en Berlín

[Londres] 8 de marzo de 95
41, Regent’s Park Road, N.W.

Querido Fischer:

He tenido en cuenta vuestras graves objeciones en la medida de lo posible, aunque, con la mejor voluntad del mundo, no puedo comprender en qué consiste la objeción en aproximadamente la mitad de los casos. No puedo, en efecto, suponer que os propongáis consagraros en cuerpo y alma a la legalidad absoluta, a la legalidad en todas las circunstancias, a la legalidad incluso frente a leyes quebrantadas por sus propios autores; en suma, a la política de poner la mejilla izquierda a quien os ha golpeado la derecha. En el Vorwärts se reniega ciertamente de la revolución a veces con tanto derroche de energía como antes —y tal vez próximamente de nuevo— se predicaba. Pero eso no puedo considerarlo determinante.

Soy de la opinión de que no ganáis nada predicando la renuncia absoluta a responder con golpes. Nadie lo cree, y ningún partido de ningún país llega tan lejos como para renunciar al derecho de resistir la ilegalidad con las armas en la mano.

También debo tener en cuenta que también extranjeros —franceses, ingleses, suizos, austríacos, italianos, etc.— leen mis cosas, y ante ellos no puedo en modo alguno comprometerme hasta ese punto.

Así pues, he aceptado vuestras modificaciones con las siguientes excepciones:
1. En la galerada 9, en lo de las masas, ahora dice: «ellas deben haber comprendido por lo que han de luchar». — 2. el siguiente párrafo: se ha suprimido toda la frase sobre el lanzarse al ataque; vuestra propuesta contenía una inexactitud de hecho. La consigna del lanzarse al ataque la emplean franceses, italianos, etc., todos los días, sólo que no la toman tan en serio. — 3. Galerada 10: «La subversión socialdemócrata, que actualmente vive de ello», queréis quitar ese «actualmente», convirtiendo así una táctica momentánea en permanente, una relativa en absolutamente válida. Eso no lo hago, no puedo hacerlo sin ponerme en ridículo para siempre. Por eso evito formular la contraposición y digo: «La subversión socialdemócrata, a la que justamente ahora le sienta muy bien atenerse a la ley».

Por qué consideráis peligrosa la alusión al proceder de Bismarck en 1866 con la violación de la Constitución me es absolutamente incomprensible. Se trata de un argumentum ad hominem como no hay otro. Sin embargo, os complazco.

Así, por debajo de esto no puedo pasar absolutamente. He hecho todo lo posible por evitaros contratiempos en el debate. Pero haríais mejor en mantener el punto de vista de que la obligación de la legalidad es jurídica, no moral, como tan bien os lo ha ejemplificado Boguslawski (que tiene una ese larga); y de que cesa por completo tan pronto como los detentadores del poder quebrantan las leyes. Habéis tenido, sin embargo —o al menos alguno de vosotros—, la debilidad de no contrarrestar debidamente la pretensión de los adversarios: la de reconocer la obligación de la legalidad también como moral, como obligatoria en todas las circunstancias, en lugar de decir: vosotros tenéis el poder, vosotros hacéis las leyes; si las quebrantamos, podéis tratarnos conforme a esas leyes, tenemos que soportarlo y asunto concluido, nosotros no tenemos más deber, vosotros no tenéis más derecho. Así lo hicieron los católicos bajo las leyes de mayo, así los viejos luteranos en Meissen, así aquel soldado menonita que figura en todos los periódicos, y no debéis renegar de ese punto de vista. El proyecto de ley contra la subversión se irá a pique de todos modos; una cosa así no se puede ni formular, y mucho menos aplicar; y si la gente tiene el poder, os amordazarán y vejarán de alguna manera, de todos modos.

Pero si queréis hacer comprender a los del gobierno que nosotros sólo queremos esperar porque aún no somos lo bastante fuertes para valernos por nosotros mismos y porque el ejército aún no está suficientemente contaminado… entonces, querida gente, ¿por qué alardeáis todos los días en los periódicos de los gigantescos progresos y éxitos del partido? Los de fuera saben tan bien como nosotros que avanzamos poderosamente hacia la victoria, que dentro de pocos años seremos irresistibles, y por eso quieren echarnos el guante ya ahora, aunque desgraciadamente no saben cómo. Nuestros discursos no pueden cambiar nada en esto; lo saben todo tan bien como nosotros, y también saben que, cuando tengamos el poder, lo utilizaremos como nos convenga a nosotros y no a ellos.

Así pues, cuando llegue el debate general en el pleno, pensad un poco en que defendéis el derecho de resistencia tan bien como Boguslawski lo ha defendido para nosotros; en que entre vuestros oyentes hay también viejos revolucionarios, franceses, italianos, españoles, húngaros, ingleses; y en que, quién sabe cuán pronto, puede volver el tiempo en que se tome en serio la supresión de lo de «legal», que se llevó a cabo aquel año de marras en Wyden. ¡Mirad a los austríacos, que amenazan con la violencia tan directamente como es posible, si no llega pronto el derecho de sufragio! ¡Pensad en vuestras propias ilegalidades bajo la ley contra los socialistas, que se os quiere volver a endosar! ¡Legalidad en tanto y en cuanto nos convenga, pero ninguna legalidad a cualquier precio, ni siquiera en la frase!

Tuyo,
F. E.

La traducción al alemán de las citas (la mayoría ya están en el texto) es ahora demasiado tarde, ya está compaginado en pliegos.
La corrección va de aquí a Hamburgo.