122, Regent’s Park Road, N.W.

Mi querido Schorlemmer:

Si hasta ahora no le he dado las gracias por sus amables felicitaciones con motivo de mis 73 años, la culpa la tiene el libro tercero de «El Capital». Eso tiene que quedar por fin terminado, y he tenido que arrinconar sin piedad ni misericordia toda la correspondencia; ahora he llegado a un capítulo y puedo aprovechar los pocos días que faltan para las fiestas a fin de ponerme al día.

¡En Darmstadt no hice más que pasar de largo! – La señora Kautsky, Bebel y su esposa, un médico vienés de aquí y yo no pudimos fijar de antemano el tren y, de todas formas, solo tuvimos unos 10 minutos de parada; de lo contrario, le habría telegrafiado. Por lo demás, el viaje fue muy agradable, salvo los discursos que tuve que soltar una vez que hube dicho «A» en Zúrich. Viajé con Bebel a Salzburgo, Viena, Praga y Berlín, y estuve nada menos que 8 semanas fuera de casa, lo que me ha sentado muy bien. Contemplar con mis propios ojos los progresos de Alemania, tanto en la industria como en el movimiento obrero, merecía por sí solo la pena, y también fue una alegría ver a nuestros vieneses en plena faena.

En cuanto a la herencia literaria de Carl, apenas he sabido nada por Siebold, absolutamente nada sobre qué ha sido de los manuscritos y qué contratos se han firmado con los editores. Se trata de tres cosas:

1. El gran libro de Roscoe-Schorlemmer en edición inglesa y alemana;
2. El propio manual de Carl sobre los compuestos del carbono, del que se estaba preparando una nueva edición;
3. Sus manuscritos sobre la historia antigua de la química (según dice Spiegel en la necrología, parece que Siebold quiere publicarlos él mismo).

La edición inglesa de «Origen y desarrollo de la química orgánica» de Carl está siendo preparada en Londres por uno de sus discípulos, allí profesor.

Pero acerca de los tres puntos arriba mencionados, Siebold no dice apenas nada. Antes de escribirle, quisiera pedirle que me diga si a usted le ha comunicado algo al respecto, y qué, y si le parece bien que yo le exija informes más detallados. Pues, jurídicamente, no tengo absolutamente ningún derecho a entrometerme en ello, y no quisiera que S[iebold] se amparase ni siquiera en una insinuación en ese sentido. Pero si reclamo informes porque usted se ha dirigido a mí para obtenerlos, la cosa es distinta y me confiere una posición completamente diferente.

Siebold es un muchacho excelente, pero no muy enérgico por naturaleza y, en los últimos años, debilitado además por la enfermedad, de modo que un pequeño empujoncito no puede hacer daño.

Espero que se hayan repuesto felizmente usted de la gripe y su señora de las secuelas de la pulmonía, y que se encuentren en disposición de encarar las próximas fiestas con fuerza, ánimo y alegría.

Con los mejores saludos.

Suyo,
F. Engels