en Hoboken

Londres, 17 de mayo de 1893

Querido Sorge:

El asunto de Lincoln ocurrió cuando yo aún estaba en Manchester —a fines de 1864—, pero apenas lo recuerdo ya vagamente, y entre mis papeles y los de Marx nunca ha aparecido ante mis ojos la respuesta de Lincoln. Es posible que se encuentre oculta en alguna parte, cuando algún día llegue a poner en orden y elaborar el colosal cúmulo, pero sin dedicarle 3-4 semanas no hay ni que pensarlo. Todo lo que puedo encontrar es lo siguiente en el folleto de Eichhoff sobre la Internacional, Berlín 1868 (según notas y materiales de Marx), pág. 53:

«La reelección de Lincoln, asegurada por la votación del 8 de noviembre de 1864, dio ocasión al Consejo General para una felicitación. Al mismo tiempo, convocó mítines de masas en favor de la causa de la Unión. Por eso, en su carta de respuesta, Lincoln reconoció expresamente los servicios prestados a la buena causa por la Asociación Internacional de los Trabajadores.»

En general, solo puedo decir que mis materiales sobre la Asociación Internacional de los Trabajadores anteriores al [18]70 son muy deficientes: una parte de las actas del Consejo General, las de Marx y Leßner, también en parte las colecciones de recortes de periódico de Becker, y por último las cartas de Marx a mí. Ni siquiera tengo completos los documentos oficiales del Consejo General, proclamas, etc., y menos aún la correspondencia de los secretarios, que estos casi todos retuvieron para sí. Actas oficiales de congresos no existen en absoluto. A pesar de todo, es mucho mejor que lo que cualquier otro tiene, y lo elaboraré en cuanto pueda. ¿Pero cuándo?

Con el tomo III la cosa avanza sin cesar. Estoy en los dos últimos capítulos y creo haber dejado atrás también ahí la dificultad principal. Pero aún queda trabajo para algunas semanas. Luego vendrá la redacción final; quisiera enviar una parte a la imprenta antes de las vacaciones de verano, pero no sé si lo lograré. La redacción final puede hacerse mientras ya se imprime. Y el asunto se vuelve urgente, las cosas presentan el cariz de que en Alemania vayamos a tener tiempos de gran agitación y lucha, de modo que la cosa tiene que estar terminada antes.

Mis opiniones sobre los asuntos alemanes puedes verlas en la entrevista del «Figaro» que te envío con este correo. Como todas las entrevistas, está algo desvaída en la literalidad aquí y allá, lagunosa aquí y allá en la conexión, pero por lo demás reproducida correctamente. Entre nuestra gente en Alemania reina un estado de ánimo sencillamente excelente; para ellos, la campaña electoral es una verdadera dicha y un placer a pesar de todo el trabajo y el esfuerzo que cuesta. Bebel, que estuvo aquí ocho días en Pascua —después de la conferencia de Bruselas—, escribe como recién nacido; aparte de en Hamburgo, se presenta por Estrasburgo, en Alsacia, donde en 1890 obtuvimos 4800 votos contra 8200, y muchos partidarios de Francia votarán por él. Tenemos alrededor de 100-110 distritos electorales donde entraremos con más de 1/4 del total de los votos (calculado según los resultados de 1890), y creo que en unos 80 distritos pasaremos directamente o iremos a balotaje. Cuántos se mantengan en este último depende del candidato contrario. Contra conservadores o nacional-liberales tenemos grandes probabilidades; menos contra los librepensadores; muy pocas contra el Centro, siempre que el candidato de los adversarios esté firme en relación con la cuestión militar. Bebel confía en obtener en total de 50 a 60 escaños.

El estado de ánimo en Alemania ha cambiado mucho; la prensa burguesa podrá seguir gritando en el viejo tono, pero el respeto que nuestra gente se ha impuesto en el Reichstag les ha procurado una posición completamente distinta. A esto se añade que no se pueden cerrar los ojos ante el poder de continuo creciente del partido. Si en las próximas elecciones mostramos de nuevo un fuerte crecimiento, aumentará por un lado el respeto, pero por otro también el miedo. Y este empujará entonces unánimemente a los señores filisteos al campo del gobierno.

Aquí la celebración del Primero de Mayo resultó muy bonita; pero ya se va volviendo algo cotidiano, o mejor dicho anual; la primera frescura se ha ido. La estrechez de miras del Trades Council y de las sectas socialistas —fabianos y Social Democratic Federation— nos obligó de nuevo a hacer dos manifestaciones, pero todo transcurrió a pedir de boca, y nosotros —el Comité de las Ocho Horas— tuvimos mucha más afluencia que la oposición unida. Sobre todo, nuestra tribuna internacional estuvo muy bien provista de público. Calculo que en total hubo 240 000 personas en el parque, de ellas 140 000 con nosotros y la oposición a lo sumo 100 000.

Champion, con sus dineros de los tories y de los liberal-unionistas (según se dice, 100 libras por cada 100 candidatos obreros que quieran presentarse en distritos sin esperanza, solo para quitar votos a los liberales), ha sido profundamente desacreditado por nuestro viejo Maltman Barry. Este buey, pero especulador escocés, se ha pasado a los tories, de los cuales es, según admite él mismo, agente asalariado, y parece que lo han puesto al lado de Champion —en quien los señores tories del dinero no confían del todo— como socio mudo y vigilante, como lo que los jesuitas llaman socius. Ahora, durante la enfermedad de Champion, ha redactado él solo el «Labour Elector» y ha parlanchineado con tal jactancia fuera de clase que ha echado a perder completamente el jueguecito, y el Independent Labour Party por lo pronto está a salvo del peligro de convertirse en pelota de juego de estos señores. Por desgracia, Aveling está gravemente enfermo desde hace un mes; con las interminables intriguillas de aquí es difícil prescindir de él. Está en Hastings, para curarse un poco.

Si tenemos un fuerte aumento de votos en Alemania, ello repercutirá favorablemente en las elecciones de otoño en Francia. Si nuestra gente mete allí una docena en la Cámara (en el departamento del Norte calculan por sí solos con 4 escaños), habrá un núcleo lo bastante fuerte para obligar a blanquistas y allemanistas a sumarse.

Me alegra que tu mujer y tú volváis a estar mejor. Cordiales saludos para ella y para ti de parte de L. Kautsky y de

tu

F. Engels