Londres, 19 de marzo de 1895

¡Los Cachets Crampons! han llegado bien aquí y ya están en uso; la maquinaría no presenta dificultad para el que cierra, si también para el que abre, eso lo podrán decir los correos alemán y austriaco, a los que ya les hemos sumisamente sometido algunas muestras. ¡Muchas gracias! Ojalá Köller se vea obligado a presentar una Umsturzvorlage para la subversión de estos Crampons, con lo cual las mejores intenciones de los gabinetes negros fracasarían tan ignominiosamente.

Gracias por tus gestiones en la región de Bielefeld. Si en el «Dampfboot» hay algo mío, o también de Marx, casi siempre será anónimo.

De Livingston, ninguna noticia.

El frío me sentó de maravilla, como un enérgico tónico; me sentí 20 años más joven mientras duró. En cambio, Londres, como de costumbre, se vio arrojada de vuelta a la barbarie a causa de ello. Las cañerías de agua se congelaron; tuvimos agua hasta que la compañía cerró los afluentes de las tuberías principales y entonces el agua se heló en éstas. La nuestra se hallaba a unos 4½–5 pies de profundidad; al cabo de 14 días de deshielo la excavaron, y aún estaba completamente llena de hielo. Luego tuvimos que esperar otros 2 días hasta que nuestro tubo de conexión se descongeló. Hace hoy 8 días, a las 8 de la noche, por fin volvió el agua. Después resultó que la canalización estaba atascada por la insuficiente afluencia de agua. Y así hemos vuelto al orden, al fin, a finales de la semana pasada, después de habernos visto obligados, a diario durante 4 semanas, a hacer subir 40 cubos de agua al cuarto piso, bajo el tejado, para mantener en marcha la cañería de la casa y para protegernos, cada vez que encendíamos la cocina económica, de una explosión de la caldera.

Por el impuesto sobre los Crampons te has tomado esfuerzos y preocupaciones inútiles; todos los productos industriales están aquí libres de derechos de aduana.

Muchos saludos para ti y los tuyos de parte de Louise y de tu

F. Engels