en Barmen

Londres, 24 de abril de 1894
122, Regent’s Park Road, N.W.

Hace unos días he recibido su carta del 21 del mes pasado, así como el álbum de Barmen que usted tuvo a bien enviarme, y le ruego que quiera expresar a la Asociación socialdemócrata de Barmen, y muy especialmente también al confeccionador del álbum, mi más vivo agradecimiento por este obsequio amable y para mí tan grato como honroso. Me ha proporcionado en verdad un goce inesperado poder contemplar los enormes cambios que se han operado en los veinte años de mi ausencia de Barmen. Ya no me oriento en absoluto. Salvo en la estación de ferrocarril y en el lado más antiguo del Werther Bollwerk, no me reconozco en ninguna otra parte de las imágenes. Incluso la vista tomada en el Neuenweg, que sin embargo ha de distar sólo unos minutos a pie del Bruch, ofrece una imagen totalmente extraña para mí. Sólo nuestra vieja casa permanece inalterada.

Por muy gratas que sean estas pruebas de la transformación que ha convertido a Barmen del pequeño nido de filisteos de mi juventud en una gran ciudad industrial, me alegra sobre todo que también los hombres hayan cambiado allí considerablemente en su favor. Pues de no ser así, Barmen estaría hoy representada en el Reichstag por un archiconservador, un auténtico «Fainen» mojigato y cabizbajo; de una Asociación socialdemócrata de Barmen no se hablaría, y aún menos se les ocurriría a los obreros de Barmen obsequiarme un álbum. Pero afortunadamente a la revolución en el aspecto exterior de la ciudad corresponde también la revolución en las cabezas de los obreros, y ésta nos garantiza una revolución aún mucho más poderosa y vasta en todo el orden del mundo.

Con un saludo sincero.

Suyo,
F. Engels