en Darmstadt

Londres, 5 de julio del 94
122, Regent’s Park Road, N.W.

Mi querido Schorlemmer,

Ahora, después de que el último manuscrito del tomo III de *El capital* está en manos del impresor, he podido volver a ocuparme un poco de sus asuntos, y puedo darle la respuesta largamente demorada a sus líneas del 25/4.

Con la continuación de la gran obra publicada por Vieweg, así como de todos los demás artículos de la editorial Vieweg de Carl, hay un problema especial. En aquel entonces vi los contratos en Manchester, y en ellos se establece que, por ejemplo, si Carl muere antes de la conclusión de la totalidad, Vieweg puede hacer terminar la obra por una persona nombrada por él. Ésta es la razón por la que no da señales de vida y tampoco se presta a la publicación de los trabajos póstumos de Carl; evidentemente, quiere conservar las manos enteramente libres. Tampoco cabe esperar más pagos de honorarios por su parte. Pues 1º según el contrato, solo paga honorarios por manuscritos listos para la imprenta, es decir, ningún trabajo inacabado, y 2º tampoco paga honorarios por reediciones sin cambios.

En resumen, Vieweg puede hacer enteramente lo que quiera, y cuando aparezca el 5º tomo, en todo caso tendrá otro autor para la edición alemana.

El trabajo de Carl sobre la historia de la química no ha podido Siebold, según me escribe, debido a una enfermedad persistente, dejarlo listo para la imprenta, y su traducción al inglés tampoco está terminada. El pobre diablo ha tenido muy mala suerte con su salud y está otra vez completamente decaído de los nervios; necesitará largo reposo y buen aire hasta que se recupere. En cuanto a los asuntos de dinero, puede usted estar tranquilo, están en buenas manos, y tal como están las cosas, Roscoe tiene también ahí la sartén por el mango, y uno tiene que contentarse finalmente con los datos que él ha proporcionado sobre el pago de los trabajos de revisión, etc. Roscoe posiblemente lo ha tenido algo más fácil al negociar directamente con Siebold, en lugar de hacerlo conmigo, como había prometido; pero la diferencia no será mucha, y yo, en todo caso, también habría tenido que remitirlo para todos los acuerdos a Siebold y Klepsch, y en última instancia tendría que dejarme despachar con sus seguridades. Lo decisivo era que, dado el avance tan rápido de la química, cualquier libro de texto queda anticuado en un año si no se revisa continuamente, y por eso, tanto frente al editor como frente al público, en la literatura de libros de texto solo tiene razón el que está vivo.

Yo había esperado volver este verano a Alemania, pero no me será posible, porque precisamente durante los meses de verano, debido a asuntos del contrato de alquiler, no puedo alejarme mucho de Londres, para poder estar siempre aquí en caso de necesidad; ni siquiera sé todavía cuándo podré de algún modo ponerme a orillas del mar. En realidad, estos asuntos debería haberlos resuelto el año pasado, pero entonces dejé pasar el momento oportuno mientras estaba allí, y cuando volví, ya era demasiado tarde.

Del tomo III de *El capital* podrá leer usted próximamente dos capítulos en la *Neue Zeit*; también de mí quizá aparezca algo.

El lunes partió Liebknecht de aquí; estuvo más de una semana.

El calor es grande; probablemente también en su casa, y en París se dice que es insoportable.

Muchos saludos de su

F. Engels