en Petersburgo

Londres, 17 de octubre de 1893

Apreciado señor:

Cuando recibí su carta del 26 de julio, en la que me anunciaba su regreso, me disponía precisamente a viajar por dos meses al continente, ¡y acabo de regresar!?! Ésa es la causa de mi largo silencio.

Muchas gracias por los ejemplares de los „Очерки“, de los cuales he enviado tres a amigos que sabrán apreciarlos. Me alegra ver que el libro ha causado considerable agitación, incluso sensación, como bien lo merecía. Entre los rusos con los que me he encontrado, era el principal tema de conversación. Ayer mismo me escribe uno de ellos: «У нас на Руси идут споры о „Судьбах капитализма в России“».

En el „Sozialpolitisches Centralblatt“ de Berlín, un tal P. v. Struve ha publicado un largo artículo sobre su libro. En un punto debo darle la razón: también a mí la actual fase capitalista del desarrollo en Rusia me parece una consecuencia inevitable de las condiciones históricas creadas por la guerra de Crimea, del modo en que en 1861 se llevó a cabo la transformación de las relaciones agrarias y del estancamiento político general en Europa. De ningún modo tiene razón cuando compara la situación actual de Rusia con la de los Estados Unidos para refutar lo que él llama sus opiniones pesimistas sobre el porvenir. Dice que las consecuencias perniciosas del capitalismo moderno en Rusia serán superadas tan fácilmente como en los Estados Unidos. Aquí olvida por completo que los Estados Unidos fueron, desde el principio, modernos, burgueses; que fueron fundados por pequeños burgueses y campesinos que habían huido del feudalismo europeo para erigir una sociedad puramente burguesa. En cambio, en Rusia tenemos un fundamento de carácter comunista primitivo, una sociedad gentilicia que data aún de la época anterior a la civilización, que ciertamente se desmorona ya, pero que todavía sirve como fundamento, como material, sobre y con el cual actúa y opera la revolución capitalista (pues se trata de una verdadera revolución social). En América existe la economía monetaria desde hace más de un siglo; en Rusia, la economía natural era la regla casi sin excepción. Por consiguiente, es evidente que la transformación en Rusia ha de ser mucho más violenta, mucho más profunda y acompañada de sufrimientos inconmensurablemente mayores que en América.

Pero, con todo, me parece que usted ve las cosas de manera más sombría de lo que los hechos justifican. No cabe duda de que el tránsito de un comunismo agrario primitivo al industrialismo capitalista no puede realizarse sin una enorme transformación de la sociedad, sin la desaparición de clases enteras y su conversión en otras clases; y los inmensos sufrimientos, el despilfarro de vidas humanas y de fuerzas productivas que ello trae necesariamente consigo, los hemos visto —en menor escala— en Europa occidental. Pero de ahí hasta la ruina completa de una nación grande y de altas dotes hay todavía un largo camino. El rápido crecimiento demográfico al que usted se ha acostumbrado podrá verse frenado; la despiadada tala de bosques, unida a la expropiación de los antiguos помещиков y de los campesinos, podrá causar un colosal despilfarro de fuerzas productivas; pero a pesar de todo, una población de más de 100 millones acabará por crear un mercado interior muy considerable para una grande industrie muy respetable, y entre ustedes, como en todas partes, las cosas acabarán por encontrar su propio nivel… si el capitalismo en Europa occidental perdura lo bastante.

Usted mismo admite que «las condiciones sociales en Rusia después de la guerra de Crimea no eran favorables para el desarrollo del modo de producción que nos había sido legado por nuestro pasado histórico». Yo iría más lejos y diría que en Rusia, como en cualquier otra parte, no habría sido posible desarrollar una forma social superior a partir del comunismo agrario primitivo, a menos que esa forma superior hubiera existido ya en otro país, de modo que hubiera podido servir de modelo. Puesto que esa forma superior, dondequiera que históricamente llega a ser posible, es la consecuencia necesaria del modo de producción capitalista y del antagonismo social dualista engendrado por él, no podía desarrollarse directamente a partir de la comunidad aldeana, a no ser por imitación de un ejemplo ya existente en alguna parte. Si el Occidente europeo en 1860-70 hubiera estado maduro para semejante transformación, si esa revolución se hubiera emprendido entonces en Inglaterra, Francia, etc., a los rusos les habría correspondido mostrar lo que se habría podido hacer de su comunidad, que entonces se hallaba aún más o menos intacta. Pero el Occidente se quedó estancado, no se intentó ninguna transformación de ese género y el capitalismo se desarrolló cada vez más aceleradamente. Ahora bien, como Rusia no tenía otra opción que desarrollar la comunidad hacia un modo de producción del que estaba separada por una serie de estadios históricos y para el cual, incluso en Occidente, las condiciones no estaban maduras entonces —tarea manifiestamente imposible—, o bien desarrollarse hacia el capitalismo, ¿qué le quedaba sino esta última posibilidad?

En lo que respecta a la comunidad, ésta sólo es posible mientras sus miembros se diferencian poco unos de otros en cuanto a su bienestar. Tan pronto como esas diferencias se hacen grandes, tan pronto como algunos de sus miembros se convierten en los esclavos por deudas de los miembros más ricos, no puede subsistir por más tiempo. Los кулаки y мироеды de Atenas anteriores a Solón destruyeron la gens ateniense con la misma despiadada crueldad con que esos elementos destruyen la comunidad en su país. Temo que esta institución está condenada a perecer. Pero, por otra parte, el capitalismo abre nuevas perspectivas y nuevas esperanzas. Fíjese usted en lo que ha hecho y hace en Occidente. Una gran nación como la suya sobrevive a cualquier crisis. No hay gran mal histórico sin un progreso histórico compensatorio. Sólo el modus operandi ha cambiado. ¡Que les destins s’accomplissent!

Siempre suyo.

Tan pronto como el tomo III esté en prensa, me acordaré de enviarle pliegos de pruebas.

Del inglés.