en Hoboken

Eastbourne, 23 de febrero de 1894

Querido Sorge:

A causa de una cojera temporal, me encuentro de nuevo aquí por un par de semanas; en 6 días estaré de vuelta en Londres.

Supongo que habrás recibido la tarjeta de boda de Louise. Su marido, el Dr. Freyberger, es un joven médico vienés que abandonó su carrera en la Universidad de Viena porque no quisieron permitirle revelar a los obreros las causas sociales de sus enfermedades, y que ahora se ha establecido aquí. Ya ha mostrado a los ingleses que en el continente se aprende más medicina que aquí. Por ahora seguimos todos juntos en Regent’s Park Road.

“La Sagrada Familia” ha llegado bien a Roma y me será devuelta a mediados de marzo; en cuanto llegue te la enviaré inmediatamente.

Nuestra extraña fracción socialista en la Cámara francesa sigue siendo un tanto misteriosa. Hasta ahora no están nada claros ni su número ni su orientación. Guesde presenta toda una serie de proyectos de ley, de los cuales, naturalmente, ninguno se aprueba. Los primeros éxitos sensacionales de Jaurès difícilmente se repetirán, pues la política de bombas de los señores anarquistas ha conseguido rápidamente proporcionar al ministerio y a la causa del orden una mayoría compacta.

Aquí reina entre los políticos oficiales una completa disolución, tanto entre los liberales como entre los conservadores. Los liberales sólo pueden mantenerse mediante nuevas concesiones políticas y sociales a los obreros; pero les falta el valor para ello. Así que lo intentan con una consigna electoral³ contra la Cámara de los Lores, en lugar de proponer dietas para los diputados, el pago de los gastos electorales por el gobierno y la segunda vuelta*. Es decir, en lugar de ofrecer a los obreros más poder frente a los burgueses y los lores, quieren simplemente dar a los burgueses más poder frente a los lores, y los obreros ya no caen en esa trampa. En verano habrá aquí en cualquier caso nuevas elecciones generales, y si los liberales no se rehacen con gran energía y hacen concesiones reales a los obreros, serán derrotados y se desintegrarán; ahora sólo los mantiene unidos Gladstone, que puede palmarla cualquier día. Entonces surgirá un partido democrático burgués con tendencias amistosas hacia los obreros, y el resto de los liberales se pasará a Chamberlain. Y todo esto por la mera presión de la clase obrera, que aún está dividida en sí misma y es semiconsciente. Cuando ésta vaya cobrando conciencia poco a poco, la cosa cambiará por completo.

En Italia puede producirse cualquier día algún estallido violento. Los burgueses han conservado todas las atrocidades del feudalismo decadente y han injertado en ellas sus propias infamias y vejaciones. El país ha llegado al límite de sus recursos; allí tiene que producirse un cambio, pero el partido socialista es hasta ahora muy débil y muy confuso, aunque cuenta también entre sus filas con marxistas muy capaces.

También en Austria tenemos algo que esperar. Allí ocurre lo cómico de que los socialistas se apoyen en el emperador, quien, mediante la aprobación del plan de reforma electoral de Taaffe, se ha declarado partidario de un sufragio aproximadamente universal y cree realmente que éste es un complemento necesario del servicio militar obligatorio universal. El ministerio de coalición no conseguirá nada o, si acaso llega a sacar adelante una ley electoral, ésta no será tomada más que como un pago a cuenta, y el movimiento proseguirá tranquilamente con la aprobación secreta del emperador, hasta que se haya llevado a cabo al menos la reforma de Taaffe. Y luego, los nuestros se encargarán del resto.

En fin, por todas partes la cosa avanza alegremente, y el fin de siècle se prepara cada vez mejor.

La «Workman’s Times» está, según parece, agonizando. El Partido Laborista Independiente no está mucho más vivo. Es sorprendente con cuánta lentitud y zigzagueo se mueve todo aquí.

Muchos saludos para ti y tu mujer de parte de los dos Freyberger y de

Tu

F. Engels

³ una consigna electoral — * dietas para los diputados, pago de los gastos electorales por el gobierno y segunda vuelta