en Darmstadt

Londres, 29 de abril de 1893

Mi querido Schorlemmer:

He recibido su carta del 22 de marzo y ahora también la esquela mortuoria del fallecimiento de su hija. Le aseguro mi más sincera participación en su dolor. Sus cartas anteriores ya me habían preparado para ello, y, según eso, apenas era de esperar que ella sobreviviera a la primavera; y cuando uno, como usted, es testigo constante de los padecimientos que causa la enfermedad y sabe que no hay remedio, al final ha de resignarse también más fácilmente al desenlace liberador. También la señora Kautsky me ruega le exprese a usted su más sincera participación.

Aquí también hace estragos la muerte. En diciembre pasado, el Dr. Gumpert enfermó repentinamente de un defecto cardíaco incurable y sucumbió a él el día 20 del corriente. El lunes pasado —24 de abril— asistí al entierro, o más bien a la cremación, en Manchester; por desgracia, tuve que regresar el mismo día, de modo que perdí la oportunidad de visitar a Siebold o a Klepsch y, por tanto, no pude averiguar nada más concreto sobre los asuntos de la sucesión. También para este asunto es perjudicial la muerte de Gumpert. Gumpert era un hombre enérgico, que, sobre todo con el achacoso Siebold, lograba insistir con éxito en que se aceleraran las cosas y que, en nuestras prolongadas y amistosas relaciones, siempre me hacía el favor de ocuparse de ello. No he vuelto a saber nada en absoluto de los manuscritos ni de los contratos editoriales, y si usted no puede comunicarme algo al respecto, escribiré de nuevo en breve a Siebold.

Al Dr. Spiegel recuerdo haberlo visto aquí una vez hace años; creo que expondrá muy bien los aspectos químicos en la trayectoria y los logros de Carl; lamentablemente, no es posible publicar otra cosa en una revista especializada.

Su deseo de la disolución del Reichstag muy probablemente se verá cumplido dentro de 8 a 14 días; Caprivi se ha obstinado de tal modo que difícilmente puede ceder tanto como los señores, ávidos de compromiso, del Zentrum y del Freisinn pueden conceder sin peligro mortal para sus partidos. Yo preferiría que la disolución no llegara hasta 1895; para entonces tendremos una posición por completo distinta y podremos convertirnos en partido decisivo en el Reichstag. Pero sea como fuere, a nosotros siempre nos viene bien.

En Pascua, o más exactamente el Viernes Santo, se reunieron en mi casa por primera vez juntos un diputado alemán del Reichstag —Bebel—, un diputado francés —Lafargue— y un miembro del Parlamento inglés —Burns—, los tres socialistas. Otro hito de la historia universal.

Con sinceros saludos de la señora Kautsky y míos propios,

Suyo,
F. Engels