en Hoboken

41, Regent’s Park Road, N.W.
Londres, 1 de enero de 1895

Querido Schlüter:

Tu carta del 11 de agosto sigue sin contestar, y asimismo sigo en deuda contigo por el Census-Compendium, que he recibido correctamente. Pero he estado agobiado de trabajo de toda clase, y la urgente correspondencia de partido y de negocios me ha hecho casi imposible toda correspondencia privada, y de ello también ha tenido que padecer Sorge. Por él habrás sabido que Louise Kautsky es ahora la señora del Dr. Freyberger y madre de una niña robusta y sana, y que todos nosotros nos hemos mudado al 41 de Regent’s Park Road.

Te he enviado, como te habrá dicho Sorge, un ejemplar del tomo III de “El Capital” a la dirección del “Volkszeitung”, porque no sé si tu dirección de Hoboken sigue siendo válida. En todo caso, el “V[olkszeitung]” me pareció más seguro. Pero no pude cumplir tu encargo para Ede, ya que éste estaba comprometido desde hace tiempo para la “N[eue] Z[eit]” con el mismo fin, cosa que en realidad debí haberte escrito, te ruego que lo disculpes.

Aquí ocurre algo parecido a lo de vosotros. El instinto socialista se hace cada vez más fuerte entre las masas, pero en cuanto se trata de traducir los impulsos instintivos en exigencias y pensamientos claros, la gente se desagrega inmediatamente; unos se van a la Social Democratic Federation, otros al Independent Labour Party, los terceros se quedan en la organización de las Trades Unions, etc., etc. En resumen, meras sectas y ningún partido. Los dirigentes son casi todos unos cantonistas bastante poco seguros; los candidatos a la dirección suprema son muy numerosos, pero en modo alguno destacan por su capacidad para el puesto, y mientras tanto los dos grandes partidos burgueses están al acecho, con la bolsa en la mano, a ver a quién pueden comprar. A lo cual se añade que la llamada “democracia” de aquí está muy limitada por barreras indirectas. Una revista cuesta un dinero horroroso, ídem una candidatura al Parlamento, ídem la vida como miembro del Parlamento — ya por la enorme correspondencia que de ello se sigue. La revisión de las listas electorales, pésimamente llevadas, cuesta asimismo mucho dinero, y ninguna otra que no sean los dos partidos oficiales puede costearlas hasta ahora. Quien no se afilia, pues, a uno de estos partidos, difícilmente llega a la lista. En todas estas cosas, la gente de aquí está muy por detrás del continente, y empieza también a darse cuenta de ello; así también que no existe segunda vuelta electoral, y que basta la mayoría relativa, o, como decís vosotros los americanos, la pluralidad; con lo cual todo está montado para solo dos partidos, un tercero a lo sumo puede decidir la balanza hasta que llegue a ser tan fuerte como el otro.

Igualmente, las Trades Unions de aquí no son capaces de llevar a cabo algo como el boicot cervecero de Berlín; un tribunal de arbitraje como el conquistado allí sería algo todavía inalcanzable aquí.

En cambio — lo mismo que entre vosotros — aquí los obreros, en cuanto saben lo que quieren, también les pertenecen el Estado, la tierra, la industria y todo.

Esto para ti, no para el “Volkszeitung”.

Louise te envía sus mejores saludos, y nosotros dos te deseamos de corazón un próspero año nuevo.

Tuyo

F. Engels