en Thusis (Grisones)

Hottingen-Zúrich, Merkurstraße 6

Querido Hermann, 16 de agosto de 1893.

Instalado desde ayer en casa de Anna Beust, salgo por fin hasta cierto punto del barullo como para poder escribirte. El viaje fue muy agradable: primero hubo un polvo de lo más regocijante, luego llovió justo lo suficiente para que el polvo se fijara en la ropa. En Zúrich me llevaron al Hotel Baur en ville, donde estuve muy bien alojado pero nunca en casa; por fin el sábado por la noche quedó superado lo más difícil y se desarrolló paulatinamente una moderada francachela (lo de moderada no ha de leerse en dos palabras: “medida llena”; sólo se servían medios litros) a raíz de excursiones acuáticas por el lago. ¡Dile a Elsbeth que la gente de aquí también ha descubierto ya el talento que tengo para refunfuñar! Bebel escribió hace poco en una postal que en toda la velada no hice otra cosa que gruñir de puro contento.

Zúrich se ha desarrollado de forma notable y supera incluso a Barmen. Allí, antiguamente, una de cada tres casas era una “taberna”; aquí, en cambio, en cada dos casas hay tres tabernas. Los Beust viven de manera muy agradable, con una vista maravillosa desde un balcón gigantesco en el que se podrían dar bailes. Anna Beust se ha conservado espléndidamente; es una de las ancianas más hermosas que existen, y además vivaz e ingeniosa, inteligente, enérgica, resuelta, da gusto estar con ella. Su hijo Fritz dirige la escuela; el otro, Adolf, tiene una clientela médica muy buena; ambos tienen esposas simpáticas y dos chiquillos vivarachos y ruidosos cada uno. Adolf vive en la casa y Fritz se ha construido una casa justo al lado.

La semana que viene probablemente me vaya con Bebel un poco a la montaña, pero estaré de vuelta en unos ocho días; hacia el 3, 4 o 5 de septiembre viajaremos luego a Múnich y Viena.

En el Congreso hubo tres o cuatro rusas con unos ojos maravillosos, más o menos como los que tenía tu cuñada Berta cuando la vi hace años en Altenahr. Pero mi verdadero tesorito era una muchacha obrera vienesa absolutamente encantadora, adorable de rostro y amable de modales como rara vez se encuentra. Nunca le perdonaré a Bismarck que haya excluido a Austria de Alemania, ya sólo por las vienesas.

Según oigo aquí, el Hotel Bellevue no tiene fama de ser de los mejores. Espero que pese a todo os haya ido bien allí. Hazme saber cómo os ha ido.
Con cordiales saludos a Emma, Elsbeth, Walter y a ti mismo, tu vieja “mala hierba nunca muere”.

Friedrich

Por cierto, también podríais visitar alguna vez a Anna Beust; hace años que no os ve ni sabe nada de vosotros.