en Stuttgart

Londres, 3 de enero de 1895

Querido Barón:

Ante todo, un cordial Próspero Año Nuevo de casa en casa, y luego mi agradecimiento por la regocijante comunicación del mare's nest[^1] descubierto por Liebknecht. Apenas leí las primeras líneas al respecto en tu carta, vi enseguida que no podía tratarse más que de esa vieja suizeria, y disfruté doblemente el humor de la situación. Por lo demás, es suficiente con que anotes las variantes del original respecto del texto impreso en tu ejemplar, o bien que me las comuniques en alguna ocasión para registrarlas en el mío. No me apetece enredarme en una correspondencia con Liebknecht acerca del derecho de posesión del manuscrito original; difícilmente conduciría a algo.

El artículo de Fireman está, en efecto, tan enredado en algunos pasajes, por un abordaje malentendido de otros aspectos de la teoría marxiana y por toda clase de digresiones metafísicas, es decir, antidialécticas, que casi queda encubierta la afortunada intuición por la cual se acerca al núcleo de la cuestión más que ningún otro. De ahí la absoluta ineficacia del artículo. Sólo quien mantenga la mirada fija exclusivamente en la cuestión especial de la que se trataba, caerá en la cuenta de que aquí hay algo cuyo seguimiento conduce a la solución de toda la cuestión.

Según parece, tendréis un año bastante movido en Alemania. Si el señor de Köller continúa así, nada será imposible: conflicto, disolución, imposición, golpe de Estado. Naturalmente, también se conformarán con menos. Los junkers ya estarían satisfechos con un aumento de las dádivas; pero para obtenerlo, se apelará a ciertos apetitos personales de dominio, se les tendrá que ceder hasta un punto en que entonces también los factores de resistencia entren en juego, y ahí aparece el azar —es decir, lo no querido, lo incalculable—. Para asegurar las dádivas hay que amenazar con el conflicto; una vez dado un paso más, el fin originario, la dádiva, se convierte en cosa secundaria, la Corona se enfrenta al Reichstag, doblegarse o quebrarse, y entonces la cosa puede volverse divertida. Justamente estoy leyendo «Personal Government of Charles I», de Gardiner; las cosas coinciden a menudo hasta el ridículo con la Alemania actual. Así, por ejemplo, los argumentos sobre la inmunidad de los actos cometidos en el Parlamento. Si Alemania fuera un país latino, el conflicto revolucionario sería inevitable; pero así... nix Gewisses weiss man nit, como decía Jollymeier.

La cuestión campesina ha caído entre tanto silenciosamente en el olvido, pero el ataque de August fue, no obstante, un gran mérito y ha reparado buena parte de lo omitido en Frankfurt. Los señores socialistas bávaros de los derechos de reserva no volverán a quemarse los dedos tan pronto.

Aquí, la vieja rutina morosa sigue por ahora su curso entre las distintas faccioncillas. Ya no tan acalorada en la mutua camorra, pero tanto más afanosa en la cábala entre bastidores. En cambio, el impulso de las masas —instintivamente empujadas hacia el socialismo— hacia una actuación consciente y unitaria se hace cada vez más fuerte. Las masas, aunque más confusas que los líderes aislados, son, con todo, mucho mejores que todos los líderes juntos; sólo que el proceso de toma de conciencia es aquí más lento que en otras partes, porque casi todos los viejos líderes tienen interés en desviar hacia esta o aquella dirección especial esa conciencia que va despuntando, vulgarmente, en falsearla. En fin, hay que tener paciencia.

Así, pues, una vez más ¡Próspero Año Nuevo! y muchos saludos.

Tuyo,
F. Engels

[^1]: Quimera.