en Viena

Londres, 28 de enero de 1895

Querido Victor:

Mi más cordial enhorabuena – y la de todos nosotros – por el rápido éxito de la “Arbeiter-Zeitung”. Cierto que lo esperaba, pero la confirmación por los hechos también vale mucho.

Por lo que respecta a la redacción, no te salgan canas. En las primeras semanas eres mucho más importante como organizador que como redactor propiamente dicho. En cuanto todo esté en los carriles adecuados, ya irás logrando dar al periódico el tono justo. Tienes toda la razón: el diario es todavía un poquito demasiado serio; un poco más de humor, sobre todo en la primera página, que en la edición quincenal siempre fue muy jocosa, no podría perjudicar. Pero eso ya llegará.

Despachos telegráficos originales de capitales extranjeras no os serían absolutamente de ninguna utilidad. Para ello se necesitaría en cada ciudad una oficina perfectamente organizada con un corresponsal jefe que se ocupase profesionalmente del asunto en especial para vosotros; aquí en Londres cuesta de 600 a 1.000 libras esterlinas al año, y aun así no os proporcionaría las mejores noticias de los círculos ministeriales o de los jefes de la oposición, por la sencilla razón de que esas noticias sólo se obtienen con privilegio, antes que nadie y antes de que se conviertan en bien público, cuando se pueden prestar contrapartidas a quienes las comunican, apoyándolos y publicando artículos publicitarios ya remitidos y listos. Pero eso es precisamente lo que nuestra prensa no puede hacer. Así pues, en materia de noticias de los círculos oficiales jamás podréis competir con los grandes diarios burgueses, que no sólo monopolizan las fuentes, sino que también pueden organizar el servicio de noticias sobre una base gran-industrial.

Mala suerte para vosotros que en las primeras semanas tengáis que contentaros con las pequeñas dietas provinciales, pero el Reichsrat empieza pronto de nuevo, y entonces tendréis material suficiente, y tu intervención personal será también necesaria.

Las diferencias en el ministerio de aquí no tienen gran alcance en cuanto a consecuencias prácticas. El gobierno liberal abarca tantos matices como cabezas tiene. El liberalismo, desde que la gran burguesía y con ella los aristócratas whigs y los ideólogos universitarios se pasaron al campo conservador (comenzó después de 1848, aumentó tras la reforma de 1867 y se hizo muy decidido a partir del proyecto de ley de autonomía irlandesa), se ha convertido preponderantemente en un batiburrillo de todas las sectas y manías sectarias de este país plagado de sectas. Y como cada una de esas sectas considera su manía peculiar como la única panacea… eterna disputa.

Pero más fuerte que la disputa es la certeza de que únicamente la cohesión hacia fuera puede mantenerlos unos meses más en el gobierno. Y entonces es pura casualidad qué corriente toma precisamente el relevo.

De los tres periódicos obreros que aún subsisten aquí te he enviado ejemplares de forma alternada. Como recibes el “Clarion” en intercambio, te libraré de él en lo sucesivo. No hay mucho en ninguno de los tres, pero siempre es bueno que de vez en cuando veas un número. El “Labour Leader” es un instituto de divinización de Keir Hardie, un escocés ladino y astuto, falso hombre de bien y maniobrero de primera clase, aunque quizá demasiado astuto y vanidoso. Sus fuentes de dinero para sostener el periódico son de naturaleza muy dudosa, lo que en las nuevas elecciones puede resultar desagradable.

A propósito. El número del jueves por la tarde (confiscado) no ha llegado aquí en ningún ejemplar. Sin embargo, quisiera leer el artículo “K. M. en Viena”. ¿No podrías conseguirme un ejemplar todavía? Por lo demás, es un descaro sin nombre hacer constar que la confiscación ha sido tan brillantemente eficaz que os podéis ahorrar los gastos de una segunda edición completamente inútil. ¡Bien estáis en Austria; di eso en Prusia y te arrojarán a la cabeza al punto tres proyectos de ley contra el derrocamiento!

Te enviamos extractos de las cartas parisinas de Crawford siempre que contienen algo interesante. Te llamo especialmente la atención sobre ella. Lleva más de cuarenta años en París, conoce personalmente a cada ratón, tiene dossieres sobre la trayectoria de todos los políticos y es una buena juzgadora de caracteres. En conocimiento de las personas no la iguala nadie en París, y por eso harás bien en guardar también tales artículos, aunque de momento no sean utilizables, para futuras consultas. Siempre, una y otra vez, ha visto cómo todos sus amigos radicales y republicanos se hundían en el fango de la corrupción, y por eso, siendo burguesa ella, se ha vuelto sorprendentemente afín a los socialistas. Sólo de una cosa no se la puede disuadir: de que J. Guesde es yerno de Marx.

Ayer te fue enviado de nuevo un extracto de su correspondencia.

Louise se alegra especialmente del enérgico rechazo de las peticiones de las asociaciones femeninas – véase el artículo de Clara Zetkin en el suplemento del “Vorwärts” del jueves. Clara tiene razón y ha logrado imponer la inserción del artículo, que fue combatida firme y largamente. ¡Bravo, Clara!

Saludos de Louise y Ludwig y del bebé, que siempre berrea de placer cuando llega la “Arbeiter-Zeitung”, y

tuyo

F. E.