en Colonia

Londres, 19 de marzo de 1895
41, Regent’s Park Road, N.W.

Querido Hirsch:

¡Te haré el favor!, pero sólo bajo dos condiciones:

1. El asunto queda estrictamente entre nosotros, pues de lo contrario me enviarán cien cosas semejantes para su crítica previa; lo que hago por uno, no puedo negárselo al otro, y entonces puedo liar el petate. 2. Que ésta sea la última vez que me pides algo así. Recibo más cosas enviadas en una semana de las que puedo leer en un mes, pero si además he de criticarlas, entonces salgo adelante con muchas menos aún. — Pág. 4. ¡Unilateral! Esto es mucho menos el caso en la gran industria que en la manufactura. Por el contrario, la gran industria elimina en gran parte la mutilación producida por la manufactura, aunque genera una nueva propia; esta última puede acrecentarse mediante la intensificación del trabajo. Por lo que conozco la gran industria, me parece que aquí se destaca más este punto de lo que corresponde a la situación real. La división del trabajo es y sigue siendo la causa básica de la mutilación del trabajo. Pág. 6. — «cada vez sobreproducciones, crisis». — Puede, tiene la tendencia — la realización no es en modo alguno necesaria. «Movimiento en espiral» — me parece formulado de manera demasiado general. ¿Qué modo de producción se presupone aquí? «El mínimo de tiempo de trabajo socialmente necesario» — si esto ha de ser el tiempo necesario para producir el producto social total, no tiene sentido en la sociedad capitalista, puesto que en su distribución entre los distintos obreros no se toma en consideración a todo el ejército industrial de reserva. Pág. 15. «Dondequiera que» (etc., hasta el final de la frase) — esto está expresado como mínimo de manera muy poco clara, y tal como está ahí, es una contradicción. Primero surge del aumento de los productos del trabajo «una ganancia en sí» y luego una «pérdida de valor, que es por lo menos posible». Esto no es admisible sin la indicación de los términos medios explicativos y restrictivos. Pág. 18. «El capital del obrero es él mismo.» Esto suena muy bien, pero la palabra capital pierde aquí el último resto de su sentido. ¡Qué diablos, traducir cosas razonables a frases filisteas irrazonables!; — lo que dices aquí me resulta completamente incomprensible. Asimismo en la pág. 18, núm. 2. La condensación del trabajo, que se deriva del perfeccionamiento del mecanismo, es calificada aquí de pronto de insalubre. Puede serlo, lo es muy a menudo en el sistema capitalista, pero en sí misma es tan poco insalubre como el comer y el digerir en la página siguiente. No sólo no cesará, sino que podremos incrementarla aún considerablemente, porque tendremos las compensaciones para el obrero debajo de ella. Otras glosas al margen. Si más adelante haces una segunda edición, te aconsejaría que fundamentes estas disquisiciones, en todo caso muy generales, con ejemplos específicos, que aduzcas hechos de distintas ramas industriales y que digas en general a qué industrias te refieres. Por ejemplo, en el caso de la desarrollada industria textil inglesa, tus proposiciones sólo son válidas en una medida muy limitada. En cambio, pueden tener una validez mucho mayor para Alemania, donde la gran industria es aún joven y apenas está imponiéndose en toda una serie de ramas de la producción, con el desplazamiento de viejos métodos y el aumento repentino de la intensidad del trabajo. Pero éstas no son más que fases de transición. Lo principal en estas cuestiones económicas, y específicamente industriales, es no dejarse dominar por el punto de vista local. Tomadas por lo que son, estas fases de transición tienen toda su importancia, pero hay que ser también consciente de que son eso y nada más, y decirlo. Y tienes ahí, en tu más inmediata cercanía, la mejor oportunidad para presentar todas tus proposiciones como deducciones de la realidad viva, y al hacerlo aprenderás tú mismo algo. — Ahora, ¡hacedlo bien en la nueva elección en Colonia!, para que por lo menos lleguemos a la segunda vuelta. Y cuando de nuevo me escribas alguna vez, dime si la vieja casa, detrás de la sombrerería, donde estuvo la «N[eue] Rheinische Ztg.», sigue llevando el núm. 17 y si el almacén de ropa que ahora hay allí se llama Salomón o Leví, lo he olvidado.

Lleváis vuestra lucha con el Centro bastante bien hasta ahora, pero creo que podrías clavar un poco más a menudo en artículos de fondo la actitud de Lieber & Cía. en el Reichstag.

Muchos saludos.

Tuyo,
F. E.