en Barmen

Londres, 8 de febrero de 1895

Querido Hermann:

Tu carta del 23 llegó aquí al mismo tiempo que el hermoso tiempo de heladas, que juega una mala pasada al envío de vino. No obstante, he encargado tu jerez a Dublín, pero me he reservado dar la orden de envío sólo cuando el Rin esté otra vez abierto y el vino esté fuera del peligro de helarse en el camino. También he pasado yo un ligero susto: tenía 5 cajas = 15 docenas de oporto y burdeos en camino desde Dublín, y anduvieron expuestas unas 48 horas a la helada que las sorprendió. Pero, según parece, todo ha ido bien; lo que hasta ahora he probado no ha sufrido, y la quietud en mi famosa bodega –temperatura uniforme y espacio para casi 100 docenas en 8 departamentos de obra– hará el resto.

Aquí tenemos, por primera vez en muchos años, un auténtico invierno continental. Hasta año nuevo, templado, casi primaveral, de modo que todos los arbustos echaban brotes; luego, frío, y desde hace casi tres semanas, fuertes heladas persistentes (8-10° Celsius — 6-8° Réaumur bajo cero por la noche) y nieve. Cuando sopla el nordeste hace un frío cortante, pero cuando, como ayer y hoy, apenas hay viento, el tiempo es maravilloso. Por suerte, siempre tenemos viento suficiente para que no se forme niebla, y además un cielo espléndidamente azul.

Tus fatigas a consecuencia de comilonas, beberajes y bailoteos, a más de serenatas con música de ulanos, sé apreciarlas perfectamente. Aquí a eso se le llama the social treadmill, la noria social, y por divertido que ello resulte a veces en años jóvenes, tanto más fastidioso se vuelve uno al hacerse mayor. También yo me resisto con pies y manos; pero, por Navidades, uno no se libra del todo de ello, tampoco aquí.

De Wilhelm Pf. he recibido puntual y agradecidamente las £ 40.

Por lo demás, esta vez he soportado la noria social de los días festivos mejor que de costumbre, porque realmente he tenido cuidado, y justamente con este tiempo de heladas que me resulta tan familiar me encuentro mejor que desde hace mucho tiempo.

También he podido poner a prueba la capacidad de calentarse de mi nuevo estudio hasta el máximo, pues no sólo reina un frío extraordinario, sino que además ambas casas colindantes están vacías, por tanto sin calefacción, y mi habitación linda con ambas paredes medianeras. Y con todo he conseguido mantenerla caliente. Ayer fue la primera vez que pasé un poco de frío, pero cuando mayor es la necesidad, más cerca está el auxilio: apareció de reserva la bata de Rudolf, y al instante me metí yo en ella.

Sobre mis compañeros de casa puedes informarte por Oscar Jaeger, que los conoció a ambos en mi casa la última vez que estuvo aquí; Freyberger vino esa noche precisamente andando en lances de amor.

Ahora mismo he tenido en casa a una diputación de la comisión del impuesto municipal; estos señores quieren convencerse de que realmente no pago más de £ 85 por la casa, dado que el último inquilino pagaba £ 130 y la casa estaba gravada con un alquiler anual imponible de £ 110, contra lo cual, naturalmente, protesté. He presentado a los señores todos los documentos, y ahora veré lo que hacen. Como aquí a mi lado, de 8 casas, 4 están vacías, confío en que tengan misericordia conmigo.

Así que he encargado 1½ docena de jerez nº 1 y 1½ docena del nº 2, según la muestra.

Como no escribes nada más, supongo que Walter ha aprobado felizmente su examen, y le felicito por ello. Y a Elsbeth la felicito mucho más todavía por su próxima boda; pero ha de hacérmelo saber ese día, para que aquí también podamos brindar por su salud y la de su novio.

Así, pues, muchos recuerdos para Emma y para todos tus hijos, yernos, nueras y nietos.

Tu viejo

Friedrich