en Hoboken

Londres, 12 de mayo de 1894
122, Regent’s Park Road, N.W.

Querido Sorge:

Ayer te enviamos por intermedio de G.W. Wheatley & Co. (dirección en Nueva York: U.S. Express Co. 49, Broadway) un paquete con Morris-Bax y el Lassalle berlinés en 50 entregas, que esperamos te llegue pronto. Porte pagado. Al mismo tiempo salió para Hamburgo el resto del manuscrito del tercer tomo, y con ello se me quitó de encima un gran peso. Las dos últimas secciones me han hecho «sudar la gorda». Serán 60 pliegos, de los cuales 20 ya están compuestos.

Me tranquilizó mucho la noticia del feliz retorno de la «Sagrada Familia» a tu regazo, después de su maravillosa odisea. En cambio, me ha entristecido mucho la noticia de tus ojos. Espero que consultes a un buen especialista; hay mucho que hacer si se interviene a tiempo. Desde hace 15 años también yo he tenido de vez en cuando problemas con los ojos; he seguido los consejos del médico y ahora estoy otra vez en condiciones de que el asunto ya no me molesta en absoluto, con tal de no escribir demasiado con luz.

He tenido estos días un resfriado que me ha hecho ver claro que al fin soy un hombre viejo. Lo que antes podía tratar como una tontería, esta vez me ha tenido bastante postrado durante 8 días, y después aún 14 días enteros bajo vigilancia policíaca médica. Todavía ahora debo guardar otros 14 días de reposo. Fue una bronquitis ligera, y ésta nunca se toma a la ligera en personas de edad, sobre todo cuando, como yo, han empinado el codo con gusto y alegría. Ciertamente se me hace muy cuesta arriba guardar cuidados, pero, al fin y al cabo, Freyberger tiene razón al prescribírmelo, y en cuanto a la ejecución, de eso se encarga Louise, que me vigila con dobles y triples ojos de Argos. Creo que ya te escribí anteriormente que hemos dejado nuestra organización doméstica lo más inalterada posible, acogiendo al joven esposo a mesa y vivienda; mientras se está sano eso es muy agradable y alegre, pero por desgracia sólo mientras se está sano; en toda mi vida no me han reprendido médicamente tanto como en las últimas 4 semanas, y tengo que consolarme con que todo se hizo por mi propio bien.

Dietzgen y su esposa estuvieron aquí un par de horas el domingo por la tarde; por desgracia no encontraron a Tussy. Le he dado cartas de recomendación para Bebel y Kautsky. Son gente muy simpática.

Esperemos que tu hijo haya encontrado entretanto otro puesto; un joven despierto y con experiencia en los negocios como él, que seguramente ya habrá limado en la práctica muchas ilusiones, debería en América siempre caer de pie.

Aquí sigue todo como siempre. No hay posibilidad de introducir unidad alguna entre los dirigentes obreros. Pero, a pesar de ello, las masas se mueven hacia adelante, lentamente, en verdad, y luchando aún por la conciencia, pero de manera inequívoca. Ocurrirá aquí como en Francia y antaño en Alemania: la unificación se impondrá en cuanto ocupe escaños en el Parlamento un número de obreros independientes (elegidos en especial sin ayuda liberal). Para impedirlo, los liberales hacen cuanto está en su mano. 1. No extienden el derecho de voto siquiera a las personas que — sobre el papel — ya lo tienen ahora; al contrario, 2. hacen las listas electorales todavía más costosas para los candidatos que hasta ahora, puesto que deberán ser confeccionadas dos veces al año y los gastos de una confección correcta recaen sobre los candidatos o los representantes de los partidos políticos, no sobre el Estado; 3. se niegan expresamente a que los gastos electorales corran a cargo del Estado o del municipio; además 4. se oponen a dietas, y 5. a las segundas vueltas. Todas estas conservaciones de viejos abusos equivalen a una prohibición directa de elegibilidad para los candidatos obreros en tres cuartas partes y más de los distritos electorales. El Parlamento debe seguir siendo un club de gente rica. Y esto en una época en que los ricos, por estar satisfechos con el statu quo, se vuelven todos conservadores, y el partido liberal se extingue y se vuelve cada vez más dependiente de los votos obreros; pero los liberales siguen empeñados en que los obreros han de elegir únicamente a burgueses, no a obreros, y menos aún a obreros independientes.

… Con esto los liberales se van a pique. Su falta de valor les enajena los votos obreros en el país, disuelve su pequeña mayoría en el Parlamento, y si no dan en la hora undécima pasos muy audaces, probablemente están perdidos. Entonces les tocará el turno a los tories, que realizarán lo que los liberales en realidad se proponían llevar a cabo — y no sólo prometer —. Y entonces será bastante segura una organización independiente de los obreros.

La Social Democratic Federation comparte aquí con vuestros socialistas germano-americanos el honor de ser los únicos partidos que han logrado rebajar la teoría marxista del desarrollo a una ortodoxia rígida, a la cual los obreros no deben elevarse partiendo de su propio sentimiento de clase, sino que han de tragársela inmediatamente y sin desarrollo como artículos de fe. Por eso ambos se quedan en meras sectas y, como dice Hegel, van de la nada a través de la nada hacia la nada. Todavía no he tenido tiempo de leer la polémica de Schlüter con vuestros alemanes, pero la abordaré mañana; a juzgar por artículos anteriores en el Volksztg., el tono me pareció acertado.

Saluda cordialmente a tu mujer y haznos saber pronto mejores noticias.

Cordiales saludos,

Tu
F.E.

Cordiales saludos de Louise.