; para Suiza están el «Tagwacht», el «Vorbote», el «Égalité», el «Bulletin Jurassien»! (Los artículos de Héritier en el «Berliner Volks-Tribüne» hay que utilizarlos con mucha precaución, todos fueron escritos inconscientemente como disculpa de los bakuninistas; el hombre era tan ignorante de lo que hacía que más tarde tuve que decirle por qué razón acababa de abofetear a su mentor espiritual Becker!?) Los demás países son secundarios.

El material que poseo me propongo utilizarlo desde hace años en la biografía de Marx, y precisamente empezaré por esta parte, la más importante; a hacerlo me obligan diversas circunstancias. En primer lugar, yo mismo participé en la época decisiva de 1870-72 y puedo completar el material con la experiencia. En segundo lugar, es sin duda el episodio más importante de la vida pública de Marx y, al mismo tiempo, el que más difícilmente se puede exponer correctamente sólo a base de material impreso. En tercer lugar, aquí es donde hay que eliminar la mayoría de las calumnias. En cuarto lugar, tengo 74 años y debo darme prisa. Y en quinto lugar, la otra época en que Marx actuó públicamente (1842-62) puede muy bien describirse más tarde, y hasta en caso de necesidad por otra persona que no sea yo, pues en ella la polémica pública hasta el «Señor Vogt» ha aclarado las más de las cosas y Marx pulverizó de tal modo las calumnias de entonces de los demócratas vulgares que hoy ya no necesitan refutación pormenorizada.

A este trabajo, que desde hace mucho tiempo me hace ilusión, me pondré en cuanto pueda, y entre medias sólo hay algunos pequeños trabajos, en realidad únicamente la reelaboración de la introducción a la nueva edición de «La guerra de los campesinos» 94% (para lo cual necesito también tu libro). Después me sacudiré toda la correspondencia (que me quita un tiempo enorme) y todos los trabajos de ocasión (probablemente con ayuda de la Umsturzvorlage!%5]>21), y entonces la cosa marchará.

Las noticias que me das sobre la «Arbeiter-Zeitung» son muy tristes, pero creo que saldrá adelante. Quizá los compañeros hayan montado la cosa al principio con demasiada magnificencia!??* y ahora tengan que apretarse el cinturón. Pero el éxito político parece asegurado, y entonces sería cosa del diablo que al final no fuera posible también el éxito financiero. Una reforma electoral que nos lleve al parlamento la considero absolutamente segura en Austria, a menos que sobrevenga un repentino período de reacción general. A tal período parece estarse trabajando violentamente en Berlín, pero, por desgracia, allí no saben ellos mismos hoy lo que querrán mañana. Puede suceder como con el recluta de Lancashire, a quien el suboficial, durante la instrucción, mandaba: ¡Armas al hombro! — ¡Descansen! — ¡Armas al hombro! — ¡Descansen! — ¡Al hombro! — ¡Descansen! —I winnot, gritó el recluta. You won't? —No, I winnot. —You refuse to obey your superior officer? —I winnot! —And why not? —Because you dunnot know your own mind for two minutes together!*

Muchos saludos de casa a casa.

Tuyo  
F.E.

¡Por favor, guarda para ti lo que te he dicho más arriba sobre mis planes; hay tantos literatos indiscretos en el partido!

* —¿Te niegas a obedecer a tu oficial superior? —¡No quiero! —¿Y por qué no? —¡Porque usted mismo no sabe durante dos minutos seguidos lo que quiere!