en Darmstadt

Londres, 3 de enero de 1895
41, Regent’s Park Road, N.W.

Querido Schorlemmer,

Aún le debo mi más sincero agradecimiento por sus amables felicitaciones de cumpleaños y su tarjeta de Año Nuevo; ¡le correspondo a todo ello con un cordial Prosit Neujahr!

También aquí han ocurrido mientras tanto diversos cambios. A principios del año pasado, la señora Kautsky contrajo matrimonio con un joven médico vienés de esta ciudad, el Dr. Freyberger, y nosotros, puesto que queríamos seguir viviendo todos juntos, decidimos tomar una casa más grande, que encontramos asimismo en la vecindad. Apenas nos mudamos y nos instalamos, la señora Freyberger dio a luz una niña; madre e hija están bien y sanas. Pumps y su familia están de vuelta en Londres desde el verano; el negocio de su marido en la isla de Wight no marchó especialmente bien, y ahora él quiere probar fortuna de nuevo aquí.

El libro de Carl «Rise and Progress»¹ me ha llegado también estos días. Del gran manual publicado conjuntamente con Roscoe ha aparecido el primer volumen (en nueva reelaboración a cargo de dos jóvenes químicos); según las condiciones de honorarios usuales en tales trabajos, difícilmente —si acaso algo— saldrá mucho para los herederos de Carl.

Si bien el congreso del partido en Fráncfort resultó algo apagado en comparación con los anteriores, principalmente porque Vollmar y los bávaros tomaron por sorpresa a los restantes diputados con su ultimátum bávaro y estos últimos, por temor a una posible escisión, no adoptaron decisión alguna en las cuestiones más importantes, la estupidez de los adversarios nos ayuda a superar todas estas pequeñeces. No contentos con el proyecto de ley contra la subversión, estos genios tienen que incoar además un proceso contra Liebknecht a causa de una anecdotilla ocurrida en el Reichstag, ¡convirtiéndonos así directamente en los defensores de los derechos constitucionales del Reichstag!

¹ Véase el volumen anterior, pp. 334-336.

Y justamente este nuevo conflicto nos brinda la oportunidad de cerrar el boicot a la cerveza berlinés con una victoria que ha tenido enorme repercusión en el extranjero, y precisamente aquí en Inglaterra. Porque, con toda su organización sindical pública de setenta años y su gran libertad de coalición, los obreros de aquí no han llegado ni de lejos a un tribunal arbitral como el conquistado en Berlín. Un periódico dice: «Que el emperador Wilhelm se lo piense muy bien; las gentes que han podido con el barril de cerveza, también podrán con el cetro». — Y esto lo hemos conseguido: ya sólo hay dos personas en Alemania a cuyos discursos todo el mundo escucha con atención: el emperador Wilhelm y August Bebel. Su último discurso fue brillante, aunque hay que leerlo en el texto taquigráfico.

Mi salud vuelve a andar bien; noto, ciertamente, que 74 no es 47, y que ya no puedo permitirme todas aquellas libertades con la comida, la bebida, etcétera, ni soy ya tan resistente a las inclemencias del tiempo como antes; pero para mi edad aún estoy bastante vigoroso y espero vivir todavía esto y aquello, sobre todo si los señores de Berlín, como casi parece, quieren jugar un poco al conflicto constitucional. Los junkers prusianos son capaces de llevar las cosas al punto de que los socialdemócratas tengan que hacer el papel de protectores de la constitución del Reich frente al junkertum ávido de golpes de Estado y enemigo de la constitución. Por nosotros, bien. ¡Sólo adelante!

Muchos saludos de

Su
F. Engels