en Hoboken

41, Regent’s Park Road, N.W.
Londres, 16 de enero de 1895

Querido Sorge:

Recibí tu tarjeta del 6 y tus cartas del 19 y 31 de diciembre. ¡Muchas gracias y la más cordial reciprocidad, una vez más, de los votos de año nuevo para ti y tu señora!

Stiebeling me ha enviado, como felicitación de año nuevo, su grotesca réplica, ¡pidiéndome que interceda para que se imprima en la “Neue Zeit”! Le respondí que sobre el espacio de ésta no tengo yo ninguna disposición, pero que le había dicho a K. K[autsky] (lo cual es verdad) que me daría un especial gusto si él asegurara a esa cosa la mayor difusión posible. El hombre tiene una venda ante los ojos.

Cómo ha sido posible que recibieras el tomo tercero 5 días después que Schlüter, me es inexplicable. Entregué ambos al mismo tiempo, el 12 de diciembre, los dos resguardos de envío están aún juntos; te los adjunto por si quieres reclamar.

El declive temporal del movimiento en América me ha llamado la atención desde hace ya algún tiempo, y los socialistas alemanes no lo detendrán. América es el país más joven, pero también el más viejo del mundo. Exactamente igual que vosotros tenéis allí las formas de muebles más anticuadas junto a otras enteramente inventadas por vosotros; en Boston, simones como los que yo vi en Londres por última vez en 1838; en las montañas, diligencias del siglo XVII, junto a los vagones Pullman; del mismo modo conserváis también todas las viejas vestiduras espirituales desechadas en Europa. Todo lo que aquí ha caducado puede seguir viviendo en América aún una o dos generaciones. Por ejemplo, Karl Heinzen, por no hablar de la superstición religiosa y espiritista. Así, también los viejos lassalleanos siguen viviendo entre vosotros, y gentes como Sanial, que hoy en Francia estaría anticuado, pueden todavía desempeñar allí un papel. Esto proviene, de una parte, de que América apenas ahora empieza, por encima de la preocupación por la producción material y el enriquecimiento, a tener tiempo para el libre trabajo espiritual y para la formación previa necesaria para ello; de otra parte, empero, proviene también de la duplicidad del desarrollo americano, que de un lado está aún ocupado con la primera tarea: la roturación de la enorme superficie de tierra yerma, y de otro lado se ve ya forzado a competir por el primer rango en la producción industrial. De ahí los altibajos[^5] del movimiento, según que el entendimiento del obrero industrial o el del campesino roturador obtenga el predominio en las cabezas promedio. Dentro de unos pocos años vendrá otra vez de otro modo, y entonces se habrá de constatar un gran progreso. El desarrollo de la raza anglosajona, con su vieja libertad germánica, es precisamente un desarrollo enteramente peculiar, lento, en zigzag (aquí en Inglaterra, zigzags pequeños; entre vosotros, colosales), un navegar contra el viento, pero con todo, se va hacia adelante.

Aquí en Europa, el nuevo año se presenta ya muy enmarañado. La cuestión campesina en Alemania ha sido desplazada a segundo plano por el proyecto de ley contra la subversión y por el joven Guillermo (su canto a Ägir, el señor de las olas, es pura consecuencia del mareo que le sobreviene cada vez, razón por la cual navega siempre con su flota hacia los tranquilos fiordos noruegos). El joven lo ha puesto todo en desorden en Alemania, nadie sabe ya a qué atenerse ni qué será mañana, la confusión en las capas gobernantes, como en general en las clases dominantes, asciende cada día más, de modo que los únicos que ponían caras alegres durante el debate sobre la subversión eran los nuestros. Pero es que es demasiado hermoso: a la cabeza de los anti-subversivos está el hombre que no puede dejar de subvertir ni cinco minutos. Y este joven Guillermo ha caído ahora en manos de los junkers, quienes, para retenerlo a su lado, en el talante en que él está dispuesto a concederles una potenciada ayuda estatal para sus fincas señoriales en bancarrota, lo atraen ahora con el cebo de la perspectiva de nuevos impuestos y nuevos soldados y buques de guerra, mediante una ostentosa actitud en pro del regis voluntas suprema lex[^6], y lo empujan a la disolución del Reichstag y al golpe de Estado. Pero con todo, estos señores Köller y consortes, tan ostentosos con sus frases, tienen tan poco coraje que ya ahora sienten toda suerte de temores, y es siempre cuestionable si no les entrará el miedo también en el momento de la acción.

¡Y qué decir de Francia! Allí, como en Italia, la burguesía se ha precipitado de cabeza en la corrupción, de un modo que avergonzaría a América. Desde hace 3 años, todo gira en ambos países en torno a encontrar un ministerio burgués que —no libre de corrupción— esté, empero, tan poco comprometido directamente en escándalos que se hayan hecho públicos, que pueda ser apoyado por el parlamento sin violentar demasiado groseramente el decoro más ordinario. En Italia, Crispi se sostiene aún por un tiempo sólo porque el rey y el príncipe heredero están metidos en los escándalos bancarios tan a fondo como él mismo. En Francia, nuestros 45-50 diputados socialistas han hecho caer ahora, por tercera vez, un ministerio a causa de corrupción directa, y Casimir-Perier ha caído tras él. Presumiblemente quiere hacerse reelegir una vez más, como único salvador de la sociedad, con inmensa mayoría, y procurarse así una posición más fuerte. Pero ése es un juego arriesgado. En todo caso, todo se tambalea también en Francia, y este año podemos tener nuevas elecciones, fuera de Inglaterra, también en Alemania y Francia, esta vez de importancia decisiva. A ello se añade en Italia una crisis de primer orden y en Austria una inevitable reforma electoral; en suma, la cosa se pone crítica en toda Europa.

Mucho me ha alegrado que tú y tu señora se encontraran mejor; espero que así continúe.

Muchos saludos de los Freyberger y de tu

tuyo, para ti y tu señora.

F. Engels

[^5]: los altibajos
[^6]: la voluntad del rey es ley suprema