en Le Perreux

[Londres] 26 de febrero de 1895
Mi querido Lafargue: 41, Regent’s Park Road, N.W.

Le devuelvo certificado el manuscrito con algunas observaciones — la traducción es, como siempre, excelente. Ha habido un retraso de unos días: en Berlín quieren reimprimir los 3 artículos de Marx sobre los acontecimientos de Francia en 1848/49 (publicados en 1850 en la “Neue Rheinische Zeitung. [Politisch-ökonomische] Revue”), y eso no puede hacerse sin una introducción. Ésta ha resultado bastante larga, pues, además de una visión de conjunto de los acontecimientos desde aquella época, tenía que explicarse por qué estábamos entonces justificados para contar con una victoria inmediata y definitiva del proletariado, por qué no se produjo y en qué medida los acontecimientos han contribuido a que hoy veamos las cosas de modo distinto a como las veíamos entonces. Esto es importante a causa de las nuevas leyes que nos amenazan en Alemania. Una comisión del Reichstag se esfuerza por convertir todos los artículos del código penal en artículos elásticos, que puedan aplicarse o no según el partido político al que pertenezca el acusado. La justificación de un hecho considerado delito, etc., debe ser castigada si se ha producido bajo supuestos que hagan suponer que el acusado quería provocar o incitar a la imitación, etc., etc. En otras palabras: a usted, como socialista, se le castiga si ha dicho algo que cualquier conservador, liberal o clerical hubiera podido decir impunemente. Los clericales de la comisión son peores que el propio gobierno. Imagínese, ¡piden dos años de prisión para quien niegue públicamente o en la prensa la existencia de Dios o la inmortalidad del alma!

Esta furia de la reacción es completamente insensata y absolutamente inexplicable, a no ser que se admita que todos estos señores se sienten amenazados por un golpe de Estado. Este golpe de Estado es predicado abiertamente por altos funcionarios.

Konstantin Rößler, consejero de legación, lo ha exigido en un folleto; el general retirado von Boguslawski acaba de hacer lo mismo. Los liberales y los clericales saben que, en caso de una decisión semejante del gobierno, no les quedaría más remedio que someterse. Ante los 2 millones de electores socialistas, estos señores no tienen el valor de oponerse abiertamente a un golpe de Estado — el gobierno los desarma con esta amenaza, ¡votarán todo lo que sea para “salvar” la constitución y la paz interior! Verá usted que aprobarán todos los impuestos, todos los barcos de guerra, todos los nuevos regimientos que Guillermo II exige — si los electores no se entrometen. Pues los diputados burgueses entre nosotros son tan cobardes, que hasta podría faltarles el valor para la cobardía.

En cualquier caso, marchamos a grandes pasos hacia una crisis, si es que puede haber crisis en esta Alemania de la burguesía, donde todo se embota. Lo cierto es que para nuestros amigos se avecina un nuevo período de persecuciones. En lo que concierne a nuestra política, debe consistir en no dejarnos provocar en el momento oportuno; tendríamos que combatir y sangrar sin perspectivas de éxito como París en 1871, mientras que podríamos duplicar nuestras fuerzas en dos o tres años como bajo la ley de excepción. Hoy nuestro partido lucharía él solo contra todos los demás, unidos en el gobierno bajo la bandera del orden social; dentro de dos o tres años tendremos de nuestro lado a los campesinos y pequeño burgueses arruinados por los impuestos. El cuerpo principal no libra combates de avanzada, se mantiene preparado para el momento crítico.

Bien, ya veremos cómo acaba.

¡Qué ironía que usted, uno de los que mejor escriben en francés de nuestro tiempo, esté condenado a publicar casi permanentemente en alemán! ¡Y en qué alemán! Los traductores de Berlín y Stuttgart son de una pesadez auténticamente germánica; únicamente Adler le hace justicia, pero no siempre tendrá tiempo de traducir él mismo. Como consuelo puedo decirle que siempre respiro un poco de esprit francés cuando en mi mente retrotraduzco a su traductor; a veces lo consigo.

Desde hace 15 días estamos sin agua: la tubería que pasa bajo la calle se ha congelado; por lo demás, en la casa todos están bien. Durante una semana casi no tuvimos gas; las parafinas con C₂, C₃, C₄ y más carbono se habían precipitado en las tuberías como cuerpos sólidos a causa del frío. Fue uno de esos períodos en que Londres es arrojado de nuevo a la barbarie. ¡Y luego el “Standard” asegura que precisamente esto es la prueba de que Inglaterra ha alcanzado la cumbre de la civilización!

Dele las gracias a Laura por su hermosa traducción; la carta que usted me prometió de ella no la he recibido aún, pero espero que haya recibido el ejemplar del tomo III que le envié el 1 de enero para Deville.

Saludos de los Freyberger.

Suyo, con la mayor amistad,
F.E.

El “Prólogo” del tomo III ha aparecido en la “Rassegna” — traducido al italiano por Martignetti; Labriola lo ha revisado y ha reproducido los pasajes sobre Loria con una delectación que se trasluce en casi cada línea. Loria, por su parte, ha criticado el tomo III en la “Nuova Antologia” con una superficialidad sin igual. El tomo I: Napoleón I, el II: el rey de Roma, tísico, el III: Luis Bonaparte III. — En Alemania, Werner Sombart, profesor en Berlín, un marxista algo ecléctico, ha escrito un buen artículo sobre el tomo III.

“¿Qué pasa con el Primero de Mayo? ¡En este contexto sólo se habla de los alemanistas!” ¿Y cómo está la cuestión de la unificación o separación de los grupos, especialmente en lo que respecta a vuestros? Vaillant me ha vuelto a escribir, quiere saber mi opinión sobre sus proyectos de ley. Aún no he encontrado tiempo para leer la conferencia de Jaurès sobre el materio-idealismo.

Del francés.

Sugerencias de Engels para la traducción francesa de su trabajo “Contribución a la historia del cristianismo primitivo”

p. 17
En la formación del cristianismo tal como fue elevado al rango de religión de Estado por Constantino, la escuela de Filón de Alejandría y la filosofía vulgar greco-romana, platónica y particularmente estoica, tuvieron una parte poderosa. Esta parte está lejos de estar establecida en detalle, etc., etc.

p. 34
¡Qué santa indignación no provocó después de 1830, en la Alemania de entonces, aquel piadoso cuarto de niños, como lo llamaba Heine, la rehabilitación de la carne saintsimoniana! La más indignada fue aquella gente aristocrática que dominaba entonces (no digo la clase aristocrática, puesto que en 1830 aún no había clases entre nosotros) que etc.

misma página, última palabra: conception — ¿no se presta demasiado esta palabra aquí a retruécanos?