en Hoboken

Londres, 18 de marzo de 93

Querido Sorge:

Hemos pasado catorce días junto al mar, en Eastbourne, hemos tenido un tiempo espléndido, hemos regresado muy refrescados; ahora podemos volver al trabajo. Pero, naturalmente, ahora empieza también la temporada de visitas; el próximo domingo (de aquí a ocho días) se celebra la conferencia de Bruselas para el Congreso de Zúrich; Bebel vendrá desde allí a pasar un par de días, y por las mismas fechas llegan los Lafargue. Me alegra poder tener aquí otra vez a este mancebo para discutir a fondo con él los asuntos franceses. Sin embargo, aún me quedará tiempo suficiente para terminar el tomo III[1], pues la principal dificultad ha quedado ya atrás.

El asunto del «Socialiste» está arreglado.

La cuestión de la plata parece no poder aquietarse en América más que mediante un crac. Cleveland tampoco parece tener poder ni valor para romperle el cuello a esta red de sobornos. Y en verdad sería bueno que se llegara al extremo. Una nación tan pagada de su «práctica» y al mismo tiempo tan terriblemente cerrada de mollera en lo teórico —nación joven— como la norteamericana, sólo se librará a fondo de una idea fija enraizada mediante el daño propio. La idea plausible de que, como uno no tiene dinero cuando lo necesita, imaginarse que ello se debe a que en el mundo no hay en absoluto dinero bastante —esta idea infantil, común a la escroquería del papel moneda[2] à la Kellogg y a la escroquería de la plata—, se cura de la manera más segura mediante el experimento y la bancarrota, que, por lo demás, también puede resultar bastante útil para nosotros. Con que este otoño se haga alguna reforma arancelaria, podéis daros por satisfechos; lo demás vendrá luego por sí solo; lo principal es que la industria norteamericana se ponga en condiciones de poder competir en el mercado mundial.

[1] del «Capital».  
[2] escroquería del papel moneda.

Aquí las cosas van muy bien. Las masas están, sin duda alguna, en movimiento; los detalles los sabrás por los informes de Aveling en la «Volkszeitung», aunque son un tanto prolijos. La mejor prueba es que las viejas sectas pierden terreno y tienen que plegarse. La Social Democratic Federation ha depuesto efectivamente al señor Hyndman; aún puede, aquí y allá, gruñir y lamentarse un poco sobre política internacional en «Justice», pero está acabado con él: *his own people have found him out*[3]. Ese hombre me ha provocado personal y políticamente durante diez años, siempre que ha podido; jamás le hice el honor de una respuesta, convencido de que él solo era bastante hombre para aniquilarse a sí mismo; al final me ha dado la razón. Después de todos esos diez años de hostilidades, hace poco le pidieron a Tussy que escribiese informes sobre el movimiento internacional en «Justice», lo que ella naturalmente rechazó mientras no se retractaran públicamente las infames calumnias que «Justice» ha lanzado durante años contra ella y Alveling].

[3] sus propios correligionarios lo han calado.

Lo mismo ocurre con los fabianos. A esta gente, al igual que a la Social Democratic Federation, les han crecido por encima de la cabeza sus propias secciones de provincias; Lancashire y Yorkshire vuelven a ponerse al frente de este movimiento, como en el cartista. Los individuos como Sidney Webb, Bernard Shaw, etcétera, que querían permear de socialismo a los liberales[4], tienen que aguantar ahora que los permée el espíritu de los obreros miembros de su propia sociedad[5]. Se resisten y se hacen los remilgados, pero *it’s no use*[6]; o se quedan solos, oficiales sin soldados, o tienen que seguir la corriente. Lo primero es lo más probable y también lo más deseable.

[4] los liberales con socialismo querían penetrar.  
[5] siendo penetrados por el espíritu de los obreros, miembros de su propia sociedad.  
[6] de nada sirve.

La Independent Labour Party —como la más reciente— ha traído consigo menos ideas previas fijas, cuenta con buenos elementos —los obreros del norte deciden— y es, en esa medida, la expresión más genuina del movimiento actual. Entre los dirigentes hay, ciertamente, todo tipo de gente estrafalaria, e incluso la mayoría de los mejores tienen pegados los fatales hábitos de camarilla propios del régimen parlamentario, exactamente igual que entre vosotros en América; pero las masas están tras ellos y o les enseñarán buenos modales o los echarán por la borda. Aún se cometen bastantes disparates, pero el peligro principal está superado, y espero ahora un rápido progreso que repercutirá también en América.

En Alemania la situación se agudiza hacia la crisis. Según las últimas informaciones sobre las sesiones de la comisión militar, apenas es ya posible ningún compromiso; el gobierno les hace imposible la retractación a los señores del Centro y del Radicalismo Liberal, y sin 40 ó 50 de ellos no hay mayoría posible. O sea, disolución y nuevas elecciones. Calculo 2 ½ millones de votos para nosotros, si las cosas van bien, pues hemos aumentado vertiginosamente. Bebel calcula entre 50 y 60 escaños, ya que la geometría de los distritos electorales nos es adversa y todos los demás se unen contra nosotros, de modo que ni siquiera podemos convertir minorías fuertes en mayorías en las segunda vueltas. A mí me gustaría más que la cosa siguiese tranquilamente hasta el 95, cuando produciríamos un efecto completamente distinto; pero, ocurra lo que ocurra, todo tiene que hacernos adelantar, desde Richter hasta el pequeño Wilhelm.

Un joven de Texas, F. Wiesen, de Baird, me ha pedido que declarara algo en contra de la presentación de candidatos «al cargo de Presidente», puesto que se quería abolir el Presidente y eso sería, por tanto, una negación del principio revolucionario. Le he respondido lo que adjunto; si el texto llegara mutilado a la luz pública, ten la bondad de hacerlo imprimir en la «Volkszeitung».

Espero que vosotros y tu mujer os encontréis ahora mejor de salud. Un cordial saludo para ambos de la señora K[autsky] y de tu

F. Engels

Te hemos enviado el debate sobre el Estado del futuro. Los periódicos han llegado con cierta irregularidad mientras estuvimos fuera, pero deberían estar completos.